Repudiadas

Por Expatxcojones

Madre e hijo. Tánger, 2014 expatriadaxcojones.blogspot.com


Situada en el corazón de un barrio popular se encuentra la sede de la Asociación 100 % mamans. Hoy tengo una cita con su presidenta, Claire. Es un lugar de difícil acceso, donde es fácil perderse, así que decido dejar el coche en casa y llamar a Hamid para que me lleve en su taxi.
En menos de veinte minutos nos encontramos dando vueltas por la zona. Desorientados. Calles. Callejones. Y callejuelas. Gente por todas partes. Las terrazas de los cafés, llenas de hombres. Las aceras, llenas de mujeres. Vendedores ambulantes por todas partes. En una esquina un ciego pidiendo limosna.
Aunque tengo la dirección bien escrita e incluso me he hecho un mapa en la libreta, a Hamid le cuesta situarse. Yo ni lo intento. Él ha parado el taxi y ha bajado a preguntar un par de veces. Ni aún así. No hay manera. Hamid vuelve a subir refunfuñando.
   —Viven aquí pero no saben ni los nombres de las calles… ¡Hay que ver!
Estamos en el barrio de Florencia. Aquí todas las calles tienen nombres de mártires del Islam. Nosotros buscamos a Stitou y, de momento, no tenemos suerte. Llamo a la Asociación y una de las voluntarias nos indica como llegar. Cinco minutos después Hamid me deja en la puerta.
Claire todavía no ha llegado. Me recibe Rhimou, la responsable. Ella es la encargada de presentarme al personal y enseñarme las instalaciones. Empezaron su andadura en 2006 y, desde entonces, han acogido a más de mil madres. Chicas jóvenes. Solteras. Y embarazadas. Repudiadas por sus familias. Marginadas por la sociedad.
En Marruecos las relaciones sexuales fuera del matrimonio están penadas por ley y aunque es raro que los jueces dicten sentencia, la estigmatización y el rechazo que sufren estas mujeres es su peor condena.
La Asociación se montó para ayudarlas. Actualmente cuenta con tres locales. Empezamos el tour por las oficinas. A parte de las más de treinta voluntarias, aquí trabajan dieciocho personas entre educadores, médicos, administrativos y otros profesionales. Justo en este momento una chica está impartiendo un curso sobre sexualidad.
En la planta superior han montado una guardería. Tienen más de cuarenta niños. Las madres necesitan trabajar para poder salir adelante y, sin marido ni ayuda familiar, es muy complicado conseguirlo. Aquí pueden dejar a sus hijos mientras ellas trabajan y recogerlo cuando acaban su jornada laboral. Todo sin coste alguno.
Situado a tres o cuatro calles de distancia se encuentra el piso de acogida. Un lugar donde las madres embarazadas pueden quedarse hasta dar a luz. Ahora residen en él diez chicas. La mayoría analfabetas y menores de edad. Cuando me ven entrar corren a darme la bienvenida. Recibo un montón de besos. Todas quieren mostrarmea sus bebés. Rhimou me explica como se organizan.
   —Esto no es una cárcel. Funciona como una gran casa familiar. Las madres se organizan entre ellas. Unas ayudan a las otras. Es importante que se responsabilicen y que trabajen su autoestima, que suele estar muy dañada cuando llegan.
Dejamos el piso. Salimos a la calle. Andamos quince minutos y llegamos al tercer local. Un lugar donde se imparten cursos y talleres de lo más variado. El objetivo es conseguir que las madres sean autónomas. Independientes. Que puedan hacerse cargo de su vida, sacar adelante a sus hijos y hacerlo de una forma honrada.
Volvemos a las oficinas. Claire acaba de llegar. Es menuda, guapa y desborda energía. Me saluda rápidamente. Lo primero que hace es disculparse.
   —Ahora no te puedo atender. Tengo una entrevista telefónica con Radio Nacional de España. Tendrás que esperar a que termine. Lo siento.      —No hay problema.
Mientras espero me fijo en su bolsa de mano. Lleva un texto escrito en francés. Traducido al español sería, más o menos: Hoy nada es imposible. La observo hablar por teléfono. No para de gesticular. Se nota que le apasiona lo que hace. Termina. Vuelve a disculparse y nos sentamos en un rincón. Dispone de poco más de una hora, después tiene otra reunión con los demás miembros de la asociación.
Claire me cuenta que es francesa de origen español. Sus abuelos se refugiaron en Argelia durante la guerra. Allí nació su madre y vivió hasta cumplir los veinte. Después se trasladó a Francia, que es donde Claire nació. Estudió derecho y, desde muy joven, se especializó en temas de derechos humanos.
   —¿Cómo se te ocurrió la idea de crear una asociación para madres solteras en Marruecos?   —Con veinticinco años empecé a trabajar en Ceuta en un centro de acogida para menores. Estuve cinco años coordinado el proyecto y allí fui consciente de esta problemática.Me impactó mucho.   —¿Por qué en Tánger?   —Porque en el norte del país no había nada. Y me lancé a la aventura. Sin más. Sin saber lo que me esperaba.    —Pues te ha ido muy bien. —Sí. Desde que empezamos no hemos hecho más que crecer.—Hace algunos años se aprobó el nuevo código de familia. ¿Ha mejorado la situación de las madres solteras con la nueva ley?   —Ha permitido legitimar su situación. Ahora pueden registrar a sus hijos, cosa que antes era impensable. Aún y así no hay responsabilidad alguna para el padre o sea que queda mucho por hacer.   —Si el sexo fuera del matrimonio no está permitido e incluso puede ser motivo de cárcel ¿Cómo puede ser que haya tantas chicas solteras embarazadas?   —Porque es como todo. Una contradicción. Mira, en Marruecos se folla mucho. Más de lo que la gente se cree. Aquí los ginecólogos ganan mucho dinero con dos cosas: los abortos clandestinos y las reconstrucciones de himen.    —No lo sabía.    —Por eso nosotros trabajamos tanto en temas de educación. Vamos a los institutos, a las universidades. Hacemos charlas. Damos información. Incluso repartimos preservativos, eso sí, a la salida y de forma discreta, no sea que nos acusen de fomentar la prostitución.   —¿Habéis tenido algún problema con el gobierno?   —No. Ninguno. No nos ayudan pero tampoco nos impiden hacer nuestro trabajo, que ya es mucho.
Claire me cuenta muchas cosas. Todas interesantes. Hablando con ella me doy cuenta que existe otro Marruecos. El que no sale en las guías turísticas. Me habla de asociaciones y personas que luchan por mejorar todas estas realidades escondidas bajo la superficie. Situaciones duras. Difíciles. Tristes. Todas son iniciativas personales. Llevadas a cabo por gente con muchas ganas y pocos recursos pero que están consiguiendo grandes logros.
Me quedaría conversando con ella toda la tarde. No es posible. El tiempo pasa rápido y Claire tiene muchas qué hacer. Yo, también. En casa me esperan para la cena. Antes de irme le pido permiso para volver con la cámara. Me lo da. Quedo en volver la próxima semana para gravar un video.
Nos despedimos. Salgo encantada. Busco un taxi. Tardo más de lo que me gustaría en encontrar uno. Me subo, le indico la dirección y mientras nos adentramos en el atasco típico de esta hora voy pensando en mis cosas. ¿Cómo lo voy a hacer? Viendo a las chicas se me han ocurrido un montón ideas. Ya tengo ganas de ponerlas en práctica.