El pasado 15 de abril, en Ávila, dentro del ciclo de los Miércoles Teresianos, Secundino Castro, ocd, ofreció una lectura del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz centrada en el amor como experiencia radical.
La conferencia recorrió el poema como un proceso vivo, en el que el amor aparece primero como herida que desinstala al sujeto, lo arranca de su autosuficiencia y lo pone en búsqueda. Desde las primeras canciones —marcadas por la ausencia y el deseo— hasta las etapas de purificación, queda claro que el amor, en san Juan de la Cruz, no consuela de entrada: hiere, inquieta y obliga a salir de sí.
A partir de ahí, la exposición mostró cómo ese dinamismo atraviesa distintas fases —mediaciones, crisis, desposorio, transformación— hasta desembocar en una forma de presencia que ya no necesita apoyos ni discursos. Uno de los acentos más nítidos de la lectura de Secundino Castro fue la unidad entre amor humano y amor divino: no se oponen ni se sustituyen, sino que el segundo lleva al primero a su verdad última. El Cántico no ofrece una teoría, sino un itinerario: el amor que comienza como herida se convierte en búsqueda, se purifica en la ausencia, madura en reciprocidad y culmina en una paz silenciosa, donde ya no hay nada que conquistar porque todo ha sido habitado.
