Satán no siempre fue el rey del infierno

Publicado el 20 julio 2019 por Tdi @RLIBlog

Las películas y libros siempre muestran a Satán como rey del infierno, pero la Biblia no menciona nada al respecto. El papel de Satán ha cambiado durante la historia, no pudiendo señalarse con precisión el momento en el que se convirtió en monarca infernal, aunque se sitúa en algún momento de la Edad Media. Si repasamos sus menciones, nos encontraremos que resulta irreconocible en sus primeras apariciones.

Precedentes

Ya vimos en la entrada anterior como la Biblia hebrea no habla de infierno, sino de Sheol, un inframundo donde no hay distinción moral. El cielo era un lugar inaccesible para mortales, excepto en casos especiales como Enoc ( Génesis 5:24) e Isaías ( 2 Reyes 2:11). Sin embargo, en el periodo intertestamentario surge la necesidad de un lugar que recompense a los justos y, a su vez, otro para los injustos. Así, los buenos irían al cielo junto a Dios y los ángeles y los malos al Gehena, un lugar de purificación temporal. En el Nuevo Testamento se mencionaría al Gehena o Hades, que las traducciones interpretaron como el infierno, aunque por el contexto deducimos que no hay diferencias y es un lugar de castigo.

Satán, por su parte, pasa de ser un agente divino a ser el líder de demonios hasta que es arrojado al lago de fuego y azúfre. Sin embargo, este destino es exclusivo del Apocalipsis. En los evangelios sinópticos no se relaciona a Satán con el infierno y el evangelio de Juan ni siquiera menciona el infierno. Aunque las epístolas paulinas tampoco lo menciona, sí ofrece una clasificación de pecadores ( Gálatas 5:19-21; 1 Corintios 6:9-10) que serviría de modelo para su futura distribución.

Desarrollo

En el Apocalipsis de Pedro, datado de comienzos del siglo II d.C., está la primera descripción cristiana del más allá, del cielo y del infierno, pero no mostraba a Satán. Este aparecería en el Evangelio de Nicodemo o Actas de Pilato de mediados del siglo IV d.C. Aquí el descenso de Cristo a los infiernos está contado desde la perspectiva de Satán o Hades, aunque no está claro si Hades está personificado o se refiere al propio infierno. El evangelio relata que tras la cruxifición, Cristo desciende al infierno y Hades lo encierra con Satán para evitar que libere a las almas y evite que se cosechen las almas aún no nacidas. Allí logra salvar a los patriarcas, que estaban languidecidos porque eran justos, aunque Cristo aún no había redimido a la humanidad. Aunque Satán es llamado príncipe y actúa como súbdito de Hades, no se indica que ninguno sea algún tipo de gobernante o monarca del infierno.

También apareció en la visión de Tundal del año 1150, un texto tan popular que en el siglo XV se había traducido 43 veces del latín a 15 idiomas. Habla del caballero irlandés Tundal que queda inconsciente durante tres días, en los que un ángel lo guía por el cielo y el infierno. Entonces se narra detalladamente los castigos infligidos a los condenados. Aquí, un personaje diabólico congelado en medio de un lago mastica a los sacerdotes que rompieron su voto de celibato. Esta posición durará hasta el Día del Juicio, cuando será libre en los confines del infierno.


En la Luz fluyente de la divinidad de Matilde de Magdeburgo, escrito en la segunda mitad del siglo XIII, toma inspiración del evangelio de Nicodemo y dramas medievales. Como resultado, se muestran múltiples ideas sobre el infierno y el diablo, dando lugar a contradicciones. Por ejemplo, Satán y Lucifer aparecen como entidades independientes. Aquí Satán es un súbdito de Lucifer. En el tercer libro, Lucifer está atado en las profundidades del infierno. Sin embargo, en este caso es él quien administra los castigos a los pecadores. Tampoco está atado físicamente por cadenas, sino por su culpa, teniendo libertad para actuar y moverse entre los condenados. Aunque se muestra personificado, una línea dice que "chasquea su boca infernal". En el texto ya describía previamente que en lo alto del infierno estaba la boca del infierno, que era una horrenda cabeza con múltiples ojos ardientes que arrojaban llamas.

Como en el evangelio de Nicodemo, Lucifer envía a Satán contra Cristo, pero no tras su cruxifición, sino en su nacimiento. Su motivo es hacer que el niño Jesús cometa un pecado, ya que no le conviene que vaya al infierno, ya que aparte de liberar a las almas, sería el único que podría juzgarlo, salvar a los patriarcas y evitar que las futuras generaciones caigan automáticamente en el infierno.

En el folclore, solían intercambiarse los cargos de rey y príncipe del infierno entre Satán y Lucifer. Otros demonios (Abadón, Asmodeo, Satanael, etc) , que en el pasado fueron nombres alternativos de Satán, adquirieron la independencia. A su vez, Satán fue adquiriendo apodos locales que lo ridiculizaban.

En el siglo XVI, misioneros como Motolinia explicaron que Satán había huido al Nuevo Mundo para explicar por qué la Biblia no mencionaba este nuevo continente y explicar las prácticas de los nativos, como los sacrificios humanos. Posteriormente, Torquemada presentaría a Hernán Cortés como un salvador enviado por Dios para expulsar a Satán del Nuevo Mundo.

¿Poder absoluto?

Como monarca infernal, fuente del mal y líder de su ejército de demonios, podría asumirse que Satán tenía un poder imparable. Nada más lejos de la realidad. Son abundantes los relatos donde la amenaza del diablo, en forma humana o animal, es contrarrestada por el ingenio de personas comunes, domesticándolo y humillándolo. De estos derivan expresiones como "pobre diablo". Al ser llamado frecuentemente con diminutivos, incluso adquiere un tamaño reducido. Puede verse como toda la variedad de duendes europeos se vio afectado por esto. Pero eso no quiere decir que hubiera perdido todo su poder, ya que los pactos con él seguían siendo una condena peor que la muerte. También estaba la cuestión de que si Cristo redimió a la humanidad, ¿por qué Satán seguía teniendo poder sobre ella?

Además, Satán tiene una abuela o madre (Cibeles/Magna Mater o Holda, como prototipos de la madre de Grendel), esposas e hijos. Podía tener siete hijas representantes de los pecados capitales o ser su abuelo a través de Muerte y Pecado. También se le atribuye la paternidad de Merlín, Calibán, Roberto I el diablo, Atila o el Anticristo.

En la historia cristiana también progresa la cuestión del antiguo rango angelical de Satán. Aunque Pseudo Dionisio Areopagita descarta la posibilidad, los teólogos medievales establecen a Satán como la primera creación divina, ya sea como querubín o serafín. De esta manera, con su caída habría dejado de ser líder de los ángeles para pasar a ser el líder de los demonios.

Resumen

Todas las historias que perduran durante siglos y en zonas muy extensas sufren el mismo destino que los mensajes en el juego del teléfono descompuesto: el resultado final no se parece en nada al elemento inicial. Lo vimos ya con las sirenas, el fenghuang e incluso con San Nicolás. Las características del diablo, no solo morfológicas, sino sus intenciones, han sido muy variables. No siempre fue rey del infierno de la misma manera que tampoco fue siempre el archinémesis divino.

Fuentes

  • Askhistorians
  • Wray, T. J., & Mobley, G. (2014). The birth of Satan: tracing the devil's biblical roots. St. Martin's Press.
  • Russell, J. B., & Salcedo, R. G. (1995). Lucifer: el diablo en la Edad Media. Laertes.