"Jag lät alla mina maskrosor finnas
fast jag vet att dom kallas ogräs och bör rotas ut.
Men det är så skönt att sitta och minnas
små solar i gräset när sommarn är slut,
för hela året drömde jag
om vår korta sommar drömde jag"
(estrofa de una canción sueca de) Carl Anton Axelson
Traducción aproximada :
He permitido que florezca el diente de león
sé que dicen que es una mala hierba y tendría que arrancarlo
Pero es tan bonito el sentarse y recordar
los pequeños soles en el césped una vez que el verano ha terminado.
Durante todo el año sueño yo
con nuestro corto verano sueño yo...
Cuando mis hijas eran pequeñas íbamos a Suecia en verano. Pasábamos primero unos días con su abuela materna (Farmor) en Estocolmo y luego nos instalábamos en "la casita de la isla".
El barco salía del centro mismo de Estocolmo y tardaba casi cuatro horas en cubrir el trayecto hasta Tyvö ("nuestra" isla). Navegaba por el archipiélago, atracando en unas islas y otras para subir o bajar pasajeros. Las niñas correteaban por la cubierta cantando "Nu är det Jul igen," (otra vez es Navidad) que era la única canción en sueco que se sabían y devoraban docenas de kötbullar que servían a bordo.
Las mayores se encargaban de ir hasta la bomba con un cubo para traer agua dulce mientras las pequeñas buscaban trolls en los troncos de los árboles o debajo de las enormes piedras cubiertas de musgo. Pescaban, exploraban y si el Báltico lo permitía, se bañaban (la foto de abajo fue tomada el verano más caluroso que había tenido Suecia en no sé cuántos años)
Para comprar comida, íbamos en lancha a otra isla más grande donde había un supermercado que vendía todo lo imaginable: alimentos, botas de goma, pintura, chalecos salvavidas, libros, etc. (De todo, claro está, menos bebidas alcohólicas, que en Suecia se venden solamente en los Systembolaget, establecimientos especialmente autorizados - para comprar una botella de vino había que ir prácticamente hasta Finlandia). Como en la lancha no cabíamos todos, iban por turno las dos que mejor se habían comportado cada semana y traían una sorpresa para las que se quedaban. Así se hicieron con una colección de objetos variopintos (redes para cazar mariposas, binoculares, prensas de hojas, etc) que dejábamos en la isla cuando nos volvíamos a Madrid para que redescubrieran al año siguiente.
Dejamos de ir cuando las niñas se hicieron mayores - preferían irse de viaje con sus amigas. Nos trasladamos a vivir a otro continente y se acabaron los viajes a Suecia.
Este verano, mis dos hijas mayores han vuelto a ir a la bellísima ciudad de Estocolmo de vacaciones. Casi veinte años después, van a reencontrarse con los olores y los colores de un retazo de su niñez. .