Sobre las zonas económicas especiales en venezuela y la experiencia china.

Publicado el 16 diciembre 2014 por Jmartoranoster
Voces Contra El Imperio Cuando escuchaba al presidente Nicolás Maduro reflexionar sobre las últimas 28 leyes habilitantes, y especialmente la referida a la creación de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), recordé una interesante charla con el camarada José Antonio Egido sobre un libro que había escrito varios años atrás en razón del particular modelo económico de la República Popular China que su dirigencia definió como “socialismo de mercado”. En su escrito, el camarada Egido resalta la teorización que al respecto desarrolló el hoy fallecido líder comunista chino, Chen Yun (1905-1995), que resumía bajo la expresión “El pájaro en la jaula”. De acuerdo con Chen, “la jaula” figuraba la planificación centralizada y dirigida por el Partido Comunista Chino (PCCh) de las ZEE, pero dentro de ésta debía permanecer “el pájaro” (la economía capitalista). Este era libre de volar como desee pero solo dentro de los límites de la jaula. Aquel enunciado de Chen Yun sirvió como título oportuno para el libro del camarada Egido. Aunque Deng Xiaoping (1904-1997) es considerado mundialmente como el padre de las reformas económicas de China, luego de la muerte del legendario líder de la revolución china, Mao Zedong (1893- 1976), fue precisamente Chen quien más teorizó y se involucró directamente en los detalles de la construcción de las reformas económicas adoptadas por Deng a finales de la década de 1970 y 1980, más tarde definida bajo el nombre de“socialismo de mercado”, así lo reconoce el camarada Egido. Chen reclamaba que la revolución china, por la difícil situación de haber heredado una economía semi-feudal y con escasas experiencias de capitalismo incipiente, “debía dar cabida (por un tiempo determinado) a la convivencia con los aspectos del capitalismo”, de forma que permitiera desarrollar apresuradamente, y sin mayores traumas, las fuerzas productivas del país asiático, pero sin comprometer los principios de justicia social e igualdad que proclaman las banderas del socialismo chino. Chen interpretaba las ideas de Carlos Marx en aquello que decía:    Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. (…) Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana. [1]. Premisa que, entre otras, sirvieron a Chen para argumentar la arquitectura de las reformas económicas el Estado debía promover siempre que sean controladas por este y el PCCh. Insistía Egido en que el pensador comunista chino estaba muy consciente de los peligros de su propia estrategia económica, y por ello consideraba que la aplicación de las reformas debía hacerse con sumo cuidado y que los límites de “la jaula” debían estar bien definidos y asegurados. Por esa razón, Chen demandaba  el fortalecimiento del PCCh para hacer frente a la naciente burguesía china que surgía junto a las fuerzas productivas capitalistas desarrolladas en ese país; la que pretendía –y sigue procurando- penetrar al partido para destruirlo desde dentro. El sabio Chen alertaba que de no amurallarse ideológicamente el PCCh contra la nueva burguesía “China estaría en peligro de abandonar el socialismo y de restaurar el capitalismo”.Premoniciones que, hasta cierto punto, se han cumplido. Muchos estudiosos opinan que la jaula construida por Chen Yun para controlar  al capitalismo en China se rompió muy tempranamente, y que la burguesía china hoy logra controlar importantes espacios políticos. Otros, por el contrario, consideran que el PCCh se mantiene consolidado y constantemente luchando contra las desviaciones burguesas, lo que se ha manifestado en los últimos congresos del PCCh y con los juicios a distintos líderes del partido en los últimos años.   No obstante, fue precisamente Chen Yun, en 1983, uno de los líderes respetados del PCCh que más hizo públicas sus reservas y quejas por la contaminación espiritual que había traído a la República Popular China la introducción de un capitalismo “controlado” que, según el pensador chino, muy tempranamente comenzó a violentar los límites que le había impuesto el propio Estado; penetrando al PCCh y a representar una verdadera amenaza para el futuro de la revolución China. A nadie duda del éxito económico de China, convertida hoy en la indiscutible primera economía mundial, superando a Estados Unidos en tan solo 65 años (luego de la revolución en 1949), con un PIB de 17,6 billones de dólares, frente a los 17,4 billones de dólares de la otrora primera economía estadounidense, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta sola