Soñé con Malí

Por Exm


Desde que supe de la existencia de la Mezquita DJenné, no cejé en mi empeño por visitarla. ¿Qué me atrajo tanto de ese lugar? No lo sé exactamente, pero lo cierto es que durante años soñé con visitar el auténtico África y, concretamente, con llegar a Malí. Fué en el 2005 cuando se me presentó la oportunidad y no la dejé pasar. Sabía que me dirigía a un país con poca infraestructura sanitaria, lo que me obligaba a preparar un botiquín aún más extenso lo de habitual y, pese a que también iba mentalizada para realizar un viaje con limitadas condiciones hoteleras, finalmente los alojamientos que tuve superaron mis expectativas. Por no alargarme en mil y una explicaciones, iré directa al grano. Cuando llegué a la ciudad DJenné me quedé petrificada por su belleza natural, por fin había hecho realidad mi sueño; el calor era asfixiante, pero ahí estaba, frente a la mezquita que tantas veces había visto en libros. 

Mercado de los lunes


Esta mezquita, obra de la arquitectura de estilo sudanesa, es la  mas grande hecha en adobe del mundo y, además, hace de decorado del mercado más espectacular que nunca haya visitado. Como en un cuadro africano, sobre un polvoriento suelo, las mujeres  sacan sus cestos repletos de alimentos: pescado desecado, mijo, trigo... Mujeres cuyas caras, tan resecas como la propia tierra de África, ancianas de 40 años con enormes surcos en la piel ajada, cocinan allí mismo para vender después la comida. Los olores de las frituras se mezclan con el polvo que levantan los niños  mientras corretean entre los puestos. El colorido es la característica principal de este mercado, los trajes que visten las mujeres en Malí están hechos con  telas de alegres colores ocres que cubren sus cuerpos y sus cabezas . 

Mujeres  malienses

vendedoras del mercado


Un viaje por esta parte de África es, sobre todo, un viaje etnográfico y resulta impactante ya que , aunque somos conscientes de que aún se vive en condiciones más que precarias en muchas partes del mundo, una cosa es saberlo y otra constatarlo. No es sólo pobreza, es también una forma de vida anclada mas allá  del pasado. La llegada a los poblados de las distintas etnias del país es siempre  un motivo de alegria para las decenas de niños que, descalzos y medio desnudos, corren al lado del coche  con la esperanza de que algo bueno llegue con el vehículo. 

niños de un poblado


Son más de 15 etnias las que se encuentran en el  país, algunas de ellas nómadas,  y visitándolas se puede ver una forma de vida diferente de unas a otras pero con un denominador común: la dureza con la que se afrontan las enormes  obligaciones  para subsistir y  los pocos derechos. Mujeres, embarazadas y con otro bebé a la espalda, están moliendo con un gran palo el mijo bajo un sol abrasador; otras caminan durante horas para traer el agua a la aldea y no deja de sorprenderme la casita apartada del resto, cuya única función  es acojer a las mujeres durante los días de la menstruación, ya que deben vivir apartadas del resto. Algunos se dedican al pastoreo y otros simplemente sobreviven. Visité diferentes poblados, cada uno con sus costumbres y peculiaridades, entre los que destaco a los Bambara por ser la etnia mayoritaria, y los Dogones.  Encontramos otras aledas suspendidas en la falla de Bandiagara, donde el artista mallorquín Mique Barceló tiene una casa-estudio.


País Dogón


El País Dogón, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es otro de  los imprescisdibles de Malí. Los Dogones han mantenido durante años una cultura sin influencias del exterior y que transmiten oralmente de generación en generación.  Songo es una de las aldeas que visitamos, y al recorrerla contemplamos la vida rural  en sus típicas viviendas dogonas. Observándolo desde la montaña  parece imposible la vida en este lugar tan alejado de todo...

Algunos paises tienen tanto que ofrecer a sus visitantes que en ocasiones un solo viaje resulta insuficiente, en mi caso aún tengo pendiente visitar Tombuctú navegando el Niger en pinaza, acampando  para hacer noche durante el recorrido, es una forma de llegar, por lo que aún sueño con volver a Malí.

Datos de interés:
Para viajar a Malí los meses mas idóneos son de noviembre a enero
La vacuna contra la fiebre amarilla es obligatoría para entrar en el país. (Esta información puede cambiar por lo que conviene reconfirmarlo con sanidad exterior)