Resumen de Lecturas: MARZO

Publicado el 04 abril 2015 por Juancarlos53

La verdad es que al echar la vista atrás, puedo decir que marzo se ha portado: ocho lecturas (una, para ser justos, fue veloz relectura; y otra, la de Petros Markaris, casi casi podría atribuirse a febrero), dos obras de teatro y varias películas. No está mal, al menos para mí que no me marco grandes retos.

De las lecturas, tres ya las he reseñado en este blog: "Pudor" de Santiago Roncagliolo [http://bitly.com/19Ck0kY], "La campana de cristal" de Sylvia Plath [] y "Mansfield Park" de Jane Austen [http://bit.ly/1IlDsOz] (ésta fue la relectura). Hay otra, la novela de Luis Landero , "El balcón en invierno", que utilicé para hacer algunas reflexiones a propósito del debate existente desde hace ya algún tiempo sobre el oscuro o difícil porvenir de la novela. Vista ahora, desde la distancia, creo que esa reflexión es más que suficiente como reseña de esta novela-ensayo, reseña que se puede leer aquí.

En definitiva, pues, que ya sólo me queda por hablar de cuatro. Si hago cuenta de que la lectura "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero" del neurólogo y antropólogo Oliver Sacks fue objeto de debate y comentario en la tertulia "...más que palabras" del mes de marzo, creo que puedo obviarla pues ya de ella algo quedó dicho en la crónica que en el blog de ese grupo de lectura dejé escrita (verla ). Eliminada ésta, ya sólo reseñaré, y muy brevemente, las tres que restan:

Su autor, Ignacio Martínez de Pisón , presenta en esta novela la vida de una familia española desde los años 40 hasta 1987. Los lugares donde se sitúa el relato son especialmente la ciudad de Melilla a la que vemos transformarse desde la época del protectorado español de Marruecos hasta el momento en que su antaño importante puerto pierde importancia al haber abierto Marruecos el de Beni Enzar; la otra localidad importante es Málaga a la que administrativamente durante muchos años Melilla perteneció; y por último Zaragoza la ciudad de la que provenía Mercedes, la esposa de Samuel, y a la que volvió en cuanto pudo.

Es, pues la historia de una familia, con sus virtudes y sus defectos, con sus zonas oscuras, con sus alegrías y penas. Pero como dice al final del relato Daniel, nieto de Samuel: " No era la mejor familia del mundo, pero era su familia". Lo más interesante de esta familia es que está formada por un judío y una gentil. El judío es Samuel, hijo de Elías, quien logra medrar en Melilla merced al apoyo de su suegro, militar y franquista, aunque su sagacidad y su buen saber hacer personal hará posible que no sólo no rompa con la comunidad hebrea de la ciudad sino que en un momento dado contribuya muy activamente y en secreto a sacar de Marruecos a muchos de quienes deseaban emigrar a Israel. La gentil es Mercedes, típica burguesa de provincias que lleva fatal todo lo relacionado con la religión de su marido, al que en cierto sentido desprecia. Las hijas de la pareja, Miriam y Sara, son dos típicas mujeres pequeño-burguesas que una vez echada una canita al aire se recomponen y se reintegran a la seguridad de bodas confortables al menos en apariencia. Por último, los hijos de Miriam, Elías y Daniel, son dos desastres que aprenderán lo que es la vida en sus propias carnes.

La novela se lee muy bien. Está estructurada en cinco partes o Novelas ( Samuel, Mercedes, Miriam, Elías y Daniel). En contra de lo esperado por mí ante una presentación de este tipo, la acción sucede de manera lineal; tan sólo la trama se focaliza en cada uno de los personajes que sirve de título a cada una de las cinco partes. El narrador es externo.

Lo más destacable para mí de la obra son las referencias al judaísmo (fiestas, prendas de vestir, elementos del culto, comidas, etc.) que se hacen en el relato, especialmente en el de Samuel. Y lo que menos me ha agradado es la insulsez en que cae la novela en algunos momentos. Con todo una novela digna de ser tenida en cuenta y digna de ser leída.

