Slow Fashion… Menos cantidad, más calidad

Publicado el 13 mayo 2013 por Bebloggera @bebloggera
Por Maha Lub desde España 
Después de que los restaurantes Fast Food invadieran el mundo, nació la filosofía Slow Food. En la última década, el auge de la MacModa ha supuesto un gran impacto global. Hoy en día, las tendencias de las pasarelas llegan a los establecimientos de Fast Fashion a una velocidad de vértigo; tiendas como Zara, H&M y demás por el estilo, versionan al instante las propuestas de los grandes diseñadores y, en un abrir y cerrar de ojos, cualquier novedad está a disposición de todo el mundo a precios muy asequibles…
Yay!
Un momento, no nos alegremos tan rápido, los bajos precios esconden terribles consecuencias. ¿Sabemos quienes son las auténticas fashion victims? Tras leer esta entrada, tal vez descubráis que no queréis seguir pagando el precio que conlleva tanta moda barata. Si queremos ser respetuosos con nuestros semejantes y con el planeta, conectar el modo Slow es la mejor revolución a nuestro alcance; la moda puede ser más ética y relajada, por eso, me parece importante hablar desde aquí de la Slow Fashion.
Las tiendas que despachan moda rápida, lanzan no dos ni cuatro colecciones al año sino hasta quince, con esta fórmula de fabricación asociada a etiquetas finales con precios de risa, se genera una necesidad constante en el consumidor que lo insta a adquirir nuevas prendas, muchas de las cuales terminarán en la basura sin apenas haber sido utilizadas. Antes de sucumbir a la tentación, deberíamos tomarnos un momento para plantearnos lo absurda y peligrosa que es esa necesidad constante de consumo. Adquiriendo tal cantidad de prendas baratas y a la última, no solo sustentamos la existencia de este carrusel de tendencias, también estamos contribuyendo a un mal común.
Pensemos:
  • En el gasto de combustibles fósiles empleados para fabricación y distribución de las materias primas y las prendas finales. 
  • En el consumo abusivo de las reservas agua, desde para el riego en las cosechas masivas de algodón, hasta para el lavado ese tan lindo de los denims envejecidos o el tintado de telas. 
  • En la contaminación por metales pesados. Tanto el plomo, como el cobre, el cromo, el mercurio y el cadmio se emplean para la fabricación de textiles, ¿dónde terminan? Vertidos en la naturaleza e impregnando las prendas que acabarán en contacto con nuestras pieles.
  • En la gran cantidad de sustancias químicas utilizadas en la industria textil. Como promedio, para fabricar un solo pantalón vaquero se utiliza medio kilo químicos. Todo esto incrementa peligrosa la presencia de dichos productos en la naturaleza. En China, hay ríos que cambian de color varias veces al año en función de los tonos que estén de moda. Además de en la naturaleza, estas sustancias químicas peligrosas quedan impregnadas en las prendas que adquirimos y, cuando las lavamos, podemos llegar a degradar dichas sustancias químicas y transformarlas en disruptores hormonales o en sustancias cancerígenas. Podéis encontrar más información al respecto en el informe de Greepeace, Puntadas tóxicas: El oscuro secreto de la moda.

Estos son argumentos con suficiente peso como para hacer que muchos nos replanteemos nuestros hábitos de consumo. Los recursos naturales del planeta, no pueden aguantar los ritmos impuestos por la Fast Fashion. La excesiva demanda de fibras es un factor a tener en cuenta en el cambio climático, los cultivos necesarios para sostener la industria de la moda rápida y las fábricas de tejidos, están destruyendo muchos ecosistemas, causando muertes, generando más sequías y provocando una mayor desertificación del planeta. Si tenéis tiempo, en este vídeo conoceréis la realidad de quienes viven en los principales pueblos textiles de China, las auténticas víctimas de la moda:

Marcas como H&M, C&A, Marks & Spencer, Zara, Mango, Puma, Nike o Adidas, ya se han comprometido a haber desintoxicado sus colecciones en el 2020. ¿Esto es una buena notica? Eso parece... ¿Pero qué clase de buena noticia es una que implica siete años más permitiendo tantos crímenes?, ¿y los daños que vendrán hasta entonces?, ¿qué podemos hacer desde ya los consumidores? Si nos acercamos a la filosofía Slow Fashion, aunque solo sea un poquito, estaremos ayudando a desintoxicar nuestro planeta.

