RESEÑA: Historias de Cine.

Publicado el 02 mayo 2018 por Jimenada
HISTORIAS DE CINE
Título: Historias de Cine. Relatos que inspiraron grandes películas.
Autoras/es: Ryunosuke Akutagwa (1892-1927), Guy de Mupassant (1850-1893), Ueda Akinari (1734-1809), Stefan Zweig (1881-1942), Damon Runyon (1880-1946), Agatha Christie (1890-1976), Dorothy M. Johnson (1905-1984), Daphne du Maurier (1907-1989), Isak Dinesen (1885-1962), Fiodor Dostoievski (1821-1881) y James Joyce (1882-1941).
Editorial: Siruela.
Idioma: inglés, francés, japonés, ruso y alemán
Traductoras/es: Mauro Armiño, Iván Díaz Sancho, José Fernández, Bela Martinova, José Menéndez Manjón, Juan Antonio Molina Foix y Kazuya Sakai.
Sinopsis: el distinto poder evocador de las palabras y de las imágenes es lo que diferencia principalmente los discursos compositivos de la literatura y del cine. Aunque , por su naturaleza concreta, el séptimo arte es incapaz de servirse de la capacidad sugestiva de la escritura, la verdadera ficción cinematográfica siempre encuentra la manera de metamorfosearse y, mediante un lenguaje propio, erigirse como una creación totalmente nueva y autónoma, sin por ello renunciar al espíritu de la narración original. Esta exquisita antología recoge once relatos - precedidos por una breve introducción sobre su adaptación fílmica - de algunos de los escritores más destacados de la literatura universal, que además de poseer en sí mismos una calidad ejemplar, dieron lugar a indiscutibles obras maestras de la gran pantalla.
Su lectura me ha parecido: interesante, variada, un estímulo, completa, ambiciosa, inspiradora, curiosa, todo un tesoro...Queridas lectoras y queridos lectores, no hace mucho tiempo, creo recordar que durante el mes de febrero, os confesé que había logrado redactar la reseña más difícil hasta la fecha. Su lectura logró entusiasmarme hasta límites insospechados, pero en cuanto fui consciente que aquel libro tenía que pasar si o si por el filtro de la crítica, no pude evitar echarme las manos a la cabeza. Respiré hondo, muy hondo, tratando de mentalizarme y de hacerme a la idea de que tarde o temprano tenía que ponerme manos a la obra con su respectiva reseña. Costó, y mucho, de hecho en ocasiones llegué a pensar que no lo conseguiría. Pero el duro trabajo, como todo en esta vida, dio sus frutos, el más importante, el haber sido capaz de finalizar su redacción en tiempo récord. Después vinieron las alegrías indirectas y como consecuencia de aquel logro en forma de felicitaciones y comentarios de lo más cariñosos. ¿Su título? La nueva mujer: relatos de escritoras estadounidenses del siglo XIX. ¿Sus autoras? Un conglomerado de excelentes escritoras cuyos relatos habían conseguido hacerme reflexionar. ¿La editorial? La interesante, reivindicativa y de momento siempre acertada Dos Bigotes. ¿La edición? de Elena Fortún, quien además se encargó de su correspondiente traducción. Ese fue el libro que tantas alegrías me dio tras unas largas tardes de escritura, investigación y de romperme la cabeza. Hoy, unos meses más tarde, me encuentro ante un monstruo tan bello como terrible, en otras palabras, ante una reseña de esas mismas características. Difícil, abrumadora y de compleja redacción. Nadie dijo que esta profesión fuese fácil, y menos si entre tus manos sostienes un libro como el que hoy tengo el inmenso placer de reseñar. Sin embargo, el darlo a conocer compensa cualquier mal día y más si éste trata otra de mis grandes pasiones, esa que, al igual que la literatura, nos hace soñar, transportarnos a lugares imaginados, sufrir con el protagonista y reflexionar una vez finaliza, una vez la pantalla regresa al negro. Historias de cine: once relatos literarios, once adaptaciones cinematográficas que hicieron historia.

