Otro
elemento en este capítulo que debería tenerse siempre presente es que
la música clásica o culta no puede estar jamás al mismo nivel cultural
que la música que no tiene sus mismos fines. A este respecto, debe
recordarse que una de las características de la música clásica o culta
que muchas personas olvidan es que es música para ser disfrutada ***en
sí misma***, sin nada que pueda distraerla, pues se basta a sí misma
--la música clásica escénica está concebida de otro modo, para poder
integrarse en un contexto determinado en el que tiene un tipo de
protagonismo especial (no me refiero a la música de ambiente o de fondo
sino a la que es un personaje ineludible que da sentido a la obra de
arte); pero dicho protagonismo es testigo precisamente de esa
independencia de la música sobre la imagen, pues es normal hacer suites
de música para la escena de modo que se escuche prescindiendo de las
imágenes e historia que cuenta la escena pero no «suites de escena» sin
música de la que pueda prescindir--. Por lo tanto, todo aquello que
pudiera llevarla fuera de sus fines a una situación de complementación
forzada con elementos audiovisuales para los que no hubiera estado
concebida tendería a desvirtuarla alejándola de su verdadera función.
Resumiendo:
¿qué es lo que podría haber cambiado en esos presuntos pocos años para
que ese presunto 20% de público filarmónico hubiera dejado presuntamente
de ir a los conciertos y presuntamente de comprar grabaciones de música
clásica? Suponiendo que esto
fuera así y con las reservas ya mencionadas, desde mi punto de vista, y
simplificando al extremo, es fácil de comprender: desde hace ya mucho
tiempo --pero especialmente en el último cuarto de siglo-- a través de
la educación general y de los medios de masas, los mercados financieros
que realmente rigen los destinos del mundo han reducido consciente y
notablemente el nivel de cultura intelectual de la gente porque han
visto que en los momentos presentes --repletos de un fomento constante
de la desconcentración y dispersión en todo medio, entre muchos otros
problemas-- esto es fácilmente posible y les beneficia a nivel de
control de poder. Para ellos es más lucrativo un mercado de masas
multitudinario en el que invertir sin tener que hacer mucho esfuerzo por
generar clientes que un mercado relativamente reducido pero ya
establecido y difícil de cambiar como lo son las cosas que están más
próximas a la perfección de sus medios en relación a sus objetivos,
mercado que habría que trabajar culturalmente para que fuera rentable,
cosa que va en dirección opuesta a los intereses de dichos rectores
financieros.
Todo esto sin contar con que otro de los factores
principales en un fenómeno así estaría en no haber cambiado no los
rituales propios de la eficacia del acto musical en la música culta sino
***el modelo de mercado que permita vivir de la calidad y la excelencia
a aquellos que la alcanzan en nuestro medio***. Si persistimos en
intentar vender CD y DVD que no estén al alcance del bolsillo del gran
público será virtualmente imposible --nunca mejor dicho-- poder evitar
la piratería. Ésta no tiene sentido cuando lo que puede conseguir ya no
justifica el riesgo y trabajo de sus medios porque el producto legal es
más barato y seguro que el adulterado o ilegal. Creo que éste sí que
sería un punto fácilmente probable que considerar en un fenómeno de
descenso del «consumo» de la música clásica en nuestros días.
Para
terminar, otra cosa que deberíamos plantearnos en este debate --y en
tantos otros-- es si lo que debe hacerse para pervivir profesionalmente
es dar al público todo aquello carente de calidad pero bajo y zafio como
para excitar las, por así llamarlas, «bajas pasiones» --eso todo el
mundo puede ver que da dinero fácil y rápido-- o por el contrario
ofrecerle ***cosas que, en otro sentido, también pueda entender y
apreciar de inmediato, pero completamente alejadas de ese mundo bajo y
zafio en dirección a las altas cotas de lo mejor del Ser Humano***,
aunque eso nos conlleve mucho más esfuerzo en una educación que haga
comprender a la mayoría de las personas que ***es en la alta cultura, en
lo artísticamente elevado, donde están las cumbres de la civilización y
el verdadero futuro de la Humanidad***.
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