Foto: MínimaElena.

El término Slow Fashion fue utilizado por primera vez en 2007 por Kate Fletcher, tomando los valores de la filosofía Slow, este movimiento nació para ser la némesis de la ropa producida en masa; en su origen, hacía referencia a las prendas hechas a mano. Hoy, los valores de la Slow Fashion van mucho más allá y todos podemos acercarnos a ellos de diversas maneras.
  1. Visión global: Los productores de Slow Fashion son un colectivo interconectado, sus decisiones se rigen por la sostenibilidad y, como la unión hace la fuerza, sus acciones suponen un beneficio para todo el planeta.
  2. Reducción del consumo para una menor producción: Si más personas compran una menor cantidad de prendas menos a menudo, la industria de la moda puede convivir en equilibrio con los ciclos naturales de regeneración de la tierra.
  3. Diversidad: La Slow Fashion apuesta por la diversidad ecológica, social y cultural. Mantiene vivas técnicas tradicionales de fabricación de tejidos, tintado y confección. Incorpora y promueve diversos modelos de negocio que respeten a las personas y al medio ambiente, grandes firmas de moda, diseños a demanda, tiendas vintage, de segunda mano, talleres de costura que den un nuevo aire a viejos patrones, clubs de labores, alquileres, trueques...
  4. Respeto por las personas: Todo trabajador debe ser tratado con integridad y cobrar un salario digno. Además, algunas marcas de Slow Fashion también ofrecen a sus empleados programas de formación que los ayudan a especializarse.
  5. Reconocimiento de las necesidades humanas: Los diseñadores pueden satisfacer las necesidades humanas de creatividad, identidad y participación, contando la historia que hay detrás de una prenda o, brindando al consumidor la posibilidad de tomar parte en el proceso de diseño.
  6. Construcción de relaciones laborales: La colaboración entre productores y co-productores asegura relaciones estables y duraderas que generen un movimiento más fuerte.
  7. Recursos sostenibles: Las marcas de Slow Fashion utilizan principalmente materiales locales y además, apoyan el desarrollo de los negocios de su zona.
  8. Calidad y belleza: Las tendencias pasan, los diseños clásicos, no. El uso de telas de gran calidad y los cortes tradicionales aseguran la longevidad de las prendas.
  9. Beneficios: Para que un negocio sea bueno, todos los que participan en él deben ganar. Los precios de la Slow Fashion suelen ser más altos debido a que sus productores, se aseguran del buen uso de los recursos naturales y  brindan salarios justos, a todos los que participan en la cadena de fabricación y venta.
  10. Practicar la concienciación: Tomar decisiones responsables, basadas en pasiones personales y que tengan en cuenta la conexión de las personas, entre sí y con el medio ambiente.

¿Cómo aplicar la filosofía Slow Fashion en nuestro día a día? ¡Con lo difícil que es resistirse a prendas tan bonitas y baratas! Todos sabemos que pequeños gestos sumados construyen grandes cambios. Basta por empezar con no comprar ropa que no nos convence mucho, o que no necesitamos.
Si nos hacemos con un fondo de armario de prendas de calidad etiquetadas como Slow Fashion, será muy sencillo añadir algún toquecito con el que ir a la última sin necesidad de renovar todo nuestro vestuario. Es posible que algunas personas no puedan pagar el precio de la moda lenta, pero sí pueden practicar el movimiento Slow de otras formas.

El mundo "DIY", tejer, confeccionar la propia ropa, rescatar prendas del baúl de la abuela y darles un nuevo aire, comprar en pequeñas tiendas locales, vintage, intercambiar modelitos con las amigas, apostar por diseños atemporales, incluso con este tip que compartí hace un tiempo, estaréis dando más vida a vuestra ropa y necesitaréis comprar menos novedades.

¿Qué me decís? ¿Os sumáis al modo Slow?