—Cariño, llego tarde, no me esperes levantada.
Amontona documentos y cierra el maletín. Ya en la calle, corre hacia el metro. Desde la esquina, la mirada efervescente de una mujer triste, la suya, le observa. Cerca, a sus pies, un móvil roto y dos entradas de cine. Fuera la lluvia cesa. Dentro de ella ha comenzado el diluvio.
Texto: Paloma Hidalgo Díez