Telebasura – @tearsinrain_

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

UNO

La Fuente de la Ofrenda da para incontables posibilidades artísticas. Es uno de los pocos legados que quedan de cómo era antes todo. La escultura central, formada por un hombre, una mujer y un lobo, recibe a todas horas la luz diurna y permite, si se observa con paciencia, un juego de sombras sorprendente, en el que los diferentes pliegues efectuados por el artista –desconocido– dan muestra de su increíble destreza tallando piedra. Además, se forma otra obra de arte casi natural, y el casi se debe a que fue hecho a propósito, cuando la forma se refleja contra el mosaico que conforma el ancho patio de la plaza. Es, sin lugar a dudas, el sitio más bonito de toda la ciudad, y por ello la chica pasa tantas horas allí. A la que tiene algo de tiempo libre, de ese tiempo libre marcado por los Marcadores de Objetivos, sale de su cubículo azul y se sienta cerca de la fuente, viendo el agua brollar de la alcarraza que sostiene la mujer, la más lograda de las esculturas. Podría pasar allí mucho rato, pero una Azul sin hacer nada despierta sospechas y por eso ha ideado una estrategia compleja, casi paranoica: primero se sienta en un banco del lado Este y deja que el sol de la tarde contornee su rostro y le dé calidez; al cabo de unos minutos da un primer paseo, rodea la fuente mirándola con atención, descubriendo cada vez cosas nuevas, que si detalles el tobillo del hombre, que si matices en el pelaje del lobo. Después se sienta en la terraza para Azules de la banda Sur, pide un refresco y se lo toma con calma, sin apartar la vista del mosaico del suelo, que ofrece cambios de color constantes, a cada segundo que la luz se modifica. Pasa un máximo de 20 minutos hasta que se levanta y da otra vuelta para sentarse en el banco Oeste y notar el astro rey acariciarle con suavidad la nuca. Imagina unas manos cálidas pasando los dedos por debajo de su pelo liso y suspira. Luego coge una hoja de papel y el estuche de lápices, da otra vuelta y elije desde que lado dibujar la fuente. En su cubículo tiene guardados dibujos de casi todos los grados desde los que es posible contemplar la obra, pero se congratula y sonríe cuando cree hallar un ángulo nuevo. Su capacidad para dibujar le permitió ascender de Gris a Azul y le ha dado la Inmunidad. Hace trazos entonces con parsimonia, dejando que sea el lápiz el que dirige su mano, que sea la imaginación la que perfile diferencias. Cuando el Sol avisa que va a esconderse tras los edificios, pliega sus enseres, haya acabado o no, y vuelve al cubículo. Este ritual se repite desde que consiguió la Inmunidad por sus dotes artísticas y puede disfrutar de sus momentos de ocio.

Justo cuando ha terminado su refresco y se dispone a irse de la terraza, aparece un dron de “La Hora de Jasper” sobrevolando la plaza. Da vueltas por la zona inspeccionando a los Grises, Azules o Turquesas que se encuentran por ahí, se detiene en ocasiones delante de alguien que les mira esperanzado de ser ellos los elegidos, y luego se va. Solamente, a lo largo de los dos años en que es una Azul, la chica ha visto a un dron seleccionar a alguien. Recuerda la alegría desbocada de aquella mujer y el alivio al ver que no era ella la elegida. Todo el mundo, sea del Color de Ciudadanía que sea, está esperando ese momento, ella no, pero debe disimular, parecer como los demás. Por eso la Inmunidad era tan necesaria. Aquella tarde el dron selector no viene solo, sino que vuelve con tres más. Los transeúntes se emocionan y ella oye como en la mesa de al lado dicen que, claro, hoy es el programa 50, el proceso es distinto. No se acordaba de eso, ha visto “La Hora de Jasper” una vez, el día en que seleccionaron a aquella Ciudadana Azul delante suyo. No, se dice a sí misma, miento. Aquél fue el único día que lo vio entero. Es imposible resistirse a “La Hora de Jasper” ni que sea en la parte final, durante el Juicio.

Los cuatro drones parecen reunirse para trazar un plan y luego se dispersan cada uno a un punto cardinal y se ponen a sobrevolar cabezas. La gente se queda expectante, algunos cierran los ojos cuando tienen el robot volador justo encima, deseando en voz baja “que sea a mí, que sea a mí”. Ella permanece sentada. El aparato al que le toca el Sur llega a la terraza y lentamente analiza lo que encuentra. La dibujante observa la decepción en los rostros de aquellos que, por unos segundos, han tenido ilusiones, que dejarían sus cubículos para pasar a una mejor vida, como estrellas de algo. ¿Para qué? ¿Para tener un cubículo algo más grande y un robot que te traiga zumo de naranja cada mañana? No vale la pena, se dice a sí misma. Pero entonces el dron se detiene delante suyo y activa el escáner que la repasa por completo. Se siente desnuda, forma parte del juego. Entonces la pantalla de la máquina muestra un resultado de compatibilidad: 98,54%.

