Sueños

Publicado el 07 octubre 2011 por Anarod

Recientemente anduve tratando en clase del sueño romántico. Apenas unas pinceladas y de nuevo el lamento por la escasez de tiempo y cierta melancolía al recordar a algunos de aquellos sonámbulos, como el Príncipe de Homburgo, de Kleist, desdoblado entre la existencia real y esa otra vida de los sueños, caminando por su filo, moviéndose en ese territorio "sin medida común con las dimensiones del estado de vigilia", comonos enseñó Albert Bèguin en su impar ensayo.
Es difícil olvidar su imagen en según aparece nada más empezar a leer la obra: "sentado bajo una encina, con la cabeza desnuda y la camisa entreabierta. Medio en sueños, trenza una corona".
Es difícil olvidar las palabras que le dirige el Conde de Hohenzollern al advertir el leve extravío de su espíritu: "¿Vuelve a la nada, Príncipe de Homburgo! ¡Sí, a la nada! Mañana, en el campo de batalla, nos encontraremos. ¡No se gana los laureles soñando!".
Pero el Príncipe hace caso omiso de esa llamada apremiante y no vuelve a la realidad, como le insta Hohenzollern, aferrado al sueño que enseguida pasa a relatar.

(Las citas proceden de una vieja y querida edición, en la colección Maldoror de Labor, 1973, en traducción de Julio Diamante y Elena Sáez).
Evocaba esa escena y yo misma caminaba algo perdida (aunque por razones más prosaicas como lo son las elevadas temperaturas que nos asuelan y la no menos elevadísima contaminación ambiental que nos azota y que ha llevado a nuestros mandamases autonómicos a volver a poner el límite de velocidad en las rondas, el que nada más empezar a gobernar se apresuraron a suprimir, por cierto), cuando llegué a la Plaza de Cataluña, donde habían reaparecido los "indignado" del 15M.
Recordé los comentarios condescendientes de algunos y sobre todo el reproche sobre lo evanescente e impreciso del movimiento y bla, bla, bla...
Recordé que pululaban las pancartas o grafittis con la voz sueño.


Y recordé la escena XII del Libro Primero de Viva mi dueño (la segunda novela del ciclo "El ruedo ibérico" de Valle-Inclán, según es bien sabido). En ella, están don Juan Prim y algunos asiduos que forman parte de su conciliábulo de emigrados. Al acabar la reunión y salir a la calle, tiene lugar un cambio de impresiones sobre el cable llegado de Lisboa y las noticias recibidas, y un "vejete descontento" expresa sus dudas y reticencias, a las que otro de los contertulios replica, sosteniendo otra discusión:
"-¡La Historia se hace con sueños!
-¡Y con ambición!
-No hay honrada ambición sin demencia.
-Don Juan se pasa de cuerdo.
-Eso le pierde. ¡No hará nada!
-Derribará el Trono. Yo tengo confianza en su acción.
-Le faltan las alas. ¡No sueña!
-¿Quería usted un poeta para hacer la revolución?-
Si a usted le da lo mismo, un Profeta."
(Valle-Inclán: Narrativa Completa II, Espasa-Calpe, 2010, pp. 1437-8)

Empiezo a leer Reflexions d'un vell centenari, de Mosisés Broggi (médico formado en la República que contribuyó decisivamente a los progresos clínicos habidos durante nuestra Guerra Civil como cirujano en el frente, con los brigadistas) que acaba de publicar Edicions 62.
Broggi empieza relatando "Un somni de mar" que tuvo a los cuatro años, cuando por primera vez viajó a Barcelona y vio el Mediterráneo. Y me adentro en unas páginas repletas de vida, que eluden el tono crepuscular pese a les denuncias y al alegato que encierran contra la destrucción y la ruina, o contra una ciencia que hemos pasado de admirar a temer.

Más tarde, escucho las explicaciones del conseller Puig en un "59 segundos" sobre lo sucedido en la Ciudad de la Justicia cuando cuatro o cinco imputados por loshechos del 15 de junio iban a presentarse ante el juez y los mozos de escuadra los detienen en la cafetería. Un viejo truco. "Exceso de celo" justificó el conseller.policial.