Pese a contar con semejante lema, los Scouts son niños y no ángeles. Sin supervisión adulta, rara vez los jefes absolutos tienen más de 20 años, se forman pandillas, surgen divisiones según afinidades, piques, rencillas y envidias menos sanas de lo que sería deseable. No obstante también hay disciplina, tareas que precisan de la colaboración de todos y que obligan a dejar atrás cuestiones personales. Poco a poco se aprende a convivir, a verse en los ojos de otros, a soportarse a pesar del cansancio y las incomodidades. Se viven éxitos y frustraciones y se adquiere independencia. Cuando uno se harta de sus compañeros opta por ir por libre, gana seguridad, aprende a ser uno mismo y a estar satisfecho con ello, a no guiarse por la opinión de otros sin antes sopesar la propia. No hay que olvidar que también se descubre que dormir en el suelo de una tienda de campaña, con una letrina por baño, excavada al otro lado del río, es algo a evitar per secula seculorum.
Pese a contar con semejante lema, los Scouts son niños y no ángeles. Sin supervisión adulta, rara vez los jefes absolutos tienen más de 20 años, se forman pandillas, surgen divisiones según afinidades, piques, rencillas y envidias menos sanas de lo que sería deseable. No obstante también hay disciplina, tareas que precisan de la colaboración de todos y que obligan a dejar atrás cuestiones personales. Poco a poco se aprende a convivir, a verse en los ojos de otros, a soportarse a pesar del cansancio y las incomodidades. Se viven éxitos y frustraciones y se adquiere independencia. Cuando uno se harta de sus compañeros opta por ir por libre, gana seguridad, aprende a ser uno mismo y a estar satisfecho con ello, a no guiarse por la opinión de otros sin antes sopesar la propia. No hay que olvidar que también se descubre que dormir en el suelo de una tienda de campaña, con una letrina por baño, excavada al otro lado del río, es algo a evitar per secula seculorum.
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