Tuvimos la doble suerte de que nos llevasen durante una clase de autoescuela aérea, con un piloto de prácticas y otro piloto a su lado, con lo que la duración del vuelo fue mayor de lo normal, además el piloto era húngaro-argentino y hablaba castellano, lo cual agradecí, ya que por aquel entonces apenas entendía un poco del idioma magiar. Un saludo a Esteban si algún día llegase a leer esto. Me consta que hoy en día ya maneja pájaros más grandes.
Sobrevolar Szeged totalmente nevado con el río Tisza congelado y cuya superficie también estaba nevada fue una experiencia fantástica. También se puede hacer el vuelo nocturno, aunque no es precisamente Szeged una ciudad que cuente con mucha iluminación, pero parece interesante. A pesar del pequeño tamaño de la avioneta, no mayor que el espacio de un automóvil, fue un vuelo bastante cómodo y tranquilo. Digamos que he tenido vuelos mucho más moviditos en los Boeing y Airbus. Es una experiencia que recomiendo a todo el mundo, y no es especialmente cara. En mi caso fue un regalo que disfruté como un niño. Podéis contactar con la empresa en la web rivair.hu. También realizan vuelos privados a otras ciudades de Hungría y países cercanos (no muy lejos debido a la escasa autonomía de estas pequeñas avionetas).
Os dejo unas fotos de la ciudad durante nuestro vuelo.