Cuando un disco te entraba por el oído, removías Roma con Santiago hasta encontrarlo. Era un objeto de culto que reproducías en CD o Casette tantas veces como fuese necesario. Hasta adoctrinar a tu círculo cercano. Lo curioso, y eso se ha perdido, eran aquellas tardes de sábado que nos juntábamos para escuchar música. Sí, sólo para escuchar discos. No se pasaban las canciones y tampoco se cambiaban los originales. Se escuchaba entero. Del tirón, salvo que el disco fuese realmente infumable. Y a veces lo eran. Pero aprendimos decenas de temas, de canciones, de biografías. Éramos unos freaks pre-MP3, pretodasesascosasdeinternet. Eso lo perdimos. Nunca más quedamos para escuchar discos y ahora es tremendamente complicado que conozcas mis canciones. Que conozcas el por qué de mis camisetas de Burning o la magia del rock & roll. Ahora, sólo nos queda la autopista para compartir esos discos, que algún día serán nuestros.
Cuando un disco te entraba por el oído, removías Roma con Santiago hasta encontrarlo. Era un objeto de culto que reproducías en CD o Casette tantas veces como fuese necesario. Hasta adoctrinar a tu círculo cercano. Lo curioso, y eso se ha perdido, eran aquellas tardes de sábado que nos juntábamos para escuchar música. Sí, sólo para escuchar discos. No se pasaban las canciones y tampoco se cambiaban los originales. Se escuchaba entero. Del tirón, salvo que el disco fuese realmente infumable. Y a veces lo eran. Pero aprendimos decenas de temas, de canciones, de biografías. Éramos unos freaks pre-MP3, pretodasesascosasdeinternet. Eso lo perdimos. Nunca más quedamos para escuchar discos y ahora es tremendamente complicado que conozcas mis canciones. Que conozcas el por qué de mis camisetas de Burning o la magia del rock & roll. Ahora, sólo nos queda la autopista para compartir esos discos, que algún día serán nuestros.