Reseña de "Solo los vivos perdonan" de Ismael Martínez Biurrun

Publicado el 04 mayo 2022 por Rt

Intentar definir o encasillar la última novela de Ismael Martínez Biurrun es harto complicado. Si habéis leído algo más del autor sabréis que se mueve como pez en el agua entre aquello que la crítica ha dado en llamar géneros fronterizos. 

Baste decir que Solo los vivos perdonan (Aristas Martínez) es una novela con varias tramas diferenciadas y bien definidas, que se entrecruzan una y otra vez hasta llegar a un final climático donde todo se resuelve y queda atado y bien atado. ¿O no? Porque una de las características del autor es que siempre se guarda un as en la manga. 

La novela trata esencialmente sobre eso, sobre el perdón, sobre la redención y sobre el hecho de que hay que estar vivo y sentir rencor para poder perdonar a aquellos que nos hicieron daño a veces sin pretenderlo. Porque ¿cómo se perdona a una persona que ha cambiado y que ya no es la misma que nos pide perdón? 

Íñigo es director de un museo antropológico venido a menos. Tiene exposiciones algo cutres y pasadas de moda e intenta sobrevivir como puede a algo traumático que vivió cuando era pequeño. De repente, recibe la visita de un tal Jordán, un hombre solitario que se gana la vida buscando tesoros bajo el suelo y que ha dado con un resto de un animal extraño, por lo que piensa que puede interesarle. Lo que no sabe Íñigo es que en un momento de su pasado ambos estuvieron unidos, aun sin saberlo, y que el esqueleto en cuestión, uno de los descubrimientos más importantes de la antropología, es una ofrenda de paz. 


 

Por otro lado, tenemos la historia de Olalla, la madre de Antón, un niño que tiene un tumor en el cerebro y cuyos sueños aterradores no sabe has ta que punto son ficción o están ocurriendo en la realidad.Sueños en los que se le aparece un extraño reptil. Olalla pasa sus horas en el hospital y cuando están operando a Antón, se encuentra en la capilla con César, un presentador de televisión, cuya hija ha sido atropellada. El mismo César Vieira que hace tiempo entrevistó a Íñigo. 

Y como nexo común de todas las historias está Tea, una adolescente de cabello cobrizo y una gorra de Ferrari que parece recorrer diferentes épocas y lugares en los que se encuentran los protagonistas. 

¿Hasta qué punto somos libres? ¿Está nuestro destino marcado desde eones antes de nuestro nacimiento? ¿Tiene que ver que un reptil saliera de un pantano buscando la tierra firme con lo que ocurre millones de años después? Es una novela muy simbólica, en la que no sólo los personajes excavan (Gloria, la doctora que opera a Antón y que se sumerge en su cerebro para extirpar el tumor; Jordán que se busca la vida cavando o Íñigo, que ha cavado mucho antes de ser director de museo). 

En realidad es un viaje a nuestro inconsciente, a la memoria colectiva que compartimos los seres humanos, a la conexión que nos une, a que nadie es una isla en sí mismo. Pero también apela a nuestros sentimientos, a la comprensión, y sobre todo al perdón ajeno como forma de perdonarnos a nosotros mismos.