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Refugio Antiaéreo de Séneca

Por Veronicaelx @vcanoalarcon
Refugio Antiaéreo de Séneca"Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mí es la soledad infinita" (Albert Camus).
La antigua estación de autobuses de la ciudad de Alicante llevaba más de medio siglo ocultando un gran secreto. No fue hasta que tuvieron lugar las obras de remodelación de la Plaza Séneca cuando se descubrieron los dos accesos a un antiguo refugio antiaéreo, en perfecto estado, escondido durante décadas, tal y como se ocultaban en él cientos de personas cuando trataban de parapetarse de los bombardeos. Muchos son los refugios que, a día de hoy, se encuentran escondidos bajo el mapa que conocemos, la mayoría, ni tan siquiera identificados; por este motivo, y aprovechando el espacio que dejó la estación de Bomberos, se instaló un Centro de Interpretación de la Guerra Civil, pequeño pero ilustrativo, tanto de la historia de estos refugios como de los bombardeos sufridos por parte de tropas nacionales e italianas.
Refugio Antiaéreo de Séneca
Desde el Centro de Interpretación se organizan una serie de visitas guiadas las cuales, por un precio muy asequible, merece la pena disfrutar. Allí, todo cuanto rodea al visitante está repleto de carteles de época, portadas de diarios, réplicas de bombas, planos originales e, incluso, una maqueta del Refugio Antiaéreo de Séneca, justo del que estamos hablando. Todo ello, rematado por un vídeo sobre los desastrosos acontecimientos relatado por sus propios protagonistas, convierten la visita en un momento esencial, capaz de aportar conocimiento y de revivir emociones y sentimientos de otra época, mucho más dura y conflictiva... Llena de sin sabores y de dolor.
Refugio Antiaéreo de Séneca
En todo momento, hay un dato que llama la atención: casi un centenar de refugios subterráneos cobijaron a los alicantinos de las bombas de la aviación en la ciudad. En numerosos casos, ni tan siquiera han conseguido localizarse las escaleras de acceso, seguramente, por la gran cantidad de escombros que cayeron sobre ellas tras su demolición. Su acceso, por tanto, es verdaderamente complicado, aunque ya está siendo posible disfrutar de los primeros refugios gracias al brillante trabajo de los operarios del Ayuntamiento de Alicante: poco a poco, se va recuperando parte de la memoria histórica, los restos de los 71 bombardeos de la aviación fascista, ocasionados hasta el 25 de marzo de 1939.
Refugio Antiaéreo de Séneca
Desde el Centro de Interpretación de la Guerra Civil, la guía te conduce, en primer lugar, hasta el Refugio Antiaéreo de Séneca, ubicado en la misma Plaza Séneca, no sin antes comentar cómo algunos proyectiles impactaron sobre la valla del recinto. La señal de aquellos artefactos todavía puede observarse, como homenaje a una de las etapas más amargas de la historia de España.
Refugio Antiaéreo de Séneca
En su día, el acceso al refugio se efectuaba a través de dos trampillas en el suelo, que ocultaban una escalerilla de acero adosada a la pared. Sin embargo, para facilitar las visitas, el Ayuntamiento ha optado por añadir unas escaleras desde la superficie a ambos extremos del refugio, que permiten observar ya no sólo la profundidad del mismo sino las trampillas de entrada y salida.
Refugio Antiaéreo de Séneca
Desde el primer momento, un fuerte olor a humedad azota el olfato, acompañado de una curiosa sensación de frío y de una oscuridad natural, apenas solventada con focos de baja potencia. Deambular por aquella extensa galería te devuelve al pasado... A un tiempo en el que más de 1.400 personas (aforo mínimo) se agolparían distribuidos por aquellos cien metros de longitud, amontonados por los distintos habitáculos, viviendo unos momentos angustiosos y llenos de peligro.
Refugio Antiaéreo de Séneca
Sirenas a todo volumen penetran por tus oídos, golpean tus sienes, junto al fuerte sonido de los aviones y las bombas. Le acompañan cortes de luz durante segundos, lo que ayuda a hacerse una idea del miedo de los cientos de alicantinos que vivieron la guerra desde su interior y lograron salvar sus vida.
Refugio Antiaéreo de Séneca
Es muy previsible que ambas trampillas sirvieran de entrada y salida en momentos de tensión: flechas pintadas en ambos sentidos e inscripciones como "no se detengan" invitan a mantener el orden y, sobre todo, a ceder los asientos a niños y ancianos. Igualmente, primaba el silencio: ser sigiloso, cauto y reservado era esencial para mantenerse con vida en un entorno en el que, en cualquier rincón, podía ocultarse un espía.
Refugio Antiaéreo de Séneca
La sensación de sufrimiento y temor es capaz de estremecer a cualquiera tras esos muros, cargados de historia, pero también de dolor... De preguntas sin respuesta... De causas y de consecuencias. Los minutos en el refugio se transformarían en horas, y las horas, en días, en los que completos desconocidos o vecinos de toda la vida se mantenían en silencio, pegados los unos a los otros, rezando a toda entidad para que los bombardeos cesaran.
Refugio Antiaéreo de Séneca
Nadie sabe con exactitud cuántas lágrimas habrán muerto en ese suelo, hoy en día, terroso y húmedo... En aquellos pequeños habitáculos decorados con elementos de la época: algún juguete, algún recipiente o, incluso, los restos de una enfermería, emulando el rincón que, durante la Guerra Civil, atendía pequeñas heridas, con sus escasos recursos.
Refugio Antiaéreo de Séneca
Sin embargo, la visita no acababa ahí... Todavía quedaba mucho por descubrir... ¿Nos acompañas? 
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