Esta novela breve de Philippe Claudel es un regalo para cualquier lector. Todo en ella es destacable: el lenguaje utilizado -¡bellísimo!-; la historia que se relata: un anciano que huye de la guerra de su país y recala en uno accidental donde es asistido por instituciones para refugiados, y en el que aunque no se le trata mal no deja de ser un objeto, un trabajo para los funcionarios, tan sólo la amistad con otro hombre con quien ni siquiera puede hablar al ser de idiomas distintos le hará la vida soportable, bueno, eso y su nieta, naturalmente; la gradación de la tensión dramática hasta llegar a la resolución final; el choque de culturas, la occidental y la oriental; la dureza de la vejez; las reflexiones que se cuelan en la narración; etc.

Es una auténtica joya. En cada página aparecen fragmentos de gran belleza. Valga como ejemplo esta cita:

"El señor Linh camina. Es un autómata que vacila, avanza lentamente, se tambalea, se deja arrastrar por la muchedumbre cada vez más apresurada y compacta que lo rodea y lo asfixia. [...] Avanza. Tropieza con los años y con la gente, que corre no se sabe adónde, que no para de correr, como si lo propio del hombre fuera correr, correr hacia un gran precipicio sin detenerse jamás"

Confieso que leí esta novela, -primera de la serie que el autor griego dedica al detective Kostas Jaritos-, movido por la problemática actual de Grecia que a punto estaba por esas fechas (finales de febrero) de celebrar unas cruciales elecciones. Aunque la novela es de 1995, sin embargo ya en ella se dejan ver algunos de los vicios de ese país que, -según se dice-, les han abocado a la situación de bancarrota en la que se encuentran los griegos. Así al tiempo que presenta a la policía a la que pertenece el teniente Jaritos como un cuerpo malpagado en el que muchos de sus funcionarios aceptan -o exigen, según- mordidas para mover los asuntos o moverse ellos mismos, muestra la desigualdad existente desde la entrada en Europa:

Es uno de esos bloques de pisos nuevos, construidos para los tipos de relaciones públicas, yupis y científicos que chupan de los programas de la CEE. (p. 141)

Esta desigualdad hace que progresar siendo honrado sea más que difícil. Así lo ve el teniente Kostas Jaritos cuando se enfrenta a la hija del jefe de la cadena de TV a la que pertenecía una periodista asesinada. Para Jaritos la desigualdad entre esta niña bien y su hija Katerina es inaceptable:

"La miro y pienso en Katerina. Sea abogada o fiscal en el futuro, va a necesitar como mínimo diez años para labrarse una carrera. Mientras que ésta, a sus veinticinco años, tiene una galería por gentileza de su papi, se las da de lista y, encima, lo engaña" (p.223)

También hay una fuerte denuncia de la xenofobia que el autor, Petros Márkaris, percibe en la sociedad helena. Él, de origen armenio por parte de padre, tiene sobradas razones para pensar tal cosa ya que no obtuvo la cidadanía griega hasta la caída de la Dictadura de los Coroneles en 1974. Por eso el asesinato de dos albaneses con que se inicia el relato no mueve a nadie en la Comisaría de policía. No ocurre lo mismo si la que cae es una afamada periodista griega de una cadena televisiva; entonces la cosa cambia radicalmente:

"Dos albaneses acuchillados sólo interesan a los de la tele, y eso si la masacre resulta fotogénica y produce náuseas a las nueve de la noche, justo cuando la gente se sienta a cenar." (p. 46)
[...]
"-¡Despierta, atontada! ¡Los albaneses con los que trabajas te han contagiado su estupidez!" (p. 274)

Por último en esta novela aparece plenamente caracterizado el protagonista de toda la serie: fumador, separado de su mujer, con una hija a la que ve poco pero para la que desea lo que cualquier padre de clase media baja (estudios, éxito profesional, dinero...), lector de diccionarios, y desengañado de todo lo que hace funcionar a la sociedad ateniense.

Me ha gustado mucho esta novela y me he propuesto leer más de este magnífico autor pues todo en él me gusta, en especial su estilo directo, crítico y desenfadado a la hora de llamar las cosas por su nombre.