Recordar todo eso me hizo llorar, porque a pesar de haber estado la mayoría de mi tiempo sin compañía de chicos de mi edad, era feliz de esa manera. Pero mi felicidad no era completa, había algo que me estaba faltando y tenía que ver con mi entorno familiar. Mamá estaba siempre al lado mío, me ayudaba si necesitaba algo con el colegio, me llevaba al colegio como también me iba a buscar, siempre me preparaba la comida mas rica. Me dejaba estar en mi mundo.
Solo faltaba la presencia de aquel hombre, que se iba temprano y no veía su rostro hasta la hora de la cena. Distante y frío, tratando de compensar un tiempo perdido con algún capricho que podría llegar a tener en ese instante, pero que jamás llenaría esa pequeña parte que me faltaba. No hablábamos mucho, apenas lo recuerdo en esas épocas. Muchos chicos de mi edad hablaban de su papá, yo solo me callaba. Porque me hubiera gustado poder compartir más cosas con él, que él me demuestre como lo hacía mamá lo mucho que me quería, con un abrazo, con un poco de atención. Pero el tiempo paso, y la frialdad que me trasmitió en ese tiempo, la fui tomando poco a poco.
El tiempo pasó, pero hay algo que no se recupera, lo compenso desde otro lugar, cuando lo veo de lejos, al lado de mi hijo. Haciendo las cosas que nunca hizo conmigo, regalándole su tiempo a él. Me dejo ver, que no era tan distante y frío como pensaba. Que tiene sentimientos que le cuesta horrores expresar, pero pone lo mejor para seguir día a día.
Desde este ángulo, puedo decir que esa cicatriz quetengo desde hace tiempo, esta sanando