La saga Dreaming Spires de Victoria Álvarez, vuelve justo diez años después desde que su autora la dejó, con una nueva entrega titulada Dreaming Spires IV: El esplendor en las sombras, la cual sorprende por estar presentada en forma de relatos, pero sin apartarse de la línea sobrenatural y gótica que siempre han seguido los libros que conforman esta historia. Un grato regalo para los fans que seguimos a esta escritora desde hace mucho tiempo, y que soñábamos con reencontrarnos con Lionel, Theodora, Oliver y compañía para acompañarlos en una nueva aventura (que esta vez serán varias y de muy diferente índole). Con la mente todavía a medio camino entre la realidad y el mundo paranormal que tan magistralmente sabe construir Victoria, me dispongo a traerte una reseña que (espero), te transmita las maravillosas sensaciones que suelen dejarme sus libros.
En Dreaming Spires IV: El esplendor en las sombras, nuestros queridos protagonistas de la saga se reúnen en un viejo caserón de Oxford y, aislados por una tormenta de nieve, deciden relatarse los unos a los otros algunas de las aventuras vividas en el pasado, en diferentes momentos de sus vidas. Todavía apabullados por los recientes horrores que presenciaron en la Primera Guerra Mundial poco antes de este reencuentro, sus confidencias se transforman en más que interesantes historias que llevan al lector a recorrer ciudades como Edimburgo, Londres, El Cairo o París, y descubrir nuevos misterios y experiencias plagadas de mitología, fantasmas y otros seres sobrenaturales, en el ambiente gótico al que la autora nos tiene acostumbrados. Y es que, buscar el paradero de un sarcófago egipcio maldito, descubrir la verdad tras la exhumación de un cadáver, o pasar días en un mausoleo junto a un ataúd de cristal, son sólo algunas de las hazañas que te esperan si decides adentrarte en las páginas de El esplendor en las sombras, siempre bajo tu cuenta y riesgo.
Personalmente, además de las maravillosas historias de este libro, me han encantado los constantes guiños que Victoria hace a otros personajes y elementos de su propia obra, como Hojas de dedalera, La ciudad de las sombras, o La voz de Amunet, demostrando así que el universo literario que ha construido en los últimos años es lo suficientemente sólido y coherente como para conectar sus diferentes obras en una línea temporal.
Aunque debo reconocer que cuando al empezar este cuarto volumen de la saga Dreaming Spires me decepcionó un poco que no fuese una de sus novelas al uso, es cierto que al final he quedado encantada con todos los relatos, hasta el punto de que ahora me gustaría leer otras obras de este tipo. Además, todavía tengo pendientes algunos de los libros de Victoria, que esperan su turno entre mis decenas de lecturas de la pila de libros, pero que sé de sobra que, cuando les llegue el momento, me harán disfrutar de lo lindo por su esencia siempre tan misteriosa, fantasmagórica y original.
Y a todo esto… ¿verá la luz en un futuro otra entrega de Dreaming Spires? crucemos los dedos para que así sea.
