El pelotón, en su gran mayoría, está poblado por ciclistas que no corren para ganar, es más, si logran la victoria llega son conscientes de que ésta llega ha sido gracias a la casualidad. A estos ciclistas se les denomina gregarios. Un gregario corre para proteger al líder de su equipo del viento, de las cámaras de televisión, de sus rivales y ayudarle en los momentos difíciles de una carrera, es decir, de ser su apoyo, su escudero. Como sus líderes, un gregario se prepara y entrena a lo largo del año para serlo. Es más, no hay mayor honor para un gregario que ser la última línea de defensa de su líder.
Ningún ciclista ha nacido para ser gregario, lo que sucede es que el ciclismo profesional conduce la carrera deportiva del ciclista por roles diferentes a los anhelados. Todos quieren ser líderes, porque todos afirman tener genes ganadores. Pero unas veces por cuestión de edad, otras por cuestiones de rendimiento y otras por ceñirse a las órdenes tácticas del equipo (caso de Froome en el pasado Tour), ven cómo sus fuerzas son sacrificadas en aras de que su líder conserve las suyas. Pero, ¿en qué momento de la carrera de un ciclista uno pasa a ser considerado como líder y como ganador, o va a tener que quedarse con el rol de gregario?
Dani Moreno tomó la última curva pegado a la valla, iba primero y apenas restaban 70 metros. Samuel Sánchez y su equipo habían decidido dinamitar la carrera sobre el asfalto mojado, un terreno donde el asturiano se desenvuelve a la perfección, con el propósito de intentar desbancar al ruso Dennis Menchov del liderato. Cuando Samuel puso exigente la marcha en la subida Dani aguantó su ritmo junto a Sastre y el propio Menchov Cuando apenas restaban unos metros para la meta Dani iba tirando del cuarteto con un ritmo muy exigente que hizo flaquear al ruso, entró primero en la última curva, cuando restaban pocos metros para conseguir su primera victoria . Sin embargo, Samuel sabía que ese día era el más fuerte, viendo que no encontraba espacio para adelantar gritó “¡¡Apártate!!” y Dani, obedeciendo a sus instintos primitivos acató la orden y vió como Samuel alzaba los brazos y podía degustar su triunfo con total tranquilidad. Qué distinta habría sido la carrera de Dani Moreno si no hubiese obedecido a sus impulsos, a la sumisión a un grito de un rival.
Su comportamiento en esa curva ha rondado la cabeza de Dani Moreno durante muchos años, más aún, cuando meses después el equipo Relax desaparecía dejando tras de sí una larga lista de impagos y acreedores. Dani Moreno se quedó sin equipo y en el paro, sin un currículum de victorias que mostrar. Suerte que, unos meses después, el Caisse D’Epargne se acordó de él, allí coincidió con “Purito” y comenzó a fraguarse su amistad. Amistad que le llevaría al equipo ruso de Katusha por petición del propio Joaquín a sus dirigentes.
Dani, ha podido comprobar al lado de Joaquín por qué el no ha llegado a ser un líder de equipo que pelea por las victorias en las grandes vueltas. Mientras Dani sucumbía a su instinto, Joaquín es capaz, como afirma en sus declaraciones, de no vencer a los mensajes de su cuerpo y cesar en el empeño por conseguir la victoria aún cuando va al límite. “Cuando sufres al límite no piensas en nada, no tienes tiempo. Sólo intentas darlo todo, que no te dejen atrás, concentrándote únicamente en convertir el dolor que sientes en potencia”. La misión de Dani y de otros muchos, es conseguir que a su líder no le derrote la impotencia.
FUENTES"El espectáculo de los otros". E. RODRIGA ÁLVAREZ. El País. 5 de Septiembre 2012. (artículo)