Galeón 27
28042 Madrid
Habitación: 143
Fecha de entrada: 15/11/2017Tarifa:
En el barrio del aeropuerto en una estrecha y arbolada calle en una calle llena de curvas, rotondas y requiebros, a un paso de las terminales y conectado con estas con un shuttle encontramos bajo la bandera de Senador el mítico y antiguo Tryp Diana. Poco parece haber cambiado desde entonces, del que fue uno de los primeros hoteles del aeródromo madrileño.
El edificio, de 7 plantas con balcones da una sensación de antiguo con algunos desconchones en la fachada y una acera olvidada por el Ayuntamiento. Poco ayuda la cantidad de negocios (bares, cafeterías, tiendas, rent a car, periódicos...) que pueblan sus bajos con entradas tanto desde la calle como desde el interior de la recepción y que llenan esta de ruidos, voces y jolgorio.Antes de entrar en la recepción debemos saltar tres pequeñas escalerillas con una rampa a la derecha para las maletas, todo ello bastante desgastado. La luz fría, incrementa el desasosiego. A la izquierda, el potente mostrador de recepción, de mármol blanco con algo de iluminación en la parte de abajo. Tres puestos de trabajo quizá demasiado juntos. Sobre el mismo, las pantallas de los ordenadores y varios folletos y carteles con servicios del hotel. El recepcionista que nos atiende nos indica que se les han borrado todas las reservas y que no va a poder encontrar la nuestra sin un documento, que no tenemos. Al final, la encuentra. Copia de datos del DNI. Nos entrega la llave con el bienvenida de papel en el que nos indica el horario del desayuno (¡desde las 5.30!) y un papelito con la clave del WiFi. Cuesta bastante conseguir conectar a la red los equipos, pero una vez conectados, la Red funciona veloz aunque con cortes esporádicos.
Unos pasos más a la derecha, tras otras escaleritas de mármol negro (dejando atrás el claro) encontramos los tres ascensores que prestan servicio. Nuevos, modernos y cuidados. Con algunos carteles de los servicios de restauración del hotel. Las puertas se abren en la primera planta a un recibidor con suelo moderno porcelánico en tono metalizado. Enfrente una pared de estuco color crema con un espejo y los carteles (los antiguos del Tryp) indicando la dirección de las habitaciones. El pasillo está totalmente cubierto de telas (sábanas, toallas, cortinas...). Deben estar arreglando alguna habitación. Bajo las telas, una moqueta en tonos grises bastante cuidada. A derecha e izquierda se abren las puertas de las habitaciones, en madera oscura algo pasada de moda. La luz del pasillo es generosa pero poco efectista.La luz, el desgastado y trabajado mobiliario (de madera clara brillante con numerosas marcas de cigarrillos), la pared... sigue ofreciendo esa sensación de "rancio" y "caduco" que ya ofrecía la recepción. A la derecha, y de seguido, hay un maletero de madera. Sobre él, un aburrido cuadro. A continuación un pequeño escritorio sobre el que cuelga un espejo y descansan varios folletos del hotel y una televisión plana. Debajo, la silla es una incomodísima banqueta que hace misión imposible el trabajar allí, y junto a ella, un minibar con cuatro botellas de agua mineral cortesía del hotel (¡bien!).
Toda la pared del fondo es una inmensa terraza con vistas a la puerta principal. Protegida por una cortina de tela color arena y un foscurit desvencijado, tanto que resulta difícil cerrarlo del todo y por la junta del medio de los dos tramos se cuela la luz de la mañana (y de las farolas de la noche). Junto a la ventana, una butaca en color arena de tela y madera, con una pequeña mesa redonda de centro. La cama es enorme, blanca, con un plaid negro algo sucio. Dos almohadas. Un suave nórdico. Colchón cómodo. El descanso resulta sencillo. No se escucha ni el pasillo ni las habitaciones contiguas. Y la calle resulta tranquila como para que haya ruidos. La cama se empotra en un cabecero con sendas mesillas -con cajón- a cada lado de la misma madera que el resto del mobiliario. Sobre una, el teléfono. En ambas, enchufes para los aparatos electrónicos e interruptores para todas las luces. El aire acondicionado funciona con un sencillo display que permite seleccionar la temperatura con una rueda, la potencia con un selector, y el encendido y apagado. Resulta muy eficaz, aunque bastante sonoro. Los alrededores de la rejilla por la que sale el aire están muy deteriorados con la pintura desconchada, manchas de humedad...Salimos tan temprano que aunque hay desayuno desde las 5.30, no conseguimos probarlo. En el mostrador, rápidamente comprueban que todo está en orden para la salida y aunque sin demasiado entusiasmo, se despiden con un "buen viaje".
Calidad/precio:
Servicio: 6
Ambiente: 6
Habitación: 7
Baño: 7
Estado de conservación: 5.5
Desayuno:
Valoración General: 6