Revista Sociedad

Saldo cubano de Donald Trump y las majomías tardocastristas

Publicado el 03 febrero 2021 por Tomarlapalabra

Por Carlos Cabrera Perez, CIBERCUBA

Como parte de la decadencia occidental, con predominio de la izquierda vocinglera y el comunismo de compadres que asola a Cuba, una corriente de opinión en Estados Unidos y la isla pretende pasarle la cuenta al presidente Donald Trump por su política hacia el castrismo, al que colocó en su más difícil encrucijada desde la Crisis de Octubre de 1962.

Trump fue un buen presidente hasta la pandemia de coronavirus, con cifras brillantes en creación de empleo y riqueza, que son las principales obligaciones de un gobernante democrático junto con velar por la libertad. Subestimó el poder de la prensa liberal norteamericana al servicio del globalismo, que es un ajíaco de Gramsci, Deng Xiao Ping, el ecologismo de pancarta y los movimientos LGBTI orientados a la izquierda.

Pero salvo contadas excepciones como Taiwán, Corea del Sur e Israel, el resto de los gobiernos del mundo, incluido el cubano que papagayea como potencia médica, ha sido un desastre frente a la pandemia, sin caer en la simplificación ideológica que pretendieron Trump y Jair Bolsonaro y el argumento de que se trataría de un episodio de guerra biológica Made in China que, de confirmarse, dejaría en muy mal lugar a los servicios de contrainteligencia occidentales, los norteamericanos en primer lugar.

En las relaciones con Cuba, Trump erró en reducir la embajada en La Habana al mínimo, cuando la sociedad y los opositores democráticos más la necesitaban, y en la suspensión de vuelos directos a provincias, porque perjudicó la economía de cubanoamericanos y sus familiares en la isla; pero conservó una treintena de acuerdos bilaterales, algunos estratégicos en materias militar, narcotráfico, contrabando de personas, blanqueo de dinero, aplicación de leyes, seguridad cibernética, salud y educación, que prevé la financiación norteamericana de servicios médicos cubanos en terceros países, mediante acuerdos a tres bandas con la OMS y la OPS.

La limitación de remesas a un máximo de 333 dólares mensuales (mil por trimestre) es más simbólica que real, porque la mayoría de los emigrados cubanos no puede mantener ese ritmo, especialmente después del impacto del coronavirus en sus economías y empleos.

Joe Biden tiene un amplio abanico de opciones para asumir un deshielo gradual frente a La Habana, que sigue siendo un factor desestabilizador en América Latina, como ocurre en Venezuela, Colombia y en Guyana, que es el próximo objetivo geopolítico del tardocastrismo por el maná petrolero del Esequibo, zona de conflicto con el tardochavismo. Es significativo que Cuba votó en contra de Caracas en la última Cumbre del Caricom en relación con este diferendo bilateral.

La mayoría de los cubanos no está descontenta con Trump ni con Biden, sino con Raúl Castro Ruz, Miguel Díaz-Canel Bermúdez y Manuel Marrero Cruz, como demuestran los conatos de resistencia cívica a lo largo y ancho de la isla, con motivaciones diferentes, pero todas coinciden en su descontento con la marcha del país y sus autoridades.

El clima de descontento popular ha desplazado a la oposición organizada y que tiene el mérito de haber resistido y superado las constantes embestidas de la dictadura comunista, pero debe reformular su estrategia y pedir a Biden que vincule los avances en las relaciones con Cuba a gestos tangibles e irreversibles de La Habana en materia de libertades políticas y derechos humanos, comenzando por pedirle que ratifique los Pactos de Derechos Políticos y Civiles de Naciones Unidas, firmados por Raúl Castro en 2018, pero nunca ratificados.

La estructura legal y política del tardocastrismo es anacrónica, injusta y perjudicial para la mayoría de los cubanos empobrecidos y desiguales y para la democracia y la paz en América Latina, donde sus programas de supuesta colaboración enmascaran la penetración en esas sociedades y soporte para sus aliados estratégicos y tácticos.

Los emigrados cubanos, los más solidarios y vilipendiados del mundo, deben asumir una voz serena, pero firme en defensa de sus derechos políticos, como el de votar en elecciones en Cuba y elegir diputados por sus circunscripciones en el extranjero y no limitarse a las letanías del burócrata Soberón que persigue manipularlos como gusañeros para que critiquen el embargo a cambio de paso franco por la aduana y otras fruslerías menores.

Ni Trump ni Biden son los responsables del desastre de Cuba; pero mientras los cubanos no asumamos la responsabilidad del destino de la nación y huyamos del caduco enfrentamiento Palacio de la Revolución-Casa Blanca, Cuba seguirá postergada.


Volver a la Portada de Logo Paperblog