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Tadea Lizarbe: "¿Por qué el amor no puede ser el factor más importante en una novela negra?"

Publicado el 06 diciembre 2019 por Toni_delgado @ToniDelgadoG
En 'Marionetas sin hilos' (Harper Collins) la exjugadora del Basket Zaragoza, del Unión Navarra Basket o del Fundación Navarra Baloncesto Ardoi sobre manipulación y autenticidad 

Tadea Lizarbe con su tercera novela, 'Marionetas sin hilos'. Foto: Carlos Bassas. 


Toni Delgado (ToniDelgadoG) / L'Hospitalet de Llobregat  

—Aunque la escribo con mucho cariño, me sorprende que alguien me pida una dedicatoria –confiesa Tadea Lizarbe (Pamplona, 1988).

La teoría de la exjugadora del Basket Zaragoza, del Unión Navarra Basket o del Fundación Navarra Baloncesto Ardoi tiene lógica: "El libro está hecho con un mimo infinito para que quien lo lea me devuelva lo que ha sentido. ¡Soy soy quien quiere su dedicatoria!".
—Tadea, se me ocurre que... Cuando firmes libros, dejes una libreta grande para que la gente te escriba lo que le parezca.   —Toni, ¿no crees que eso sería lo lógico? Si escribes para conversar con quien te lea, su respuesta tendría que ser una dedicatoria.  

