Retrato de mi pueblo en un día de Huelga General (14-N)

Publicado el 15 noviembre 2012 por Jocoma

Como tengo por costumbre los días de huelga me levanto un poco más tarde y en lugar de ir a caminar por el río o la playa, me doy una vuelta por el polígono industrial a ver cómo va la cosa. A las doce de la noche anterior, antes de acostarme, había procedido a la rutina de siempre: Apagué todo (incluido el termo y el móvil), todo menos el frigorífico. Al levantarme busqué la pequeña radio de pilas, la lámpara que utilizo cuando visito alguna cueva y que me pongo sobre la frente y les puse las pilas, luego lo dejé sobre la mesa del comedor. Bajé cinco pisos a pié, para más tarde volverlos a subir; lo que durante el día hice tres veces. Desde lejos ya divisé en la puerta trasera de una fábrica una treintena de personas y una bandera roja. En esos momentos preferí respetar su intimidad. Rumiando, rumiando, acabé dando la vuelta por delante de la fábrica y decidí acercarme a ellos. En un lateral vi una decena de personas y pensé que quizás eran ellos, aunque no estaban en el mismo sitio. Llegué a su altura con prudencia y les dí los buenos días que me devolvieron, pero ante la duda pasé de largo. Escuche al vuelo un comentario que alguien dijo mientras yo pasaba: “Ahora tenía que haber caído toda el agua que ha llovido esta noche, verías qué pronto desaparecerían”. –Estos no son los míos, menos mal –pensé. Di la vuelta a la esquina y allí estaban. -¿Cómo va la cosa? –les pregunté. Comentamos. La moral era alta. Sólo habían entrado “los de producción”, en la planta nadie trabajaba. Otros compañeros ni siquiera se habían levantado, ellos habían desayudado allí mismo un bocadillo, una cerveza y unas papas. Estaba todo en calma. Su trabajo era estar allí fuera, y allí estaban; pasara lo que pasara. Por supuesto que había hombres y mujeres, valientes todos.
Me despedí de ellos y me dispuse a terminar de dar la vuelta. La inmensa mayoría de naves cerradas, pocos coches circulando. Algunos aparcados enfrente de la puerta semiabierta; coches caros. El tren que en ese espacio de tiempo suele pasar un par de veces o tres, no pasó ni una. No parecía ni un domingo siquiera. El tiempo tampoco invitaba a pasear por esta “ruta del colesterol”, en cualquier momento podía llover a raudales. Alguna empresa abierta, vacía de clientes, llena de personal trabajador, de esos que escuchan: “Si mañana no vienes, no hace falta que vuelvas”. Esto es presión y no lo que hay por ahí.

Recortar la enseñanza es recortar el futuro


Cuando me duché el agua estaba tibia, pero se podía soportar. Cogí la cazuela histórica (hay si hablara, la de cosas que nos contaría), una cuchara y el silbato, y me fui a la Plaza. Eran poco más de las doce. Ya habían empezado. Me metí por en medio hasta que vi a la gente más afín y me puse a meter ruido con ellos. “Seremos unos cuatrocientos” –decía alguien con cierto optimismo. –En una ciudad de treinta mil habitantes y con la que nos está cayendo no son muchos –pensé yo; pero qué le vas a hacer, lo que hay cuenta. Ya llevábamos tres cuartos de hora allí metiendo bulla cuando alguien un poco más atrevido se metió por el medio y comenzó a decir en voz baja: “Al Súper, al Súper”. Dudamos. Algunos desaparecieron, otros, poco a poco, como a regañadientes enfilaron la calle principal. Cinco minutos después estábamos delante del Súper. Metimos ruido, todo el que pudimos; tres minutos más tarde una empleada bajaba las puertas. Éramos gente civilizada; muchos estudiantes, otros con títulos universitarios, profesionales, funcionarios, familias con niños pequeños, buena gente de verdad… Aquello era una fiesta. Un minuto después cerraban puertas los comercios de al lado, los de enfrente. Al pasar por los Bancos parábamos un poco hasta que bajaban cortinas. Llegamos al otro Súper y pasó lo mismo. Estaba cansado y subí a casa a comer algo. Por no poner el fuego gasté el microondas, sería poco. Me había emocionado varias veces. Eso ha sido un momento histórico en mi pueblo. Nadie recordaba algo parecido.

Los chorizos libres y la escuela condenada


Por la tarde no fui a la manifestación de Valencia, estaba cansado. Me arrepiento de ello, me dicen fue impresionante. Me puse la linterna en la frente y me dispuse a leer mientras escuchaba noticias por la radio de pilas. Alguien dijo: “Ha habido cinco o seis pueblos que han tenido encendidas las luces de la calle toda la mañana”. Quedé impresionado. Yo haciendo todo ese sacrificio y esos hijos de p... tirando con el dinero del pueblo… Es que en días de huelga general hay como costumbre ver el grado de participación en base al consumo eléctrico. Leí, tomé notas, escuché la radio… la de aquí, la del centro, la del norte. Paso de sus manipulaciones. ¡Somos muchos! Estoy seguro, lo he visto. Y cada vez somos más. Es culpa suya, de ellos, de los inútiles políticos que nos han llevado donde estamos. Que se vayan preparando, que vayan pensando qué van a hacer.
Lástima que entre nosotros no estuvieran los parados, los que están comiendo de la caridad, los que están con agua al cuello por la hipoteca, los que están viviendo de sus padres y abuelos, los que serán operados dentro de un año, los que tienen a sus hijos en aulas masificadas… y sin desayuno. ¿Qué le vas a hacer? Seríamos más. Es posible que los que estábamos allí, teniendo problemas, no teníamos tantos como otros que deberían haber venido. Lástima.
Queda claro que la inmensa mayoría que se moviliza no lo hace por ellos, lo hacen por el futuro de nuestra sociedad. Por ese camino nadie tiene futuro; bueno sí, los de siempre, los de arriba, los espabilados, los defraudadores, los especuladores financieros, los evacuadores de capital a otros países… Pero que no se confíen. Un suicidado ha hecho que se muevan con la ley de desahucios; si hay algún muerto en las manifestaciones… que se preparen. Y que vayan con cuidado de que no sea un niño o un adolescente, que se la van a cargar. Aún están a tiempo de rectificar. SÍ SE PUEDE.
Los políticos tienen una clase media y baja que no se merecen. Que no lo estropeen. ¡Ya está bien!
Caña a la clase política de este país, a todos, incluidos los minoritarios que están respetando las reglas de juego esperando a que les caiga “ves a saber qué” del cielo.
Ah! Por cierto. Alguien nos ha “eliminado” el blog precisamente este día 14-N a partir de las doce PM del día 13; mientras yo apagaba todo, qué casualidad. Cómo no entramos a Internet, nos hemos dado cuenta hoy día 15. Ya está solucionado, aún no sabemos qué ha pasado. Hemos recibido un montón de correos indicándonoslo, pero no los hemos visto hasta esta mañana. Gracias amigos. Nos han hecho que el Blog hiciera huelga, mira por dónde.
Juan-Lorenzo dalescana@gmail.com