Lo siento, chatarra voladora –dice la muchacha con una sonrisa nerviosa, y pone la palma de su mano frente al escáner–. Tengo Inmunidad.

El robot analiza el símbolo de la palma, la pantalla se torna roja y puede leerse: Plum Penn, Incompatible por Inmunidad. El aparato se eleva y se aleja. Mientras la chica deja ir el aire que ha contenido con histeria disimulada, las personas que la observaban se muestran perplejas, ha rechazado participar. Se dispone a volver a su cubículo, pues el susto no le permite dibujar nada hoy, cuando ve que el dron se detiene, da media vuelta y vuelve de nuevo a ponerse frente a ella:

Orden excepcional. Inmunidad denegada. Enhorabuena Ciudadana Azul Plum Penn, ha sido elegida para participar en el Programa Especial número 50 de “La hora de Jasper”, su vida puede cambiar hoy mismo.

DOS

¿Quién es Jasper? Jasper es la gran estrella de la televisión mundial. El presentador y máximo responsable del talent show que lleva su nombre, visto por más de siete mil millones y medio de ciudadanos en todo el planeta. Dicen las malas lenguas que la Ley de Ciudadanía se modificó para que él no pudiera llegar a Blanquinegro si conseguía los diez mil millones de espectadores, que sería una amenaza para el gobierno que alguien con ideas demasiado radicales estuviera en el penúltimo nivel, justo por debajo de la Presidencia o de los Ciudadanos Honoríficos. Jasper llevaba cincuenta programas seleccionando, con un complejo programa de ordenador dotado de una fórmula matemática secreta, a las personas ideales. Todos los ciudadanos de nivel Gris hasta nivel Granate (Marrones y Amarillos no pueden tener ningún privilegio y por encima del Granate tienen demasiados) son susceptibles de la selección. En cada programa, un escogido por los miles de drones de entre la inmensa multitud de la superpoblación mundial adulta (55.000.000.000 según el último censo), se enfrenta a una serie de pruebas y, al final, un grupo de jueces formados por Ciudadanos Blanquinegros emite un veredicto. La cuestión, avisa el informativo del aéreo que sobrevuela la capital, es que hasta ahora solo se han producido cuatro saltos. En el primero (programa 6) un ciudadano Azul había llegado a Violeta; en el segundo (programa 15), una ciudadana Gris subió a Azul; en el tercero (programa 22), una ciudadana también Azul consiguió un resultado sorprendente alcanzando el Granate y en el cuarto (programa 34), un ciudadano Turquesa logró escalar un peldaño hasta el Violeta.

La voz suave de una mujer emitida por el ordenador del aéreo le informa que, una vez lleguen a los estudios comerá, luego la prepararán en maquillaje y vestuario y a las 20.30, empezará el programa. Y en el tono falsamente natural parece haber júbilo, para animarla, pero a Plum aquello la deprime. Hay un pequeño bache al aterrizar la nave sobre el tejado del edificio. La chica tarda un rato en bajar frente a la cara de rareza de dos personajes y un robot de cortesía que la esperaban. Desde allí ve toda la ciudad en su totalidad, llegando hasta el horizonte por los cuatro costados, con los edificios más altos recortando un cielo azul perfecto. Ahora el mosaico debe de estar precioso, se dice. La acompañan por el tejado hasta un gran ascensor de vidrio, un hombre y una mujer, que se presentan cada uno en sus funciones, que ella no procesa, pues su mente se ha quedado en el precioso boceto de la fuente que habría podido hacer hoy, viendo el color de la puesta de sol reflejarse sobre los ojos del lobo. “Esta es la oportunidad de tu vida, niña”, suelta una de las mujeres antes de dejarla en un camerino, “no hagas ninguna tontería, cumple el protocolo”. Ella quiere preguntarle de qué está hablando pero le cierran la puerta en las narices. Sin tiempo a recomponerse, una voz de hombre educado la invita a sentarse en la mesa que le han dispuesto, para comer alguna cosa. Si no le apetece nada, añade, debería tomar una píldora de vitamínicos y una de relajación como mínimo, la tensión a la que estará sometida suele ser difícil de superar. Recuerda el informativo del aéreo diciendo que seis concursantes habían tenido que abandonar sin acabar por desmayos o por perder los nervios. La voz masculina le sugiere también ir al baño antes de nada, limpiarse, bañarse y hacer sus necesidades. La decoración de la sala intenta ser cálida pero es aterradoramente fría. Sin poder remediarlo, va hacia el baño y vomita. Luego llora.

