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Road trip entre Oporto y Lisboa: La vida en torno al mar

Por Mundoturistico

Hay entre Oporto y Lisboa diferentes lugares donde la tierra y el mar parecen librar una batalla: ora tú, ora yo. Bien sea en forma de ría, foz o península, se forman curiosas zonas donde la vida se desarrolla en torno al mar. Y como se puede esperar, el encanto es irremediable. Si bien el buen clima no está asegurado y en muchos de estos lugares tendremos que lidiar con niebla o viento, la tranquilidad de la zona, la naturaleza, sus playas y la gastronomía son la contrarréplica para sentir que estamos en una zona ideal para una verdadera y dulce desconexión.

Hoy os cuento qué ver en esta zona central de Portugal, que conocí en un road trip de cuatro días; bien aprovechados, eso sí, ya que teníamos vehículo propio –nuestra querida furgoneta, en la que esta vez no dormimos más que dos días por problemas técnicos pero que sí utilizamos para amenizar los trayectos y hacer paradas en lugares naturales con nuestras sillas y nevera- y pudimos así, como otras veces, ir haciendo la ruta en el camino.

Primera parada: Aveiro y alrededores

Los dos primeros días los dedicamos a conocer Aveiro y sus alrededores. Hicimos noche en el Camping de San Jacinto, cerca de la población, la playa y las dunas homónimas; que si bien estaba un poco apartado, se ubicaba en un lugar tranquilo y rodeado de tranquila naturaleza. El pueblo de San Jacinto no tiene gran interés, aunque se puede comer en el puerto en varios restaurantes humildes pero con buen pescado fresco. Así lo hicimos nosotros en ‘O Santos’, donde comimos de maravilla. Nos acercamos después a la playa, de paisaje plano e infinito y con grandes dunas a la entrada. No obstante, no acompañaba el tiempo y no pudimos estar mucho tiempo allí, donde había demasiado viento.

dunas-SanJacinto

El principal atractivo de la zona es Aveiro. La ciudad es pequeña, pero coqueta y encantadora, además de bastante animada por las noches, sobre todo en torno a dos de sus plazas: La plaza do Peixe y do 14 de Julho. Aunque me parece un poco exagerado haberla calificado como “la Venecia de Portugal’, la urbe tiene varios canales y sobre todo, la identifican los moliceiros, barcos antaño utilizados para la recogida de algas o el transporte de mercancías y hoy reclamo turístico de la ciudad. Merece la pena un paseo relajado.

portugal

Cerca de la ciudad, en dirección a mar abierto, encontraremos las dos playas de la urbe: Barra y Costa Nova. Ambas son del estilo de esta parte de Portugal: kilométricas, cuidadas y limpias, de aguas frías y fuerte oleaje en la mayor parte de las ocasiones y casi siempre, con viento. De hecho, muchos bañistas se resguardaban del posible vendaval con parapetos pensados ya para este tipo de arenales. Quizás me pareció más bonita la de Costa Nova, pues la arquitectura era más tradicional, con casas de fachadas de rallas y colores, además de que parecía tener más propuestas de hostelería. Nosotros comimos por recomendación en el Club de Vela, que si bien es un buen local, nos estropeó la velada con cerca de una hora de espera.

Playa-Barra

Playa de Barra

Playa-Costa-Nova

Playa de Costa Nova

Como el objetivo de este viaje era, entre otros, que mi pareja pudiera disfrutar de hacer su deporte favorito: el kite-surf, hicimos también una parada a orillas de la Ría de Aveiro, concretamente en Murtosa, donde hay un spot habilitado para la práctica de este deporte. Es una zona muy tranquila, donde los mariscadores trabajan a diario y el viento pega fuerte. Allí despedimos el día en la segunda jornada, con toda la calma del mundo, disfrutando de un bonito paisaje en compañía de muy poca gente.

atardecerMurtosa

Nazaré: Entre el turismo y la vida de siempre

La siguiente parada fue Nazaré a la que íbamos con la intención –finalmente frustrada- de practicar un poco de surf y además, cómo no, conocer la urbe. En primer lugar, nos acercamos al faro de la ciudad, que se encuentra tras un pequeño camino que parte de un gran mirador (indicado como “sitio”); balcón que ofrece unas vistas impresionantes de la zona baja de Nazaré. El paisaje es imponente y aunque el día que fuimos lo vimos con niebla, ello no hacía sino añadir embrujo al momento, ya que no sabíamos bien cómo lo íbamos a encontrar.

nazare1

Llegados abajo, nos hicimos una idea de cómo era sin entrar e imaginamos cómo podía haber sido la ola más grande jamás surfeada, una de las imágenes más populares de este lugar. Al otro lado se veía el origen de tal récord, la playa do Norte, a la que iríamos por la tarde y que es tan salvaje como bella.

PlayaDoNorteNazare

Aprovechamos para entrar al Monasterio de Nuestra Señora de Nazaré, símbolo de esta parte de la urbe y rey de la plaza y zona, llena de propuestas turísticas y viajeros en busca de la mejor foto.

monasterioNazare

Aunque hay un funicular que conecta con la parte baja, nosotros llegamos en coche. Aquí se puede contemplar la doble realidad de esta ciudad: la turística, desplegada en torno a su playa y el paseo marítimo, con un montón de tiendas de souvenirs, restaurantes de pescado y venta de todo tipo de cosas; y la de siempre, en torno a estrechas callejuelas, fervor religioso y un día a día relajado y tranquilo.