razón hace del modelo chino un atractivo digno de estudio para muchos de derecha e izquierda en todo el mundo. A diferencia de la China pre revolucionaria, la Revolución Bolivariana heredó un país en 1999 con una precaria economía capitalista rentista-petrolero dependiente y una enorme carga social de pobreza, hambre y desempleo. Los niveles de pobreza en Venezuela llegaron a rondar el 50% en 1999, mientras que la pobreza extrema se ubicó en más del 10% para la misma fecha [2]. La revolución emprendida por el Comandante presidente Hugo Chávez se planteó, en primera instancia, la nacionalización de las industrias estratégicas del país: fundamentalmente la industria petrolera (PDVSA, que estaba en proceso de privatización) y las industrias básicas (la siderúrgica y la industria eléctrica), entre otras como CANTV que habían sido privatizadas durante los gobierno de la 4ta República. Una vez recuperadas las empresas estatales, el gobierno bolivariano pudo disponer de un recurso importante para plantearse la revolución social y económica: dos fases de una misma ofensiva revolucionaria. La primera consistió en la inversión social. Se crearon Misiones y subsidios para saldar la deuda social. La segunda fase es la que se construye hoy: la revolución económica. Si bien para  este propósito el Estado ha venido realizado importantes inversiones, sigue estando aún en proceso de despliegue pero con muchas dificultades que se explican, en parte, por el modelo económico heredado y un contexto internacional poco favorable.    La burguesía venezolana que controló el poder del Estado hasta 1999, nunca alcanzó a desarrollar las fuerzas productivas del país, por el contrario, continuó creciendo, a decir del gran intelectual venezolano Orlando Araujo (1927-1987) “como una oligarquía importador” [3], por ende, parasitaria y extremadamente relacionada con los capitales transnacionales y dependiente de la renta petrolera del país. Pese a esto, sí logró contaminar con sus ideas y su propia espiritualidad (consumista, fetichista, egoísta, individualista, clasista) y sus falsos sueños de progreso social) a una parte importante de la sociedad venezolana. El capitalismo fracasó en Venezuela muy temprano, nunca logró desarrollarse. Además, habría que añadir que el modelo capitalista venezolano de subdesarrollo, monoproductor y dependencia de EE.UU. era parte, también, de una imposición foránea aplicada en varios países de la región y el mundo, de la que muy bien teorizaron y explicaron reconocidos intelectuales economistas con la tesis de la Teoría de la Dependencia, entre ellos Theotonio Dos Santos, André Gunder Frank, y muchos otros. Volviendo al punto. Sin lugar a duda, la experiencia económica china es una experiencia digna de estudio, al igual que otras experiencias que merecen también un debate obligatorio para los cuadros políticos y técnicos (economistas) de la Revolución Bolivariana. Claro está, siempre que se estudie bajo criterios válidos y científicos; que conciba las particularidades históricas, las potencialidades, los contextos y los aspectos culturales que permitieron el gran salto del gigante asiático; en la medida que nos permita además conocer los aciertos y los errores de ese modelo para evitar las repeticiones a calco y copia. ¿Serán las ZEE en Venezuela una copia de las desarrolladas en China? ¿Concibe el Estado una participación accionaria significativa en las nuevas industrias más importantes a establecerse dentro de la jaula venezolana? ¿Se encuentra desarrollando el Estado venezolano una Planificación Centralizada para promover el desarrollo de aquellas actividades que realmente son necesarias para el país? ¿Qué hará la Revolución Bolivariana para amurallar ideológicamente al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y evitar el aburguesamiento de sus cuadros? ¿Fuera de los límites de la jaula, también concibe el Estado revolucionario seguir desarrollando las fuerzas productivas sin la intervención del capital privado? La respuesta a éstas preguntas serían fundamentales para un debate de profundidad. Espero que la Editorial “El Perro y la Rana” aproveche este momento para por fin publicar el citado libro del camarada José Antonio Egido. Fuentes: [1] Crítica a la economía política, Por. Carlos Marx. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm [2] Pobreza en Venezuela http://www.ine.gov.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=376:la-pobreza-continua-disminuyendo-en-venezuela&catid=123:pobreza [3] Venezuela violenta, Por. Orlando Araujo http://www.bcv.org.ve/Upload/Publicaciones/VenezuelaViolentaOrlandoAraujo.pdf