La historia de como este volumen de relatos llegó a mis manos tiene su por qué. A nadie que haya leído las últimas 243 reseñas literarias que he publicado en Jimena de la Almena le extrañará lo que estoy a punto de decir. Amo el cine. Es un hecho probado, contrastado y demostrado. Desde las primeras cintas de Disney que protagonizaron mi infancia (según mis padres no quería ver otra cosa que no fuese La Cenicienta) hasta lo último que haya podido ver esta semana (que en este caso fue la extraña pero interesante Suburbicon, de George Clonney) casi todos los géneros me gustan. Mi pasión por el cine llega hasta el punto de que, y todo gracias a Cinemanía y Fotogramas, sabía y sigo sabiendo algunos detalles de la historia del cine, ya sea español, americano, europeo...Dejando a un lado los típicos cotilleos tan predominantes en estas revistas, pues aunque son dos buenas lecturas éstas no consiguen escapar de ciertos chismes, lo cierto es que gracias a ellas conocí un poco mejor el trabajo que hay detrás de una película, los diferentes modos de abordar una crítica cinematográfica, los métodos interpretativos de las estrellas más importantes del cine mundial, las vidas de muchos directores que me siguen fascinando, el descubrimiento de algunas cineastas cuya trayectoria ha quedado enterrada por el machismo, no pocas técnicas de rodaje, el lado oscuro de la industria, la estética, los escenarios...Un aprendizaje autodidacta que me enriquecía intelectualmente y que me sirvió para contestar de forma acertada a alguna pregunta del Trivial Pursuit. Sin embargo, de todos aquellos aspectos, hubo siempre uno que me fascinó por encima de los demás: el guion. Supongo que el que haya pasado mucho tiempo encerrada en mi mundo, escribiendo e inventando historias contribuyó a que sintiese cierta atracción y curiosidad por la palabra cinematográfica, por esos párrafos, por esas frases memorables que los personajes recitan ante el espectador. "¡Pongo a dios por testigo que jamás pasaré hambre!", "Todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia", "Siempre nos quedará París" o el épico "Yo soy tu padre" que constituye la mejor y más simple anagnórisis jamás escrita en la historia del cine tuvieron que salir de alguna mente privilegiada. Fue por este motivo, y otros que aquí no detallaré, el que me llevó a plantearme durante unos meses la posibilidad de ampliar mis estudios por esa vía, algo que finalmente se hizo realidad mediante un curso de Guion Cinematográfico en el que todavía me hallo inmersa. Y no, no es fácil, os lo aseguro. No tenía ni idea de lo mucho que hay que trabajar antes de escribir los diálogos escena por escena. Caracterización, escaleta, tratamiento, división del conocimiento, giros, tramas maestras, secuencias, contra plano...¡Una autentica locura! Afortunadamente, y gracias al estudio de la materia en la tranquilidad del hogar, todas esas palabras me resultan cada vez más familiares. Es durante esos meses de meditación antes de iniciarme en los secretos del guion cinematográfico cuando Historias de Cine, bellamente editado por Siruela, se presentó ante mis ojos como una revelación. Para seros sincera, no me apetecía por aquel entonces adentrarme en una lectura de esas características, en la que once relatos completamente diferentes desfilarían ante mis ojos, pero tenía la certeza de que en adelante iba a ir directamente a la estantería, lo cogería y lo devoraría en cuestión de semanas. Y así fue, tras hacerme con un ejemplar, dejé que éste reposase en la librería durante unos meses, hasta que, de pronto, un día me abalancé sobre él. Hoy, a pocos días de finalizar mi iniciación en el mundo del guion, estoy preparada para afrontar esta reseña con el conocimiento necesario de la materia, que no es otra que la magia y las trampas del cine.

Antes de adentrarnos en el apartado crítico de toda reseña he de comentar algo importante. Al tratarse de un libro compuesto por once relatos, cada uno de una autora/or diferente, escritos en épocas diferentes y adaptados cinematográficamente en diferentes contextos históricos intentaré ser lo más breve y profesional posible. En otras palabras, yendo al grano pero sin desatender algunas cuestiones que aparecen en los relatos que personalmente considero importantes. Una vez dicho esto, empecemos. En general, Historias e Cine se podría definir de dos formas: como un atrevimiento editorial o como una antología de coleccionista. Atrevimiento porque no todas las editoriales estarían dispuestas a publicar un libro de relatos de estas características pues, aunque el cine sigue moviendo a las masas y despertando el interés, lo cierto es que a la hora de la verdad desgraciadamente se tiende a no leer estas historias adaptadas porque el lector ya las ha visto en la gran o pequeña pantalla y considera que supondría una perdida de tiempo. Error. Por mucho que conozcas la película, la historia, el libro o relato que la ha inspirado puede deparar muchas sorpresas. Y antología de coleccionista porque, para los amantes del cine, el poseer un libro de estas características puede resultar fundamental para entender no solo el estilo de cada