Después de comer un poco, simplemente por si tiene que volver a vomitar, el ordenador educado le sugiere dormir un rato y se ofrece a administrarle una insignificante dosis de cápsula de sueño para que descanse sin interrupciones durante unos 45 minutos, pues pasados estos tendrá que ducharse para las pruebas de vestuario y maquillaje. Plum se siente derrotada, impotente ante lo que sucede y sobre todo ante lo que se avecina. Así que sin oponer resistencia, dice que sí y se tumba en un confortable diván empotrado en la pared de tonos salmón, cierra los ojos y espera el pinchazo que la haga dormir. Pero no llega. Repite la orden de que quiere la dosis pero no sucede nada. El ordenador se ha apagado. Repara entonces en que alguien más está en la sala.

TRES

Jasper resulta ser, efectivamente, un tipo tan alto, como se le ve en pantalla. Ha entrado por una puerta lateral que pasa completamente desapercibida. Durante unos segundos él la mira y ella sostiene, con cierto desconcierto, la mirada. Los ojos del hombre son de un marrón profundo, a juego con su pelo de estudiado alboroto, lleva una chaqueta verde sobre una camiseta negra, unos pantalones también verdes y zapatos negros, el uniforme oficial de su grado de Ciudadanía.

Tranquila –dice él–, esta no es una visita para aprovecharme de mi jerarquía. De hecho, no estoy oficialmente aquí y, si quieres que me vaya, solamente tienes que pedírmelo. Pero te pido que escuches la introducción de lo que he venido a decirte antes de tomar esa decisión.

Ella se levanta, lleva el traje chaqueta azul sobre una camisa azul marino y zapatos negros, el uniforme oficial de los Azules. El presentador no sonríe, su rostro parece impasible aun que Plum puede adivinar un ligero rasgo de preocupación. Tanto tiempo haciendo retratos y dibujando a gente le ha otorgado cierta destreza a la hora de adivinar estados de ánimo. Jasper hace un gesto para que se sienten y se sitúan alrededor de la mesa donde estaba hace unos instantes la comida.

Verás –dice el hombre–, esta es la segunda vez que entro aquí antes de un programa. La primera ocasión en qué lo hice, rompiendo las normas y jugándome un expediente, fue un fracaso completo. Fue durante el programa número 25, en que hicimos también una edición especial pero el tipo, un gris, era más gris que su uniforme y no consiguió absolutamente nada. Tengo solo unos minutos antes de que las cámaras que hacen tú seguimiento se den cuenta de que en realidad no estás dormida y se activen de nuevo. Como bien sabes, desde el momento en que el dron te ha elegido, tu vida ha sido emitida en directo, tu intimidad ha muerto. Ah, la parte en que has vomitado ha causado sensación. Las apuestas por ti no son muy esperanzadoras, pero eso no importa. La cuestión es, Plum, que tú tienes una característica especial, por la que se te facilitó un bono de Inmunidad. Creo sinceramente que esta es la oportunidad que estábamos esperando. Hemos estado bombardeando publicidad continuamente diciendo que hoy sí, que hoy alguien superará la Barrera. Y créeme, Plum, necesito que la superes.

¿La Barrera? –pregunta ella, tímida. Jasper habla en un tono bajo y neutro y ella se contagia de eso.

El hombre se ríe por lo bajo y pasa su mano, grande y de manicura perfecta, por su pronunciada mandíbula cuadrada. Luego suspira y continúa.

Claro, eres parte de 0.2% de Azules que no ve el programa. Mi introducción de datos a los drones no ha fallado. Eres distinta.

No soy distinta, simplemente tu programa me parece…

¿Una basura? Lo es. Años y años de televisión asquerosa para acabar ideando el programa más basura de todos los programas basura. Cogemos a alguien de los niveles bajos y le ofrecemos una trampa mortal para ascender en una hora. Trampa porqué es imposible de superar y trampa también porqué es de participación obligatoria.

Creo que tener una visión así y participar de ella es de un cinismo sobrecogedor –dice la chica, sorprendida ante la actitud del otro.

No, no lo es. Cuando empecé con esto y vi aumentar la audiencia como una asíntota vertical edición tras edición, me di cuenta del poder casi infinito que tiene esto. Y hace un mes llegamos a superar los 9 mil millones de espectadores, y cambiaron la Ley de Ciudadanía justo después. La cambiaron por miedo. Plum, la gente de tu nivel y de los niveles inferiores e incluso de los superiores: grises, azules, turquesas, violetas y granates conformáis la clase media de la actualidad, sois una parte pequeña de la población comparada con Marrones y Amarillos pero sois una masa gigante frente a los pocos Verdes, los escasos blanquinegros o los ridículos Arcos. Vivís una vida monótona entregada a mantener un sistema que se retroalimenta, el sistema de clases de siempre llevado al punto extremo, que hace que al llegar a vuestros cubículos minúsculos no tengáis ganas de hacer nada, solo mirar la televisión, entretenimiento puro en el que no pensar. Mi programa es peligroso para los de arriba del todo, ya que está creciendo tanto que no lo pueden controlar, no pueden controlar a tantos miles de millones de espectadores.

