Rossi quiere repetir la hazaña de Welkom en Ducati

Publicado el 20 agosto 2010 por Toni_delgado @ToniDelgadoG

Rossi, sentado junto a su Yamaha tras su famosa victoria en Welkom.


No se sentía valorado ni tampoco estaba cómodo en Honda. Necesitaba un reto lo suficientemente osado y “lo más loco y difícil posible” para continuar con su carrera. Por eso Valentino Rossi (Urbino, 1979) decidió embarcarse en el proyecto que le ofrecía Yamaha. Era el verano de 2003 e Il Dottore, camino de su quinto título mundial y de vacaciones en Ibiza, apostaba por empezar de cero con una moto a años luz de las mejores y después de desestimar una oferta menos arriesgada, la de Ducati. El anuncio de la decisión de Rossi hizo que todos aquellos que decían que ganaba porque pilotaba la mejor moto se frotaran las manos, las que se llevaron a la cabeza meses después cuando Il Dottore se estrenó en el Mundial con una histórica victoria en Welkom (Sudáfrica). Un triunfo resuelto tras una fabulosa batalla con Max Biaggi, su ídolo, a dos décimas: “El público se habrá divertido. Hemos logrado un éxito que nadie se esperaba”. Rossi había cambiado la historia y sobre todo había demostrado que el piloto era más importante que la máquina. La relación con Yamaha se formalizó verbalmente en una reunión clandestina en la Clínica Móvil de Brno. Siete años después y tras cuatro mundiales con la marca, la República Checa también fue el escenario de otro momento decisivo para Il Dottore. En un cruce de comunicados del piloto, Yamaha y Ducati se confirmó un secreto a voces: Rossi correrá las dos próximas temporadas en la firma  italiana, donde será el líder tras la marcha de Casey Stoner a Honda. “Ya no soy fundamental en Yamaha”, dijo cortés y mordiéndose la lengua,  pensando en Jorge Lorenzo, el único compañero que ha sido rival real, un enorme oponente en 2009 y líder sólido este curso, el único en el que el italiano se ha perdido carreras por lesión.  
¿Se equivoca Yamaha dejando escapar a Rossi? Para empezar, el nonacampeón del mundo forzó la situación poniéndoles en un dilema: Jorge o él, pero nunca los dos. En 2007 Rossi ya había intentado vetar al balear como consiguió tiempo antes con Stoner. Il Dottore prefiere un compañero inofensivo y servicial como lo fue Colin Edwards y no soportaba que Lorenzo le cuestionase su jerarquía en la pista y ante los medios de comunicación. Puso un muro en el box de Yamaha para que el equipo de Lorenzo no se beneficiase de sus mejoras, exigió utilizar Bridgestone –el balear siguió con Michelin en su primera temporada, la última con dos marcas de gomas– e intentó desestabilizar a su compañero como había logrado con Sete Gibernau o Biaggi. Y, pues, ¿se equivoca Yamaha? La decisión responde a una cuestión de números y de previsión. Manteniendo a Lorenzo se ahorrará más dinero (Rossi cobra 14 millones por temporada y Lorenzo, de momento, cuatro) y se asegurará, teóricamente, más años en óptimo rendimiento, pues Giorgio tiene 23 y Rossi, 31. Según publica La Gazzetta dello Sport, Lorenzo podría ver aumentado las cifras de su contrato hasta los diez millones anuales si renueva.
Rossi se siente como un amante despechado, en cierta forma traicionado y maltratado por el equipo que él –y su grupo de trabajo– llevó a lo más alto. Aunque como buen estratega  -lo ha sido siempre- utiliza un discurso amable y calculado porque quiere que Yamaha le permita probar la Desmosedici en noviembre en Valencia, coincidiendo con el final de la temporada. Il Dottore también pretende probar unas piezas de la Yamaha del año que viene, algo que, de momento, se le ha negado.
“Lorenzo se está mereciendo el título a lo grande”, ha llegado a reconocer Rossi, frustrado de haberse caído en Mugello, a escasos kilómetros de su casa, desde donde vio la carrera y cómo su compañero le dedicaba la segunda plaza poniéndose una camiseta con el 46 en su honor. Un gesto que Il Dottore se tomó más a pitorreo que a modo de tributo. No son amigos. Siempre vio a Giorgio como alguien dispuesto a ocupar su puesto, mientras que  Lorenzo siempre vio a Rossi como un referente al que acabar superando, aunque si sigue en Yamaha tratará mejor a su nuevo compañero, probablemente el novato Ben Spies. Ya ha dicho que  eliminará el muro en el box.
De su puño y letra y con tachones. Así se expresó Rossi por primera vez sobre su futuro y así acababa su escrito: “Desafortunadamente, incluso las historias de amor más bellas llegan a su fin, pero dejan un montón de recuerdos maravillosos, como cuando mi M1 y yo nos besamos por primera vez en la hierba de Welkom. Me miró fijamente a los ojos y me dijo ‘¡Te amo!’”. Rossi sueña con otra imagen así, con demostrar que puede mejorar tanto la Ducati –sin victorias este año– como para estrenarse con otra memorable victoria. “Quizás sea más fácil en 2012, cuando todos empecemos de cero con las motos de 1000cc, aunque, para ser honrados, aún tengo que probar la Ducati”. Recordar que el hombre es más importante que la máquina es de nuevo su reto. Aunque el principal, por cuestiones de orgullo, amor propio y rol de mito, es que continúa siendo el mejor, a pesar de la eclosión de Lorenzo.