directora/or, también las piruetas y trampas que los guionistas utilizan a la hora de escribir un guion, en este caso adaptado. Hablando en términos más generales, diremos que Historias de Cine es un libro imprescindible pero en el que existe un desequilibrio. No todos los relatos son maravillosos, hay unos mejores que otros y en este caso, al tratarse de autores muy diferentes, la temática es totalmente dispar. Sin embargo, nos topamos ante una colección perfectamente ordenada, en base al año en el que se estrenaron las películas que adaptaron dichos cuentos, con una explicación al principio de cada nuevo relato con datos del contexto, los autores y directores de la cinta, y ante un prólogo realmente interesante escrito por J. A Foix. En él, Foix defiende el por qué de estos relatos y el mensaje que se quiere lanzar desde esta edición, que no es otro que el considerar al cine como un ente independiente a la literatura, aunque irremediablemente éstos estén unidos por las palabras. Un relato es un relato, y el cine es un arte diferente, y por tanto, cogerá entre sus manos dicho escrito y lo adaptará al estilo del guionista que lo adapta, que en muchos casos es el propio director, dándole su personalidad, su visión y opinión sobre la historia. Por eso no existe ninguna adaptación 100% fiel al libro, siempre habrá algo que lo diferencie más allá del recorte de capítulos. En lo que respecta a los relatos que aparecen en Historias de Cine he de confesar que no todos me han gustado, el de Tolstoi, que inspiro la película Una femme douce de Robert Bresson, se me ha hecho tremendamente pesado, a pesar de que la historia prometía. Al igual que Los muertos de Joyce, adaptada bajo el título Dublineses por John Huston. En cambio me ha deslumbrado el relato de Stefan Zweig, Miedo, con el que consigue que el lector experimente una sensación de desasosiego muy real. De hecho, tras leerlo, me queda la duda de saber como el director italiano Roberto Rosselini lo habrá adaptado siendo su filmografía tan particular y personalísima. También me ha entrado curiosidad de como Billy Wilder, el aclamado director de Con faldas y a lo loco y El apartamento (ésta última considerada como una de las películas más perfectas a nivel de guion y que se enseña en toda escuela de cine), se habrá enfrentado cinematográficamente a Agatha Christie, la gran dama del suspense británico. Pero si tengo que destacar algún relato serían en este caso tres: El hombre que mató a Liberty Valance, Los pájaros y Rashomon. El primero porque el relato constituye una mezcla perfecta entre el western más puro y el cine negro, y porque, en cuanto a autoría, fue toda una sorpresa. Recuerdo que cuando me pusieron esta película en clase, la cual me gustó bastante dentro de mi malograda opinión sobre el western, pensé que el guion lo había escrito un hombre. La sorpresa fue que, cuando inicié la lectura del relato, no solo descubrí que era una adaptación literaria, también que El hombre que mató a Liberty Valance lo había escrito una mujer, en concreto llamada Dorothy M. Johnson. Los prejuicios nos llevan a compensar que es imposible que una mujer pueda escribir una obra maestra del western, pero mira, esta edición ha conseguido replantearme el género y querer conocer mejor a esta autora norteamericana. El segundo relato, Los pájaros, es tal vez el más famoso e icónico de todos. Muchos somos los que hemos visto la película, y los que no tienen en su cabeza alguna escena de la película. Los pájaros, de Daphne du Maurier es tal vez el relato más próximo a la adaptación fiel, dirigida por un director, el legendario Alfred Hitchcock, que por el suspense de sus películas parecía destinado a adaptarla. Y aunque los críticos señalan que no es una de sus mejores películas, si que es cierto que logró plasmar el desasosiego, la angustia y el miedo del relato de Du Mauier sobre la pantalla y en el rostro de Tipi Hedren. Convirtiéndose, con el paso de los años, en una autentica obra de arte cinematográfica. Y por último, el tercer relato titulado Rashomon, y su continuación En la espesura del bosque, constituyen uno de los mayores hallazgos literarios. Los relatos, escritos por el japonés Ryunosuke Akutagwa, no son de los más brillantes a nivel de estilo, pero construyen la base perfecta para que, en la década de los 50, Akira Kurosawa encontrase la inspiración para rodar Rashomon, una de las películas más importantes del cine japonés y la primera que traspasó fronteras, llegando hasta el mismísimo Hollywood.  De hecho, creo que es la adaptación que más ganas tengo de ver tras leer este libro porque creo que Kurosawa engrandece los relatos y acentúa ese tremendo misterio que envuelve a la trama. Por último, antes de pasar a la reflexión final, me gustaría criticar el hecho de que en Historias de Cine aparezcan solo cuatro relatos escritos por mujeres frente a siete escritos por hombres. J. A. Molina Foix se excusa lamentando no haber podido incluir todas las historias que le hubiera gustado, pero creo que el haber añadido en esta antología tres relatos más con nombre de mujer no costaba nada. En estos temas no hay excusas que valgan.

