Por su parte, a Wandrille le movían a devoción los monjes irlandeses, que llevaban una vida errante predicando el Evangelio, visitando santuarios y al mismo tiempo se retiraban ocasionalmente a la soledad. Un ángel le avisó que debía visitar Bobbio, y allí se encaminó, hacia el monasterio en los Alpes italianos, fundado por el gran errante San Columbano (23 de noviembre). Luego visitó la abadía de Condat, en las montañas del Jura. En estos sitios además de convivir con los monjes, se iba impregnando de la disciplina y caridad monásticas. Y errante abría seguido si en 659 el obispo de Rouen, San Audomar (9 de septiembre), no le hubiera llamado para hacerse cargo de un monasterio que iba a fundar en Fontenelle, en el bosque de Jumièges. Allí un mayordomo de Clodoveo II tenía unas tierras que generosamente donaba para que se hiciese monasterio.
Dedicaron la iglesia a San Pedro, pero con el tiempo llegaría a llamarse la abadía de St- Wandrille. Fue abad providente, recto y caritativo, y gobernó el monasterio durante años, en los que construyó varias capillas dedicadas a varis santos y a la Santísima Virgen. Wandrille murió el 22 de julio de 668, dejando una comunidad floreciente y próspera. Varios de sus sucesores fueron santos y sabios hombres de gobierno, que llevaron la abadía a sus mejores momentos. Entre 820 y 840 se escribe la "Vita Wandregisili" y las vidas de sus santos sucesores. En 852 la abadía fue saqueada por los vikingos, aunque antes los monjes pudieron huir con las reliquias de San Wandrille y las de San Ansbert (9 de febrero) al norte de Francia. Posteriormente en el siglo X serían trasladadas a Gante.
Fuente:
-“Briefve chronique de l'abbaye de Saint-Wandrille. ABBAYE DE SAINT-WANDRILLE. Rouen, 1837.
A 22 de julio además se celebra a Santa María Magdalena, discípula de Cristo.