Salvar el mundo

Por Soniavaliente @soniavaliente_

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Recientemente TVE emitía el reportaje “La publicidad: ¿salvará el mundo?” La publicidad puede hacer muchas cosas pero entre ellas -a su entender- salvar el mundo, no está entre ellas. Ayudar a concienciar, tratar de que la existencia de los espectadores sea un poco más agradable durante los segundos que dura el spot, quizá. Y ya es. El programa Metrópolis, de La2, era un cuidado reportaje en el que se entrevistaba a responsables de grandes marcas que estaban haciendo un giro en su publicidad. Hacia una publicidad más social. Más valiosa. Un paso más allá de la cacareada Responsabilidad Social Corporativa que, en España, se ha traducido en regalar migajas de suculentos beneficios como lavado de cara a la marca y, de paso, sacar tajada publicitaria. Pero hay empresas que están haciendo bien las cosas. Es cierto que se lo pueden permitir.

Quién no conoce la bebida de cola más famosa del planeta. A estas alturas se puede permitir experimentar, crear institutos dela Felicidady, paradojas de la vida, instar a revoluciones, a levantarse de la silla, para combatir la obesidad infantil. Este tipo de forma de venta social, le da qué pensar. Al fin y al cabo, persigue un objetivo mercantil: Vender más. Y que esa bebida -todo un icono del capitalismo del mundo occidental- y con unos elevadísimos niveles de azúcar, inste a los espectadores a una rebelión simbólica contra la obesidad será muy loable, pero qué quieren que les diga. En esta línea de aportar algo más con la comunicación, una marca de electrodomésticos con fábrica en Zaragoza ha decidido innovar. Utilizar piezas de deshecho de la maquinaria, reciclarlas por un grupo de trabajadoras capitaneada por una diseñadora y comercializar toda una línea de pulseras y collares reciclados. Los beneficios irán destinados íntegramente a fines sociales. Reciclaje y solidaridad. No puede más que sonreír. Tuvo la oportunidad, hace unos meses, de conocer de casualidad el proyecto al entrevistar al creador de la campaña, el peruano Gonzalo Figari, para su trabajo de investigación y se enamoró de la idea. La publicidad quizá no salve el mundo. Pero sin duda, puede hacer de él un lugar más habitable.