Las personaliza. Por eso Tadea Lizarbe pregunta y repregunta hasta encontrar las palabras precisas que encajen con esa persona. Ya ha firmado muchos ejemplares de Marionetas sin hilos (Harper Collins), su tercera novela. Ada Cuevas, una taquígrafa de los juzgados, es informada por los oficiales Badía y Huguet de que Iker, su marido, ha muerto en un accidente. "Alguien sujeta mis añicos, conteniendo mis brazos para no caer al suelo. No sé quién. Ella o él. Él o ella...", piensa Ada, a quien se le cae el mundo encima sin Iker e intenta suicidarse en la planta de Psiquiatría del Hospital Universitario. "Lo más difícil", reconoce Tadea Lizarbe, "ha sido explicar cómo una persona oscura había podido ser feliz amando sin dejar de ser fiel a sí misma".  Ada recibirá unas "extrañas" cartas con el dibujo de un ciprés. Mensajes oscuros que la iluminan: "Claro, le pican la curiosidad interna, cambia su perspectiva y tiene que tomar un montón de decisiones".  La otra protagonista de Marionetas sin hilos es la oficial Bruna Badía: recordemos, una de las personas que informa a Ada de que su pareja ha muerto. Bruna es brillante, ingeniosa e independiente, y oposita por ser subinspectora con su compañero Martín Huguet, de quien está muy enamorada. "Esa competición hace que admire más a Martín. Si no fuera tan segura de sí misma, quizás boicotearía a su rival. Ambos se ayudan", describe Tadea Lizarbe. Bruna y Martín tendrán que resolver el caso de un cuerpo aparecido en una postura mística.   Bruna saca su lado más cómico cuando piensa en Martín. "El amor provoca esas cosquillas. Tanto a Bruna como a Ada les remueve ese sentimiento. Sin Iker, a Ada el amor sólo le hace daño. Tiene su lógica, el amor la maneja para bien y para mal. ¿Por qué no puede ser el factor más importante en una novela negra?", se pregunta Tadea Lizarbe, que al principio de Marionetas sin hilos nos desvela que Ada Cuevas y Bruna Badía tienen en común una infancia difícil de digerir para su entorno. Ada se colaba en las casonas para desordenar muebles o le cortaba la cabeza a las lagartijas. Su obsesión era atormentar a los demás y tenía excusas para todo. El motor de Bruna era una curiosidad sin límites que le hacía presentarse en clase de Ciencias Naturales con un gato muerto. Le interesaba muy poco estudiar y relacionarse con el resto de la clase. Ambas necesitaban experimentar y ninguna se sentía incomprendida. "Con las mismas capacidades y objetivos distintos, aparentemente serán dos personas muy diferentes... Pero si hurgáramos en su interior comprobaríamos que son... Iguales", advierte la entrevistada, para quien escribir es un  ejercicio de reinvención y de salir de la zona de confort: "Me dejo llevar por la intuición o por el gusto de lo que me apetece relatar en ese momento". Escribe como si preparara una ensalada mixta muy completa, mezclando géneros y matices. Podría tocar casi cualquier tecla. —Estoy convencido de que podrías publicar una novela erótica. —[Carcajada]. ¡Toni, es la primera vez que me lo dicen! —Si en dos o tres párrafos consigues ese efecto, también lo lograrías en un libro entero. —[Se ríe y se pone seria]. ¿Cómo vamos a separar lo erótico de lo oscuro si somos un mecanismo global? Odio que la escritura funcione por categorías.  Y odia (y muchos de sus personajes también) las etiquetas. Bruna es ambiciosa y, a la vez, porque no es incompatible, sabe trabajar muy bien en equipo. "A veces se me ocurren cosas de las que la gente se ríe. No me molesta, me gusta como soy", confiesa Bruna. Es el personaje más valiente, seguro y ambicioso que ha creado Tadea Lizarbe, empatado con Alona, de Comiendo sonrisas a solas. Su gran debut literario, pues quedó entre las diez finalistas del premio Planeta 2014. "Tanto Bruna como Alona toman decisiones y se sienten cómodas con ellas mismas", añade Tadea Lizarbe.   Los pensamientos intrusos (o impulsos reprimidos) de Ada y de Bruna se llaman la Vieja Conocida y la Indiscreta: "Les he puesto nombre a los pensamientos intrusos porque para poder tomar decisiones con toda la información posible necesitas identificarlos. Así no eres una marioneta".  —En el fondo, somos marionetas de alguien o de nosotros y nosotras. —Sobre todo de nosotros y nosotras. Tenemos múltiples influencias y expectativas externas... En algún momento nos podemos plantar y decir: "No, mira. Yo soy así. Te respeto, pero voy a decidir por mí libremente". Saltarnos las normas a veces es escoger sin ataduras. Explorar tu parte oscura del mundo te puede convertir en una persona más  completa. Creemos que si caemos en el lado oscuro, ya no hay vuelta atrás, igual que si estamos en el luminoso y estable. Y no. Eres muy vulnerable de alcanzar un extremo y el otro. Por eso voy combinando las historias de Ada y Bruna...  A la escritora pamplonica le encanta adentrarse en la mente de sus personajes. Puede que sea una herencia de haber bebido desde pequeña del cine francés y seguro que lo es de su trabajo como terapeuta ocupacional. Tadea Lizarbe cuida el más mínimo detalle y prioriza la curiosidad a la intriga: "Cuando tienes curiosidad por algo o alguien, empatizas más fácilmente con la historia y los personajes. Para mí la curiosidad es más profunda que la intriga". —¿Te has planteado escribir una novela de baloncesto? —Pues igual... Con tu pregunta surge una idea... [Risas]. El deporte te hace ser más tolerante al sufrimiento y tener una mirada más amplia, te remueve cosas por dentro que pueden pasar desapercibidas para quien no lo haya practicado.  Tadea Lizarbe se retiró como jugadora en el Fundación Navarra Baloncesto Ardoi. Cuando se sienta en la grada del Polideportivo Municipal Zizur Mayor, siente una "envidia absoluta". Se ríe y continúa su confesión: "Sufro más que disfruto porque me encantaría estar en la pista y volver a sentir ese esfuerzo, la comunión con el equipo, incluso el contacto físico...". Su vínculo con el club fue mucho más profundo que el de defender su camiseta: fundó el proyecto Psicobasket, a través del cual niños y niñas con diferentes capacidades aprenden a través del baloncesto. "Resultó una experiencia brutal. Me dieron mucho más de lo que les pude ofrecer. Se reflejan los valores del deporte puro. Si vieras cómo festejaban cada canasta y te agradecían tu trabajo... Es algo que tendríamos que hacer mucho más". —¿Compartir y celebrar?—¡Y felicitarnos! Si has hecho algo bien... ¡Celébralo! No puede ser que pienses: "¡Menos mal que lo he hecho bien!". ¡No! A veces nos castigamos mucho por nuestros errores y tenemos que valorar más lo que hacemos bien... "Detectan en mí un entusiasmo extra que me destaca del resto", destaca Bruna. La pasión muchas veces descoloca y hace casi que te señalen. —Además, lo hacen con vergüenza ajena. De ahí que Bruna sea tan y tan segura. Ojalá contagie de su seguridad a quien lea la novela.  Marionetas sin hilos es también una oda a la  amistad. Maite, la mejor amiga de Ada, lo aguanta casi todo. "Pero Ada", matiza Tadea Lizarbe, "no es capaz de mostrarle todo su interior o su cambio. Intenta ocultarlo a los suyos porque le queda ese amor que influye en ella para protegerlos. Maite sería capaz de comprender la parte oscura de Ada".  En un viaje a Edimburgo encontró Tadea Lizarbe la inspiración definitiva para la novela. El momento exacto fue en una visita nocturna, en la que "nos hablaros de las partes oscuras de la ciudad". Comentar a qué se refiere Tadea Lizarbe sería desvelar una de las claves de una novela en el pintor Vincent van Gogh es imprescindible: "¡Van Gogh es mi ídolo! ¿Sabes? Un día pegué un salto... Le pregunté a mi pareja: '¿Crees que estoy descubriendo algo? ¡Todo encaja!'. Ya no sabía si era el delirio de la escritora o un hallazgo real".  

Gran parte de Marionetas in hilos transcurre en San Sebastián, una ciudad inspiradora. "Mi padre es giputxi [guipuzcoano], le tengo mucho cariño a San Sebastián porque veraneaba allí con mi abuela y para la historia necesitaba mar. Me voy a poner un poco poética... Lo observas hacia delante y ves el horizonte, y hacia abajo, te pierdes en la profundidad... Lo mismo que admiramos el mar, podríamos admirarnos y descubrir nuestra profundidad", reflexiona Tadea Lizarbe.  

En sus novelas apenas hay figurantes. Casi todos los personajes son decisivos: "Si en mi vida diaria no contemplo a nadie de relleno, ¿cómo lo voy a hacer cuando escribo?".   —Por cierto, Tadea cómo machaca el subinspector a Bruna...  —Le hace continuamente acupuntura... —O casi le clava puñales... ¡La desquicia! —Voy a decir acupuntura porque esos pinchacitos tienen cierto efecto terapéutico en Bruna. El personaje evoluciona gracias a esa acupuntura. —No sé si Bruna estaría muy de acuerdo... [Risas]. Enlaces relacionados 

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