Revista Viajes

Tenerife: Qué ver y qué hacer en la isla en 5 días

Por Mundoturistico

Playas, pueblos pintorescos, naturaleza en su máxima expresión, acantilados impresionantes, ritmo tranquilo, ambiente, volcanes, vistas y el inconfundible aire de libertad que se respira en las islas son demasiados atractivos para disfrutar en cinco días. Más si cabe en Tenerife, donde todas estas opciones abundan y ponen difícil elegir qué ver y qué hacer en la isla en menos de una semana. Por eso, en mi reciente viaje, piqué de todas ellas, pero no profundicé en ninguna. Me quedé con una honda sed de volver y explorar nombres que se me quedaron en el tintero; aunque la variedad también me dejó la sensación de haber hecho de todo. Y disfruté al máximo. La isla, aunque salpicada sobre todo en la parte sur por resorts que empañan un poco sus paisajes y construcciones a veces no demasiado estéticas, es rocosa y bonita; dando un escenario perfecto a tus vacaciones.

Además, fue un viaje de relax, aunque también bastante bien aprovechado y eso hizo que aún todo fuera un poco más tranquilo. Por tanto, os contaré qué hicimos nosotras durante cinco días en Tenerife, pero a estos planes podéis añadir otros como una visita al Norte más Norte -la zona de Anaga (tanto por excursiones como por playas como Benijo)-, pueblos como la Orotava, Teno o Masca, excursiones por en barco por la zona de Los Gigantes o La Gomera o un chapuzón en las piscinas naturales de Garachico.

Día 1: El Médano y llegada a los Cristianos

Llegamos muy pronto al aeropuerto y recogimos nuestro coche de alquiler, un Fiat 600 en el stand de Europcar. Aunque llegamos al Norte, nos alojábamos en el Sur y pusimos rumbo a estar parte de la isla. Hicimos una parada en el Médano, un pueblo muy auténtico de costa, aunque con casi siempre fuerte viento en la playa, por lo que es menos turístico y más tranquilo y con mayor sabor local. Merece la pena conocerlo y tomarse algo en la plaza central, pues siempre tiene mucho ambiente.

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Tras esta parada, continuamos hacia la zona de Los Cristianos, donde teníamos el alojamiento. Situada en plena zona turística, en esta época del año, la gran mayoría de la gente que se aloja allí es extranjera, ya que muchos de ellos (la mayoría, claro está, jubilados) pasan los meses de invierno en la zona arrimándose a este clima tan bueno. Durante todo el paseo de las playas del sur (que son artificiales, ya que la arena natural de la isla es negra), abundan los centros comerciales y las tiendas, al estilo de gran parte de la costa peninsular española. Si no te gusta la masificación, huye; aunque en marzo ha sido bastante llevadero.

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Esa mañana, haciendo tiempo para entrar al hotel, fuimos a la playa de Los Cristianos, muy agradable para el baño, aunque con el agua lo suficientemente fría como para que no nos bañásemos. Ese día poco hicimos más, ya que hicimos la compra para el apartamento y nos adaptamos a la que sería nuestra casa por cinco días. Se trataba del Beberly Hills Club, un alojamiento muy recomendable porque además de bonito y completo en todos sus servicios, estaba alejado del bullicio y se respiraba mucha paz.

Día 2: Visita a los pueblos del Norte

Este día teníamos planeada una visita a la zona Norte de la Isla. Comenzaría desde Puerto de la Cruz, pasaría por la Orotava (que finalmente descartamos porque no íbamos muy bien de tiempo) y San Cristóbal de la Laguna. La zona Norte, más verde y abrupta, es una delicia. Para bajar a Puerto de la Cruz, hay una fuerte pendiente, que culmina con un bonito lugar situado entre la montaña y el mar. Si vas con coche, cuenta con que te costará encontrar aparcamiento, aunque también tienes la opción de un parking en el paseo marítimo, que fue lo que nosotras finalmente elegimos.

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A este pueblo también ha llegado el turismo de masas y en la zona del mar, hay un enorme club que me imagino que en los meses de verano estará hasta arriba. Esta zona y el turístico paseo marítimo contrasta con la vista del Teide al fondo. Ahora esta zona está en obras y solo pudimos acceder a la playa del final del paseo. Estuvimos un ratejo, contemplando a los surfistas, pues esta parte no es muy apta para el baño y tomando el sol. Por otro lado, el casco antiguo del pueblo es pequeño, con bares y restaurantes, tiendas turísticas y bastante vida en torno a la Plaza de la Iglesia, que también es muy bonita. No paramos demasiado porque durante esa mañana aún aprovecharemos para ver también San Cristóbal de la Laguna.