En serio, tu cinismo está empezando a asustarme –dice ella.

Dame solo un minuto más. Hoy tenemos la oportunidad de cambiarlo todo. Juntos, tú y yo. Supera las pruebas de los niveles hasta la Barrera, la prueba en la que puedes alcanzar, de pasarla, la Ciudadanía Verde, con el derecho a Opinión Libre. Tengo previsto que si llegas a la Barrera, el programa no solamente alcanzará los quince mil millones de seguidores, Plum, necesarios para que yo me convierta en Ciudadano Blanquinegro, con Derecho a Oposición, sino que llegaremos a los veinte mil millones alcanzando un share de más del 95%. ¿Sabes lo que eso significa?

No –miente ella, con expresión clara de imaginárselo y temerlo.

Inmunidad Completa por el artículo de la Ley de Ciudadanía que la otorga a quien obtiene la misma popularidad que la Presidencia. Obtener la Ciudadanía Arco y con ella…

El Derecho de Representación –acaba ella la frase, dándose cuenta de la magnitud que ello implica.

La cara de Jasper resplandece y sus ojos irradian una emoción profunda. Entonces Plum recuerda las cosas que se oyeron decir cuando se cambió la Ley un mes atrás: esto lo hacen porque Presidencia teme a Jasper, en el fondo es un revolucionario y con una popularidad tan alta sería intocable, decían algunas voces. Una oposición real a Presidencia.

¿Y si no llego? –pregunta ella. Su concepto de Jasper ha cambiado de repente y aun que teme que solo sea un fanfarrón, un seductor que al llegar al poder la olvide y deje de banda la posibilidad de cambiarlo todo para acomodarse a los privilegios de los Ciudadanos Arco, ahora lo ve como una alternativa posible.

Si no llegas… No llegaremos nunca. No puedo trucar las pruebas, pero yo programé a los drones para que eligieran a alguien como tú y, créeme, llevan un mes buscando con intensidad y nadie, nadie, de entre los cientos de miles a los que han escaneado, se acerca siquiera a una porción de todo el potencial que tú tienes. Hoy, en mi última tentativa desesperada he enviado todos los drones y, aquí estás.

Esta presión no me ayuda, yo…

Nadie está más preparado que tú. He visto tu arte, es rompedor. No eres influenciable a los programas basura, eres una excepción al sistema, Inmune de verdad y esto te otorga ventaja en un momento en que nadie lo es. Vemos como la gente expone sus vidas ante las cámaras por unos minutos de fama. ¡Y se pasan la mitad de esos minutos intentando conseguir un minuto más! Programas que explotan talentos idiotas que luego no les llevan a ninguna parte: cantantes, artistas, magos de algo que no consiguen nada ya que no son más que mediocres con publicidad, eso es lo que hacemos: cogemos la mediocridad y la alabamos al estrellato. Programas en que la gente discute de su vida privada, en que enseñan cómo viven o cómo comen, en que se les pregunta a los invitados por banalidades absolutas, en que se pelean por ver quien hace más el ridículo. ¿Y a qué aspira el público? A ser como ellos, porqué solo se les da esa opción como vía de escape, lo demás es demasiado complicado. ¿Ofrecer cultura que nadie mira o documentales que aburren porqué hablan de cosas lejanas? Oh, llenamos el cupo obligatorio y punto. La gente prefiere ver a los que creen que son como ellos. ¿Por qué?, para soñar que llegarán más lejos o para verlos fracasar, una de dos. Sin embargo, si de repente su concurso favorito, su telebasura preferida se les presenta como opción viable, les ofrece pensar, generaremos un cambio.

Entonces podremos transformar el sistema.

Cambiar el sistema desde dentro del sistema. La vieja escuela.

Una de las cámaras emite un sonido y se enciende una luz verde. Jasper se levanta asustado y le indica a ella que mantenga silencio. Con prudencia, se mueve hacia atrás y se arrima a la pared. A Plum le resulta cómico ver a un hombre tan bien plantado actuando así. El director del espacio televisivo más visto de todos los tiempos, una eminencia mediática que pretende derrocar a Presidencia, toma un papel de encima de la mesa de maquillaje y escribe algo, en completo silencio, mientras la cámara enfoca a Plum sentada frente a la mesa. Luego, Jasper hace un avioncito de papel y se lo lanza. Él sale y la cámara se gira hacia donde estaba, de manera que el avión no es filmado. Plum abre el papel y lee: ninguna revolución ha empezado desde arriba.

Depende de ella, piensa, y tira el avión de papel a la basura en forma de televisor, donde arde inmediatamente, justo cuando la cámara vuelva a enfocarla.

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