Supercalifragilísticoespialidoso

Publicado el 31 enero 2014 por Lorena White @lorenagwhite

La primera vez que vi Mary Poppins era tan pequeña que ni lo recuerdo. Era costumbre en mi casa que los Reyes vinieran cargados de películas de Disney en VHS, que en mi cumpleaños pidiera películas de Disney en VHS, o que por regalo de (buenas) notas pidiera más películas de Disney en VHS. Pero no se acumulaban en una montaña, como lo hacen ahora todos esos libros que quiero leer y no me da tiemmpo, no. Me las veía todas sin excepción. Me las veía y las volvía a rebobinar y la volvía a ver. Me sabía (creo que podría ponerme a prueba porque quizá todavía queda algo de esa Lorena pequeñita de enfrente de la televisión) hasta los diálogos. Y las canciones ni te cuento. En fin, mi madre siempre dice que sabía manejar el vídeo (ese cacharro que los más jóvenes no conocéis, que sirve para poner películas de cinta y rebobinar, y darle al stop, y volver a rebobinar… Y si ya grababan, eran la leche) antes de saber hablar. Supongo que la pequeña Lorena tenía más tiempo material para dedicarse a ver pelis que la Lorena mayor.

Si cierro los ojos y pienso en Mary Poppins, se me viene a la cabeza su palabreja estrepitosa, impronunciable y a la vez musical: supercalifragilísticoespialidoso. Y también saluda por los huecos de mi memoria infantil, eso de: “Cooon uuun poooco de azúcar esa píldora que os dan. La píldora que os daaaan, pasará mejor. Si hay un poco de azúcar, esa píldoraaa que os daaan, saaatisfechoos toomaaréeeis” (he alargado las palabras con permiso de las vocales y la RAE, para que los muy fans de Disney como yo, podáis cantar la canción y no leerla).

Hoy se estrena en los cines, Al encuentro de Mr. Banks, película que narra cómo se gestó la película que años más tarde y durante generaciones, los niños pondrían y rebobinarían, y pondrían otra vez y volverían a rebobinar. Y lo mejor de todo no es la historia en sí (bueno, seguro que la historia en sí está muy bien), lo mejor es ese ése actor que hace maravillas y que hipnotiza al espectador, que lo mismo te salva un barco atestado de piratas, que se pierde en una isla y entabla amistad con una pelota a la que pone de nombre Wilson. Que de pronto tiene que cuidar a un perro que se come su casa y su coche o tener una casa que era una ruina. Ése señor, tan genial actor, llamado Tom Hanks, que en Al encuentro de Mr. Banks encarna a nada más y nada menos que a Walter Elias Disney (Walt Disney para los pequeñitos que nos hicimos mayores con sus películas). Y qué me decís de la siempre elegante Emma Thompson, que no se puede ser más guapa ni más divina.

A parte de los recuerdos de la tierna infancia, hoy me siento supercalifragilísticaespialidosa, y no, no es por la película, sino por otros motivos que espero poder contaros pronto. Ojalá vosotros os sintáis también supercalifragilísticos hoy, y ojalá esa sensación os dure todo el fin de semana. Y si no os sentís así, tomad un poco de azúcar con la píldora que la vida os haya puesto en el camino para tropezar (a veces las píldoras son muy grandes y traicioneras), seguro que os encontráis mejor cuando la medicina haga efecto.

(Qué pastelosa me he puesto, ¿eh? Cómo se nota que no se puede estar más contenta).

Hasta el lunes, almas cándidas :)


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