Yo sí miré hacia atrás, y nada que te detenías, tenías que ver con qué facilidad mis lágrimas salían… pero qué más da, yo tampoco dejé de avanzar.
En ese momento, que dejaste de doblegarte, y volviste hacia mí, ya eras demasiado tarde.
Y ya sé que dejé la puerta abierta, pero dejaste de ser tú quien quiero que entre por ella.
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