Separatistas y separadores

Publicado el 03 octubre 2012 por Cronicasbarbaras

Para los separatistas usted es un separador si les recuerda que la Constitución consagra la unidad de España, que el Gobierno y el Parlamento pueden suspender la autonomía de una Comunidad, y que disponen de fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado para tomar el control de la región cuya casta política se ha rebelado.

“Es que no hay Constitución que valga frente a la voluntad de un pueblo”, dicen Artur Mas o Íñigo Urkullu, arrogándose el poder sobre el futuro de partes del país que son de todos.

“Con esas advertencias los separadores nos amenazan”, protestan irritados.

Pero no hay amenaza alguna al decir que las leyes están para cumplirse y que un país unido desde hace cinco siglos y medio no puede romperse por el oportunismo coyuntural de unos caciques locales.

Rodríguez Zapatero no fue el peor primer ministro de la democracia. Sólo fue el más ignorante e inocentón o bobalicón, tanto que Pasqual Maragall le hizo aprobar un Estatuto que convertía a Cataluña en un Estado casi independiente.

El Constitucional, a pesar del control zapaterista, tuvo que corregir medianamente el texto.

Pero desde una perspectiva histórica fue peor José María Aznar, que en su primer mandato pasó de alentar indirectamente aquel “¡Pujol enano, habla castellano!”, que gritaban muchos de los suyos, a leer catalán en la intimidad y a impedir maliciosamente los recursos contra la inmersión lingüística en ese idioma para obtener apoyo de CiU.

Facilitó además, el control nacionalista de los activos que crean Estado, como la educación, la sanidad y parcialmente la justicia: le regaló cuerpo y alma de las jóvenes generaciones al nacionalismo separatista.

Eso sí es ser separador. Las concesiones por egoísmo coyuntural son separadoras.

Advertirle a Mas y Urkullu que la Constitución prohíbe emprender aventuras secesionistas no es separador: sólo es recordarle la Constitución a los separatistas.

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SALAS