Magazine

Se me metió el pinganillo muy dentro

Publicado el 31 enero 2014 por Martasimonet @martasimonet
marta estrena be boing

Un día se me metió el pinganillo demasiado dentro. Trabajaba en un programa infantil (Be Boing) por lo que no tenéis que imaginaos situaciones extrañas. Bueno sí. Lo fue. Fue una de las situaciones más surrealistas que he vivido en un plató de televisión, y aunque recomiendo que no lo hagan en sus casas, lo que voy a contar es apto para ser leído por menores.

Marta Simonet Be Boing

Estaba presentando el programa Be Boing, a punto de arrancar con una de las entradillas del día, preparada para mi speech. Peinada, maquillada, con la mejor de mis  sonrisas dibujada en la cara y con el ‘pinga’ puesto. Como sabéis, y si no ahora saldréis de dudas, el pinganillo es un dispositivo para la recepción de sonido que se introduce en el oído. A través de ese aparatito el director, el realizador y algún miembro concreto del equipo te pueden dar ordenes o directrices sin que nadie externo las escuche. Pues allí estaba yo, que no me puedo estar quieta y que tengo un impulso irrefrenable de tocarme el ‘pinga’ justo antes, después, y durante la entrada en plató. Así lo hice ese día, una, dos, tres, y a saber cuántas veces más me ajusté el pinganillo al oído. Todo tiene una explicación, en serio; tengo las orejas muy pequeñitas y todos los pinganillos me quedan grandes. Entonces, siempre les doy un empujoncito para que entren un poco más de lo necesario. Aquel día, el empujoncito pudo haber acabado en tragedia.

Dolor de oído, intenso. Dolor de cabeza, más de lo mismo. Y graba que te graba que no hay dolor y una que es profesional -y cabezota-. Todo esto que os cuento pasaba mientras seguía presentando el programa con tres parejas de niños correteando y tropecientas luces apuntando a plató. Como me dolía de una manera casi insoportable, lo comenté a dirección y ellos a sonido para que miraran qué podía pasar. ¡Resulta que una de las piezas que conforma el pinganillo había desaparecido! ¡Nadie sabe dónde, si se me había quedado dentro o si había caído fuera! ¡Alarma! Aprovechamos el descanso de mediodía para dar un saltito a urgencias -con el pinga ya fuera, por supuesto- pero no sabíamos si con una parte de él accidentalmente dentro de mi orificio auditivo. Me acompañó el jefe de producción, más majo que las pesetas. Y después de que el doctor me realizara las pruebas oportunas, me dijo que no tenía ningún cuerpo extraño en el oído pero sí una inflamación de tres pares de narices alrededor del tímpano y la zona irritada. Tela marinera por no tener las manos quietas.

Conclusión: No os metáis el pinganillo tan dentro como lo hice yo que duele.


Volver a la Portada de Logo Paperblog

Dossiers Paperblog