Las historias surgen de lo más inverosímil. De un gesto, de una conversación, de una noticia que vemos por televisión, de una posición política, de una actitud concreta, de un sueño, de una pesadilla que nos ha asaltado en mitad de la noche, de nuestra percepción del mundo, de un cuadro colgado en la pared, de una fotografía olvidada en un cajón, de un llanto, de una palabra, de un gemido, de lo que amamos, de lo que detestamos, de una historia que leímos hace mucho tiempo, de una persona que nos inspira, de nuestros propios temores, de un animal, de un suceso traumático, de la soledad, de la certeza de que las cosas se pueden apreciar desde otro ángulo...Nada ni nadie está a salvo de protagonizar, en la mayoría de los casos inconscientemente, una historia. Pero si en la literatura, éstas historias se plasman en forma de palabras y en formatos en los que el lector tiene que hacer uso de su imaginación para componer en su cabeza la atmosfera y los personajes de la trama, en el cine es completamente diferente. En el conocido como séptimo arte, las historias cobran vida gracias a las acciones. Las y los guionistas escriben en base a lo que los personajes hacen o dejan de hacer. Da igual si éstos caminan, corren, tropiezan, lloran, ríen, tocan el piano, fuman, se baten en duelo, desmayan, mueren, matan, besan, pegan...Toda acción tiene su importancia, y con ellas los símbolos, Sin ambas características, el cine no sería cine. ¿Cómo sería el Padrino I si Don Vito Corleone no falleciese en un campo de naranjos ante la inocente mirada de su nieto? ¿Sería igual Psicosis sin la famosa escena de la ducha, o más importante aún, sin la maravillosa e inquietante escena de Janet Leigh conduciendo al principio del film? ¿Titanic seguiría siendo Titanic sin la escena del beso de los dos protagonistas encaramados en uno de los extremos del barco? ¿Tarantino hubiese sido recordado si hubiese decidido suprimir el baile entre Uma Thurman y John Travolta en Pulp Ficction? ¿Cuántos niños traumatizados se habría ahorrado Disney si la madre de Bambi no hubiese murerto al principio del film? ¿El mensaje feminista de Thelma y Louise habría desaparecido si Ridley Scott hubiese rodado un final alternativo? ¿Qué habría ocurrido si el cubo de sangre no hubiese caído sobre Carrie? ¿Cómo se las hubiese apañado Stanley Kubric sin la terrible mueca de locura de Jack Nicholson en El Resplandor? ¿Qué sería El silencio de los corderos sin las conversaciones entre Aníbal Lecter y Clarice? ¿Y Star Wars sin Darth Vader? El espectador, cuando se hace esas preguntas, comprende mejor el poder de las acciones en las películas, pues son ellas las que mueven todo: diálogos, escenarios, emociones, interpretaciones...Por eso, aunque la literatura y el cine son dos artes bien diferenciadas entre si, surgen ciertos puntos de contacto en los que pueden ambas disciplinas darse la mano. No es casualidad que muchos escritores hayan sido reclutados por directoras o directores para escribir guiones cinematográficos, como no lo es tampoco a la inversa, que los propios guionistas acaben sucumbiendo de vez en cuando ante el género novelístico, el ensayístico o el poético. Lo que está claro es que la literatura ha sustentado y sigue sustentando a la industria cinematográfica, no tenemos que olvidar que el 80% de los guiones son adaptaciones, y que el cine, ese maravilloso torrente de emociones, incorpora nuevas técnicas literarias y ofrece un punto de vista personal de la novela que todos creemos conocer. Historias de Cine: once relatos diferentes, potentes, intensos, cinematográficos, desiguales en calidad, interesantes...Once historias que el cine convirtió en iconos inmortales.
Frases o párrafos favoritos:
"Los pájaros habían estado más inquietos que nunca desde el final del año, la agitación era más apreciable porque los días eran apacibles. Mientras el tractor seguía su camino subiendo y bajando las colinas del oeste, la silueta del granjero perfilada en el asiento, el vehículo y el hombre encima se pedían de vista momentáneamente ocultos por una gran nube de pájaros que revoloteaban y chillaban. Eran muchos más de lo habitual; Nat estaba seguro de eso. En otoño siempre seguían al arado, pero en bandadas tan grandes como esas, no con tal clamor."
Película/Canción: es obvio, todos los relatos que aparecen en este libro han sido adaptados más pronto que tarde al cine. Sin embargo, y en lugar de adjuntar los once trialers de las once películas, he optado por, ya que hemos hablado de películas clásicas, finalizar con otro clásico, con la música del compositor de bandas sonoras Bernard Herman. Unas piezas entre las que, sorpresa, se encuentra la de la inquietante Psicosis.

¡Un saludo y a seguir leyendo!
Cortesía de Siruela