Con la que se ha formado con el tema de la visita del Papa y tal, no podía perder la oportunidad de hablarles de uno de los cultos religiosos más afianzados en el corazón de los romanos y, en mi opinión, uno de los más bellos. Me refiero al culto a la llama sagrada, al fuego de Vesta.
Vesta, Héstia para los griegos, como seguramente recordarán de mi post anterior “Los dioses y la madre que los engendró” (y si no es así les invito a que se pasen y se lo lean) era hija de Rea y Cronos, y era la diosa de la arquitectura, de la cocina y del hogar.
Las vírgenes vestales (cuyo equivalente más cercano serían las monjas) rendían culto a la diosa y eran escogidas de entre las más bellas mujeres de la ciudad a la edad de 6 a 10 años. Las niñas debían ser de padres romanos y que tuvieran una perfecta condición física. Se las separaba de su familia, y como a los romanos les encantaba eso de dejar las cosas claras, se las ataba con una cuerda a un árbol como para dejar claro que ya no dependían de la misma. Después se les cortaba el pelo a lo Juana de Arco y empezaban a recibir instrucción.
Generalmente, las vírgenes vestales eran seis y permanecían treinta años en el templo. 10 eran dedicados al aprendizaje, 10 al servicio de la diosa y otros 10 a la instrucción de nuevas candidatas. Cuando terminaban esos treinta años, las vestales eran liberadas de sus servicios y tenían pleno derecho a casarse si les apetecía, pero generalmente permanecían vírgenes en el templo (recordemos que con 30 y pico años, una romana ya era considerada bastante madurita, si es que no tenía un pie en la tumba casi).
Esta señora era vestal...ya les digo que "Clarins" ha hecho milagros...
¿Y a qué se dedicaban? Pues básicamente procuraban que el fuego de la diosa Vesta no se apagara nunca, mantenerlo encendido constantemente. Fin. Seis personas para eso, así hacían las cosas los romanos, y así de bien les iba en realidad. Hay que tener en cuenta que si por lo que fuera el fuego de Vesta se apagaba, se montaba un cristo de aquí te espero. Era de muy mal gusto y augurio, implicaba que había que buscar las causas, charlas sobre el tema, expiar el templo y volver a encenderlo con la luz del sol. La vestal que había estado de guardia cuando se apagaba el fuego era azotada. Otra obligación de las vestales era permanecer vírgenes y puras durante el tiempo que estuvieran como sacerdotisas. Vesta permaneció virgen siempre, aunque fue bastante cortejada. Castigos para las que les iba la marcha había muchos, cada cuál más cruel y sanguinario. Se empezó por la lapidación, pero un rey posterior, Tarquinio, se inventó un castigo horroroso. Si se sorprendía a una vestal rompiendo sus votos de castidad, lo primero que se hacía era despojarla de la vitta (el velo que la identificaba como sacerdotisa) y todas las insignias religiosas y de prestigio. Hasta ahí dirán “Bueno, me parece lógico”, pero no señores, estamos hablando de los romanos, nunca era suficiente. Se envolvía a la mujer en un sudario para cadáveres y, transportada en una litera, se paseaba por la ciudad como si se tratara de un entierro normal. Después, una vez en el Campus Sceleratus (como el cementerio de hoy en día), se abriría una cripta con una escalera y se obligaría a la vestal a descender. Allí se la encerraría y se la enterraría viva. También le dejarían pan y agua para prolongar el sufrimiento. Ahí es nada. Sólo hay 22 casos documentados de vírgenes (o no tan vírgenes) vestales juzgadas y castigadas en la historia. No creo que haga falta que se pregunten porqué.