"Usted ya sabe -me dice el colega, siempre tan ceremonioso- por qué le comento esto, ¿verdad? No hay que contarlo todo. Que tampoco es necesario ni acaso posible. Al fin y al cabo, la vida está llena de sobreentendidos".
Caí en la cuenta de que me estaba pidiendo que no contara lo suyo. Como sé que suele leerme, no lo voy a traicionar. ¿O debería hacerlo? Si fuera así, no dudo de que me mandará una señal...