Streets of Fire - 1984

Publicado el 04 agosto 2019 por Jimmy Fdz

Director: Walter Hill

ULTRA
Por sobre todas las cosas, "Streets of Fire" es una absoluta gozada fílmica. Es una película frenética y trepidante, infernalmente entretenida, también es una película sobre delincuentes juveniles como se estilaba en los cincuenta (podríamos recordar al Marlon Brando de "The Wild One"), también es un western, también una cinta de acción y de aventuras, también cine negro teñido de musical, también una historia romántica, también es parecida a "The Warriors", en cierta forma un film underground pero producido y distribuido por gente con dinero y redes. De importar, el argumento no importa demasiado, sí el estilo, cuánto estilo, high stylized madness, invocar una estética, un pastiche de estéticas desenfrenado y desenfadado, y todo comienza cuando en un barrio mugroso de alguna ciudad, indefinida e intemporal, en donde ya hemos visto que se mezclan íconos e imaginerías de varias épocas, se presenta una famosa estrella de rock, Diane Lane, la que, en medio de su presentación es secuestrada por un grupo de pandilleros motociclistas que la esconden en una fábrica abandonada convertida en un antro musical. Por cierto, el líder de la pandilla es Willem Dafoe, que al parecer se le daba bien el tipo (recordemos que también interpreta a un violento y nihilista líder de pandilla de motociclistas en "The Loveless", la opera prima de Kathryn Bigelow). Michael Paré llega a la ciudad, y aunque se dice que le da lo mismo, de igual forma va a rescatar a la estrella de rock, que en tiempos mejores había sido su novia. A Paré le prestará ayuda Amy Madigan, una soldado capaz de tumbar de un puñetazo a cualquier pobre diablo que se le plante enfrente. Y el resto es un cóctel de disparos, explosiones, puñetazos e ingeniosos diálogos con tanto poder de fuego como todo lo demás a lo largo de noventa minutos que se pasan volando. Una película que te da la bienvenida con estilo y que se despide, como no podía ser de otra manera, con estilo y un final sencillamente genial.
Imperdible, señoras y señores.