Esta segunda parada del día es una encantadora pequeña ciudad que es Patrimonio de la Humanidad por ser un importante ejemplo de arquitectura colonial no amurallada y que ha servido de ejemplo para la construcción en ciudades latinoamericanas como La Habana o Lima. El colorido de las fachadas de las casas da cuenta de su Historia y además, están en perfecto estado de conservación. Como dice una de mis amigas durante el camino, el lugar está lleno de paz. Representativas son también sus iglesias, de tonos grises y negros, ubicadas en las plazas de Los Remedios y Plaza de la Constitución. La segunda de ellas es ideal para tomarse algo, ya que está llena de ambiente. Paramos en el bar/restaurante Viña Mayor, donde disfruto de un vino tinto de la tierra, que recibe el mismo nombre que el bar y que es delicioso.

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Allí comemos un bocata para hacer después una parada en la playa de Santa Cruz, aunque está situada en el municipio de San Andrés. Se trata de Las Teresitas, muy popular por la ubicación y su belleza, si bien es de arena del Sáhara y fue ideada para que la capital tuviera también su arenal. Fotogénica, de aguas tranquilas y no demasiado frías y sobre todo, con un paisaje montañoso precioso, merece mucho la pena si se busca un rato de disfrute.

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Allí me doy mi primer baño de 2015, por lo que queda inaugurada la temporada playera del año. Hacemos un poco de tiempo porque hemos quedado en la capital para ver a una amiga y tampoco nos llama mucho el sitio. Cenamos y volvemos para casa a descansar. Al día siguiente toca excursión; nos espera el Teide.

Día 3: Visita al Teide, Los Gigantes y un poco de playa

La visita al Teide vuelve a suponer en torno a una hora de camino, por lo que nos lleva casi toda la mañana. Vamos por carreteras secundarias, así que podemos disfrutar de un paisaje inigualable y hacemos una parada de rigor para ver las curiosas formaciones de piedra volcánica formada en las faldas del Teide. Además, hay cola para subir y nos retrasamos bastante. Las vistas merecen la pena y en lo alto del volcán se puede dar un paseo de unos veinte minutos para ver otra de estas formaciones tan peculiares: el Pico Viejo. En días claros se puede ver la Gomera y nosotras la divisamos tras las nubes, aunque poco clara. No podemos subir al cráter porque se necesita un permiso, por lo que si tenéis pensado ir, no os demoréis en pedirlo. Os contaremos todos los detalles de este trayecto en un post específico sobre El Teide.

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De camino al sur, hacemos una parada en el acantilado de Los Gigantes, una altísima pared de roca que impresiona cuando te la encuentras en el camino. Para quien quiera aprovechar mejor este paisaje, hay barcos que permiten llegar por mar. Nosotras, sin embargo, nos deleitamos con las vistas, nos hacemos un par de fotos y hacemos una parada para comer y continuar el camino.

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La última parada del día es la playa Duque, en la Costa de Adeje, que en la noche anterior un lugareño nos dice que es la mejor de la zona (además de otra que requiere una ruta de media hora, por lo que la descartamos). Las expectativas se cumplen, pues en un rincón de la misma, en el extremo izquierdo, hay una gran piedra que le da un aspecto peculiar y la hace encantadora. Nos damos un baño y vemos caer el sol tranquilamente, agradeciendo poder haber llegado a tiempo a un lugar tan bonito. Aunque la zona es muy turística, tenemos la suerte de ver atardecer casi solas.

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Ese día salimos por la noche de fiesta. Aunque la zona de Los Cristianos/Playa de las Américas, abundan los lugares de “guiris desbocados”, digamos, nos recomiendan un club, el Papagayo, que está muy bien. La noche es joven, así que todo está programado para que el día siguiente sea día de relax.

Día 4: Relax y Médano

Como era de esperar, ese día nos despertamos tarde y aprovechamos la piscina del hotel, que de otra manera no hubiéramos apenas catado (y es muy apetecible). Tras el aperitivo y la comida en nuestra terraza, vamos al Médano para ver a unos amigos y disfrutar de su playa, tan animada y un barraquito, café típico del lugar con leche condensada, licor, nata y canela. Es agradable volver porque es un lugar bonito y lleno de ambiente.

A la noche, toca despedida. Nos vamos a cenar a la zona más recomendable de Los Cristianos: El centro comercial San Telmo (aunque es un conjunto de comercios más que el centro comercial al uso). Es ideal para tomar un mojito, tanto en el local Casablanca o Agua de Coco. El último es brasileño y todo el mundo baila como si no hubiera mañana. Es momento tiene algo de mágico.

Día 5: Playa y vuelta a casa

El último día solo tenemos la mañana y difícil aprovecharla. Además, teniendo playa, creemos que es una buena manera de despedirnos de verdad. Vamos a la Playa La Pinta, también en la Costa de Adeje, recogida, agradable para el baño y no demasiado llena de gente. En esta ocasión vuelvo a ver el agua fría, así que no hay despedida pasada por agua. Comemos, paseamos por la zona asfaltada y podemos rumbo al aeropuerto. Es el final del viaje. Tenerife nos ha encantado. Pero sobre todo, antes de irnos, ya estamos deseando volver.

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