Sus ojos se apartaron de la carpeta y se posaron en el teléfono… ¿Sería ese el teléfono que daría línea directa con el Kremlin? Seguramente… ¿y si probaba? Sería divertido presentarse fuera del protocolo: «¡Hola, colega, soy tu homólogo, sí, el norteamericano! ¿Qué tal va todo por ahí? Por aquí vamos tirando»
*** — Brad, vamos Brad ¿Qué estás haciendo? ¿Aun no has terminado de limpiar la cristalera? Mira qué hora es, son las tantas. Hoy vamos a salir a las mil y gallo. Hay que ir un poco más deprisa, que aquí solo se puede limpiar a estas horas de la madrugada. Dentro de poco esta gente ya empieza a trabajar y hay que dejar todo libre.Ya estaba ahí el aguafiestas de Richi, su cuñado y jefe, el dueño de la empresa que se dedicaba a hacer las tareas de limpieza en la Casa Blanca desde hacía un porrón de años. Su suegro, que en paz descanse, ya se dedicaba a eso.— Si ya le decía yo a Lorraine que no te veía muy válido para esta tarea. Mira que se lo dije. Pero ya sabemos como son las mujeres de machaconas. No podía tener a mi hermana dándome la murga ni un minuto más. Seis meses detrás de mí para que te diese el trabajo, mucho peor que si me someten a tercer grado, lo juro. ¡Venga a trabajar! No me extraña que no te mandasen al paro, si es que te duermes en los laureles muchacho eres un flojo.Bradley J. Donovan suspiró, con todo el dolor de su corazón, tendría que dejar su sueño oval para otro momento, si no quería que Lorraine le tuviese paseando al perro durante veinticuatro horas los trescientos sesenta y cinco días del año.FIN
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