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Imágenes religiosas en las viviendas, calles estrechas donde parece que no vas a caber, bonitas iglesias, personas viendo el mar en el paseo conversando sin prisa, casas decadentes que merecen una restauración pero que desprenden ese encanto de las cosas viejas que se asocian también a otras ciudades de Portugal o viejecillas con la indumentaria tradicional completan la imagen que me llevo de este lindo lugar.

Foz de Arelho, allí donde el mar se deja llevar

Reservamos solo una parada en Foz de Arelho para ver la curiosa formación que volvía a hacer el mar en el momento de desaparecer… o más bien, no hacerlo. Aunque también es un pueblo, no le dedicamos más tiempo, pues teníamos un largo camino por delante ese día. En esta parte del centro de Portugal, el mar entra en terreno firme formado una gran laguna. Es curioso ver como las diferentes disposiciones del terreno hacen que este lago sea irregular y se vayan formando varias zonas a modo de piscina de agua salada. Más que curioso, a mí me pareció también extremadamente bonito.

Foz-Arelho

Por eso, lo suyo es pasear la zona por la que se haya llegado al lago y elegir una parte que te guste más para disfrutar del baño. En la parte de mar abierto, se practica el surf y en las zonas de aguas bajas, también hay mariscadores en busca de su recompensa.

Peniche: territorio playero

En el último día completo que tuvimos en nuestro viaje a Portugal, pensamos que hacíamos noche en Peniche, pero finalmente comprobamos que era en Ericeira, a más de una hora de camino. Esa fue una de las razones por las que apenas estuvimos allí y supongo que eso hizo que mi sensación no fuera tan buena. Fue el destino de todos que más me decepcionó. Es una ciudad pequeña, irregular y seguramente, debimos dedicarle más tiempo, pero por varias razones, no nos encantó.

La primera parada que hicimos fue en la Playa de Medão, donde las fuertes mareas y corrientes forman el conocido como fenómeno ‘supertubo’, de ahí que la playa se conozca como ‘Supertubos’. El día que fuimos, no obstante, el mar estaba tranquilo, por lo que la playa se convirtió, simplemente, en una playa más.

playaBaleal

Playa Baleal

FortalezaPeniche

Fortaleza de Peniche

Un arenal que descubrimos luego y donde sí se podía hacer surf fue la playa de Baleal, que además de llevarse a los surfistas, nos gustó también más como playa. Algo más recogida y con un paisaje más bonito, comimos en un bar de la zona y estuvimos un rato más en este agradable lugar.

Por último, nos acercamos a la población a conocer el mayor atractivo del lugar: el Forte de Peniche, donde ni siquiera entramos al Museo Municipal que alberga y simplemente, paseamos, observamos las vistas y nos hicimos una idea del monumento, que en el pasado fue una cárcel (donde se escapó el célebre comunista Álvaro Chunhal).

Última parada: Ericeira

Como Cascais era, en principio, nuestra última visita planificada, Ericeira era un buen lugar para hacer noche. A unos 50 kilómetros de Lisboa, esta pequeña población es también eminentemente turística y tuvo encanto suficiente para despedir el viaje de la mejor manera. Por motivos laborables, tuvimos que volvernos antes y sus playas, más salvajes que las anteriores y con grandes paredes de acantilado, fueron un buen lugar para decir adiós.

Nos acercamos a la playa de Ribeira d Ilhas, en la que tras un corto camino andando, se puede disfrutar de un paisaje precioso. Una vez en ella, nos dividimos. Mi novio cogió una tabla de surf y se dedicó a ello durante una hora y media; y yo, probé primero una pequeña charca que se había formado en uno de los laterales de la montaña, pero al ver que era agua estancada y olía bastante mal, volví a la arena a disfrutar simplemente de estar allí. El agua del Atlántico estaba intratable y tampoco hacía el calor necesario para que cargarse las pilas de valentía.

RibeiraDIlhas

Playa Ribeira d Ilhas

Después dimos un paseo por el pueblo, comprobando como además de los viajeros, también los lugareños disfrutan de su lugar de residencia en verano. Las plazas estaban bastante animadas y hay varias calles de tiendas que le dan bastante vida.

Ericeira

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Esa noche dormimos en un apartamento de Airbnb, con unas vistas espectaculares hacia el mar. Lo bueno se acabó antes de lo esperado; pero había sido tan bueno, que mirábamos hacia atrás con una sonrisa enorme.

Datos de interés:

  • Hotel en Nazaré: North Spot. Muy recomendable
  • Peajes y autopistas en Portugal: Si eres extranjero, tienes que parar en una caseta que está recién pasada la frontera, para que te pasen los pagos de algunos peajes directamente a la tarjeta. Nosotros no lo hicimos, así que paramos en una gasolinera Galp y nos hicimos con unas tarjetas prepago con las que lo puedes arreglar. A día de hoy no sabemos si acertamos con la cantidad o no. Si no, te puede llegar una multa. Otros peajes son de pago directo en los puestos habilitados para ello.
  • Idioma en Portugal: La mayoría de las veces para entendernos, hablamos en español, pues lo entienden muy bien. No obstante, en algunas ocasiones, viene bien hablar inglés.
  • Surf en la parte central de Portugal: El precio de la tabla de surf es 15 euros para unas dos horas.
  • El clima la parte central de Portugal: Aunque muchos días hace sol, incluso haciendo 31 grados, se puede tener frío en la playa, consecuencia del viento, que cambia la sensación de térmica. Lo ideal es llevar siempre una chaqueta y si puedes comprar un parapeto, mejor que mejor.

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