Sexo Duro

Publicado el 10 febrero 2020 por Carlosgu82

El pasado sábado Estefanía me dijo que tenía una pequeña reunión en casa de Natalia, su amiga de la adolescencia. Conozco a Natalia incluso desde antes de conocer a Estefanía, además, Estefanía y yo tenemos una relación de adultos así que por mi parte no hubo queja. Me quedé en casa esperando a que Estefanía llegara. Me había dicho que iba a llegar a eso de las 9:00PM maximo 10:30PM.

Yo estaba tranquilo en casa, la noción del tiempo se me fue rápido. Incluso me atrevería a decir que no la estaba esperando. Me encontraba haciendo algunas diligencias del trabajo en la computadora y así el tiempo me pasaba rápido por la concentración, no alcanzaba a pensar en algo más. Pero en un determinado momento, noté que ya casi se hacían las 11:20 PM y Estefanía no había llegado. No era algo de lo que preocuparse realmente pero aún así decidí llamarla.

—…

No contestó.

No quise pensar mucho al respecto y apagué la computadora para irme a acostar. Al cabo de 15 o 20 minutos, llegó Estefanía algo borracha. No demasiado, sólo estaba un poco necia. Al respecto, yo solo reía.

— Hola, mi amor. Dijo Estefanía antes de acostarse sobre mí y darme un beso.

— Sabes a licor. Dije

— Quiero que me cojas. Dijo Estefanía, entre traviesas risas.

Mi pene pasó inmediatamente a estado de erección y me puse en modo dósil, algo que suele ocurrir automáticamente cada vez que Estefanía me induce a la intimidad.

— Hazme tuyo. Supliqué

Estefanía comenzó a besarme y boca con sabor a licor me hizo encenderme rápidamente, verla un poco borracha le daba un toque de sensualidad a su cuerpo, no sé porqué pero así me sentía.

Mi boca comenzó a bajar a su cuello y Estefanía tomó una iniciativa que fue sorprendentemente excitante. Se deshizo de su blusa y agarró la parte trasera de mi cuello para colocar mi nariz en el medio de sus senos. Cerré los ojos y comencé a besarlos apasionadamente, entregado a ella como de costumbre.

— Di que eres mío. Ordenó

— Soy tuyo. Dije entre gemidos mientras al mismo tiempo seguía besuqueando sus senos.

—Ah, di que eres mío. Ordenó nuevamente.

En ese momento separé mi boca de sus senos y la miré hacia arriba con cara de desentendimiento.

— ¡¡¡Di que eres mío!!! Ordenó por tercera vez con agresividad a la par que me bofeteaba.

— Soy tuyo, mi amor. Soy tuyo, todo tuyo. Sólo tuyo, mi amor. Dije sumiso, entregado y dispuesto.

Estefanía deslizó sus short de bluejean hacia sus tobillos y luego los hizo a un lado. Acto seguido, se sentó en mi cara y su húmeda vagina estaba empapando mis labios. Cerré los ojos y me dispuse.

Estefanía estaba descontrolada, se movía sobre mi cara con una excitación que parecía que su cuerpo no podía manipular. Estaba desbordándose de placer al humillarme de tal manera. Halaba mi cabello y me hundía con fuerza su vagina en mi boca. Llegó un momento en el que creo que había llegado, porque tomó mi cabello con sus dos manos y comenzó a moverse con más fuerza y más furia.

Luego de eso, yo con mi pene fervientemente erecto y lubricando a más no poder, quise penetrarla. Pero primero ella se puso a mi lado y agarró mi pene y comenzó a masturbarme con fuerza. Me encanta cuando lo hace, porque a pesar de hacerlo con fuerza no me hace sentir dolor, sólo placer. Y eso demuestra lo buena que es en la materia de manipular penes, mi mujer es toda una experta.

—¿Tú eres mía? Pregunté

Estefanía respondió justo lo que yo quería que respondiera.

— Yo soy de quien yo quiera.

Mordí su labio inferior en reacción a esa respuesta y le dije…

— ¡Que rico! Me encanta que seas de quien tú quieras.

— Pero tú eres mío. Aclaró.

— Yo soy única y exclusivamente tuyo, mi amor. Asentí.

Volví a besar a Estefanía antes de colocarla de espaldas de manera tal de introducir mi pene en su ano, algo que sé que le encanta. Comencé suave y me daba unos apretones a los cuales era cuando menos difícil aguantarse.
Poco a poco fui acelerando el ritmo y comencé a darle con más fuerza, estaba muy excitado y ella también. Mientras más fuerza empleaba, más ganas me daban de venirme así que llegó un punto en el que no aguanté más. Anticipándome, le hice un moño y halé con fuerza su cabello para acercarme a su oído y obsequiarle algo que ama: El gemido de un hombre excitado. Muy excitado.

— ¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!

Fue todo lo que escuchó Estefanía cercano a su odio mientras mi semen se escurría por sus nalgas.

Estefanía estaba sudada, despeinada y completamente desnuda, con restos de mi esperma recorriendo sus glúteos y muslos. ¡Que sensual se ve así!

Yo me acosté a su lado apagado tras el esfuerzo empleado en cogerla. Sintiéndome una vez más, feliz de ser completamente suyo.