South island targa rally

Por Eazkoitia
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El fin de semana pasado Marina, Èlia, Joan y yo fuimos a hacer de voluntarios a la etapa del rally de la isla sur de Nueva Zelanda que transcurre entre Queenstown y Glenorchy.

Al contrario que pasa en Catalunya con el rally de la Costa Brava o Costa Daurada (depende del año) aquí no había casi espectadores así que nos aburrimos bastante.

Participaron un montón de coches aunque no todos pudieron completar la etapa ya que, en la segunda vuelta, uno de los primeros coches en salir tuvo un accidente gordo y tuvieron que neutralizar la carrera.Las huertonoticias: La ResistenciaDespués del vendaval volvió el invierno a Glenorchy durante un par de días por lo que las veinte tomateras que teníamos fallecieron congeladas. Esto es la naturaleza, donde impera la ley del más fuerte, y nosotros no tenemos tiempo de llorar a los caídos.

Después de la tormenta salió el sol. Rebuscamos entre los escombros y, milagro, la mayoría de lechugas todavía respiraban. Las acelgas tenían muy mala pinta pero, mala hierba nunca muere, así que las pusimos en la UVI. Los calabacines y los pimientos estaban algo mareados pero parece que se pueden recuperar. Los infinitos brotes de albahaca estaban en estado de shock lloriqueando amargamente junto a un montón de cadáveres de cebollinos, que son como mini calçots.

Teníamos que organizarnos y hacer algo, nuestras verduras dependen de nosotros. Y es aquí cuando una serie de suertudas casualidades tuvieron lugar. Marina salió la tarde del martes a dar un paseo y vio, en el campo de golf, un contendor enorme rodeado de escombros. Ese contendor lo ponen una vez al año en Glenorchy para que la gente tire trastos grandes. Entre esos escombros había un par de ventanas grandes con el cristal intacto. El ojo ingenieril de Marina hizo el resto: invernaderos en potencia. Así que cuando nos vimos por la noche cuando volví de Blanket Bay me dijo “Enrique mañana por la mañana ve ver si las puedes traer, cuidado que son muy grandes”.

A la mañana siguiente me levanté y dudé entre desayunar e ir a ver las ventanas o ir a ver las ventanas y desayunar. Al final opté por la segunda opción. Me puse mi traje de Diógenes, cogí el coche y me fui al campo de golf a rebuscar entre la chatarra. Una vez llegué allí localicé las ventanas y decidí pedir permiso para llevármelas a un señor que estaba pululando por ahí. Me dijo que cogiese lo que quisiese pero rápido porque en cinco minutos venía una excavadora a romperlo todo y llenar el contenedor. ¡Suerte que no decidí desayunar primero! Saqué las ventanas del montón de escombros y resulta que son igual de grandes que el coche. El señor que estaba por ahí me dijo “tu eres el de Marina ¿no?” al más puro estilo de Villar de Argañán. Afirmé y me dijo que fuese a coger su remolque: el tráiler azul de la casa roja, en frente de nuestra casa.

Fui hacia nuestra calle y vi el enorme remolque azul delante de la casa roja, pero el señor se había olvidado decirme que estaba anclado al coche. Aparqué nuestro coche al lado, quité el remolque del otro coche y lo puse en el nuestro. Cuando el señor me vio llegar se empezó a reír a carcajada limpia. “Le has robado el tráiler a Graeme y te ha visto medio pueblo”. En ese momento se me pasó por la cabeza exiliarme en las montañas y convertirme en un ermitaño gruñón, pero como buen cristiano decidí devolver el remolque. Eso sí, primero puse las ventanas dentro y me las llevé a casa. Una vez devolví el tráiler y lo dejé tal cual estaba antes del hurto pude localizar el remolque que debía haber cogido; demasiado pequeño, suerte que no lo vi antes.
Así que ahora tenemos dos invernaderos caseros en el porche de casa donde lo que hemos bautizado como “La Resistencia” empieza a florecer. Enrique & Marina

English versionSOUTH ISLAND TARGA RALLY
Just last weekend, Èlia, Joan, Enrique and I helped the local Glenorchy community with the stage of the South Island Targa rally covering the distance between Queenstown and Glenorchy.

We were surprised because there weren’t many spectators unlike in the Costa Brava and Costa Daurada rallies held in Catalonia.

Lots of cars were involved, though. But not all of them could finish the second lap because a car running in the middle of the line had a serious accident and the race had to be stopped. The Veggie Patch bulletin: The resistanceAfter the gale, the Winter came again to Glenorchy for a couple of days probably only to kill the twenty tomato plants we had. This is nature, where the pecking order prevails and we’re running out of time to moan our losses.

After the storm, we’ve been blessed with a few sunny days. Then, we went through all the dirt and, miraculously, most of the lettuces were still alive. The silverbeets looked awful but we know they’re pretty thought, so we took them to the ICU with the hope of seeing them recover. The pots with peppers, chilies, cucumbers and courgettes were a bit sick with all this movement but they seem like they’ll survive. Finally, heaps of tiny little basil sprouts were found in a state of shock sadly crying in front of the remainings of a bunch of chives.

We had to do something, there were too many vegetable lives counting on us. And it’s here when a series of lucky events took place. On Tuesday, I found out that the District Council had left two massive containers in the golf course. Apparently, we get them twice a year so people from the Glenorchy area can get rid of any rubbish we have at home such as old electric stuff, couches and this sort of annoying rubbish. April, from work, told me that I should check out some massive windows with their glass unbroken left in there as they may be useful for the garden. So there I went with James to have a look (and also to get rid of 3 wifi modems, 8 empty boxes of Moët, an old phone and some more rubbish people we don’t know had kindly left behind in our house) and find out that they were massive and awesome. The next step was giving Enrique the order to pick them up the day after.

The next day, Enrique chose to go to get the windows and then have breakfast instead of to have breakfast and then deal with the windows business. There he went, found them and asked a gentleman who was wandering around the green if was all right to take the windows home. He said that he could take anything he wanted but quickly because there was a bulldozer coming soon to compact all that junk so it could actually fit in the container. Lucky he didn’t chose to do breakfast first! Enrique left the windows in a “safe” place by the car and found out that they were as big as our little Pony. Then the gentleman asked Enrique “Oh! You’re Marina’s man, right? You live in one of the staff houses”. Althought I’m still waiting for my diamond ring, Enrique answered “yes” to this question and he got kindly offered to use our neighbor’s trailer: the blue trailer in front of the red house, opposite our house. 

Then, he went back to our street and saw the big and flash blue trailer in front of the red house. Strange. It was attached to a car. That’s fine, he can shift it to our tow bar (yes! our Hyuday’s got a tow bar). But when he got back to the course, our neighbor was cracking up: -You just stole Graeme’s trailer!-Ops! I’m sure he won’t mind. -Ok, but you tell him next time you see him. And this is how Enrique moved our new glass covers from the GY golf course to our house. Don’t worry, he put back the trailer on its owner’s car and also told him when we saw him. He obviously knew, as everyone else in the village.
So, yes! Now we have two homemade glasshouses in the deck and the so-called “resistance” is just starting to germinate. Enrique & Marina