¿Sociedad abierta o cerrada?

Publicado el 22 mayo 2013 por Dean
"Si bien sólo unos pocos son capaces de dar origen a una política, todos nosotros somos capaces de juzgarla". Pericles de Atenas.
¿Cómo tiene que estar constituido el estado para que los malos gobernantes puedan ser derrocados sin derramamiento de sangre, sin violencia? (Karl Popper, la sociedad abierta y sus enemigos) Las hoy llamadas democracias son ejemplos de respuestas a este interrogante, con su sencilla teoría de que el gobierno puede ser despedido por el voto de la mayoría. Esto se basa en la teoría de que el pueblo es el único legitimador de los gobernantes, pero todos sabemos que en realidad el pueblo no gobierna sino que evidentemente lo hacen los gobiernos, los burócratas, nuestros bárbaros amos (como los llamara Churchill) a quienes es difícil y en nuestro caso, prácticamente imposible responsabilizar de sus acciones. Pero sigamos suponiendo que el mecanismo del voto mayoritario contemplado en la Constitución es válido; lo que estamos viviendo hoy día es la prueba real de que el voto de la mayoría no siempre es correcto; la prueba de que tenemos un sistema bastante imperfecto pero al parecer es el mejor que conocemos. La democracia moderna se ha sustentado en la representación proporcional, es decir, que la influencia ejercida por cualquier partido político debe corresponder al número de votos que pueda reunir; y dicho mecanismo ha evolucionado en el bipartidismo como fórmula ideal para que sea factible el gobierno de la mayoría; como ejemplos tenemos a Estados Unidos con Demócratas vs Republicanos, o a Reino Unido con Laboristas vs Conservadores, y en nuestro caso particular PP vs PSOE. En términos de democracia estamos a la altura de los máximos exponentes, pero nuestro país está en la mira de todo el mundo por el tema de la corrupción. ¿Pero dónde está la diferencia nuestra con respecto a los ejemplos mencionados? Que ellos tienen algo que se llama leyes y una constitución adecuada, mientras que nuestra constitución es obsoleta y en la mayoría de los casos faltan leyes. Tal es el caso de la Ley de transparencia que no logra cuajar en el Congreso de los diputados. Por algo España también va a la cola de Europa en el tema de transparencia. Como mínimo se debe cambiar la constitución para que recoja el derecho de acceso a la información como un derecho fundamental, y luego hacer una ley de transparecia que abarque a toda actividad pública, que no se excluya a ninguna institución e incluso a la casa real, partidos políticos, sindicatos, e iglesia con todos sus bienes. Según el organismo que globaliza el derecho a la Información hay 93 países que poseen normativas de transparencia sobre los gobiernos y sus cargos públicos. En su ránking sorprende comprobar como en los puestos número 1 y 2 (de un ránking de 150) se encuentran Serbia y La India, respectivamente. El primero de ellos dispone de una Ley de Libre Acceso a la Información Relevante para el Público aprobada en el año 2004 cuyo interés es "conocer y alcanzar un orden libre y democrático, y una sociedad abierta. La Ley permite al ciudadano, incluso, recurrir con celeridad y de forma gratuita la información que se requiera. En el caso de La India, su ley es también una de las más completas del mundo.
Francia posee una norma que recoge diversas "medidas para mejorar las relaciones entre la administración y el orden público", entre las que se encuentran la libertad de acceso a documentos administrativos, dictámenes del Consejo de Estado, documentos sobre las cuentas del Estado... 

Reino Unido obliga a sus diputados a publicar lo que gastan desde el año 2005 en que se aprobó la ley. Una disposición que generó mucho revuelo en el país cuando el diario "The Guardian" publicó que había diputados que compraban artículos personales con dinero público. Además, ofrece una web en la que se puede consultar las solicitudes y en qué estado se encuentran.

Una sociedad abierta es imprescindible tanto como el amor a la libertad y sólo es posible en una democracia; sus enemigos son múltiples y poderosos ya que la característica central de una sociedad abierta es la manera "transparente" y racional con la que el conocimiento común se obtiene, se elabora y se transmite, y cada ciudadano debe ser crítico con el sistema, lo que demanda libertad de pensamiento y expresión, junto a un aparato legal y cultural que facilite ese ejercicio.