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The Good Wife, ¿Otra más de abogados? Va a ser que no.

Publicado el 09 abril 2011 por Watanabe
The Good Wife, ¿Otra más de abogados? Va a ser que no.Desde que The Good Wife se estrenara en Estados Unidos, allá por septiembre de 2009, no pararon (los críticos), ni parasteis (vosotros) de decirme que era muy buena, o por lo menos que no era otra serie más de abogados. A pesar de ello, mi lado más fanfarrón, cabezota o escéptico siempre hacia oídos sordos. No acababa de creérselo, ¡Que sí! que seguro que no estaba tan mal, que hasta si me lo proponía incluso es posible que llegara a entretenerme. Todo eso daba igual. Por desgracia también tenía la certidumbre de que esa serie no era para mí, razones no me faltaban. Por entonces, era ver a un abogado o a un fiscal delante de un tribunal soltando sus “pamplinas” habituales, y mis parpados se empezaban a cerrar como pesadas persianas estropeadas, mi mente echaba el vuelo hacia ninguna parte en concreto, y el interés se me deshacía entre las manos como un azucarillo metido en agua, ¡vamos! que me aburría como una ostra. Este, llamémosle causa-efecto, me imposibilitaba por completo para disfrutar de ese género, haciéndome presagiar que con The Good Wife lo más seguro es que me pasara lo mismo de siempre ¡Ay, que equivocado que estaba…!

The Good Wife, ¿Otra más de abogados? Va a ser que no.

"Los detalles siempre juegan
un papel importante en la serie"

Porque The Good Wife no sólo es una serie de abogados (que lo es y hasta la médula), sino también una serie de personajes con alma, de esos que los miras y te devuelven la mirada cargada de verdad, capaces de despertar tu interés con una simple gesto cómplice, o con tan sólo un pequeño roce de manos indiscreto. The Good Wife está llena de historias de esas que vemos en el telediario todos los días. De las que ocultan recovecos donde se esconden los secretos y las mentiras, de las que tienen misterios, amores, y dudas por resolver. Los imputados sufren de verdad y no solo lo parecen (como ocurre en muchas otras series). Los defensores y fiscales luchan por sus propios intereses como perros hambrientos por una presa, y hasta los jueces dudan y se equivocan, y luego viven para siempre con sus largas y pesadas cargas sobre su espalda. Y no solo eso, el más difícil todavía, ¡todo ello en una network! Con las restricciones y limitaciones que esto conlleva, y siempre a base de perspicacia e ingenio. Porque si no te dejan ni pensarlo recíclalo y ellos apenas se dará cuenta, porque si no puedes hacerlo sugiérelo, porque si no puedes decirlo déjalo implícito. Así es The Good Wife, sutil, elegantemente ambigua, absorbente, ¡Grande!

The Good Wife, ¿Otra más de abogados? Va a ser que no.

"Dos actrices increibles,
dos personajes descomunales"

Pero no siempre fue como es ahora ya instalada y cómoda en su segunda temporada. Al principio, siendo un buen producto, sólido y entretenido, carecía de cierto grado de osadía. Se esperaba algo más de mordacidad en su propuesta ética y moral, por parafrasear digamos que le faltaba más carne en el asador, un poco más de huevos al asunto, vamos. Los acusados casi siempre eran inocentes, las sentencias casi siempre favorables, y por consecuencia directa los episodios casi siempre previsibles. Por aquel entonces The Good Wife era una serie con mucho potencial pero con mucho miedo a sacar la artillería pesada. Digamos que era digna pero inconclusa, bien armada pero poco incisiva. Daba igual, aun así todo estaba tan bien escrito e interpretado que daba gusto verlo, y más aún devorarlo a grandes bocados. Porque Alicia Florrick siempre estaba estupenda en su papel de mujer fuerte y capaz, pero llena de dudas y resentimientos. Porque Kalinda siempre estaba ahí para sacarle las castañas del fuego cuando la cosa se ponían realmente complicada.
Pero, ¿qué es en realidad The Good Wife? Pues The Good Wife es un drama familiar con una familia pija desestructurada, luchando por recomponerse. Es una película de detectives donde la pista final siempre llega a tiempo (o no). Es una historia de amor imposible donde los amantes nunca se encuentran porque quizá no quieran encontrarse jamás. Es un misterioso complot político donde los que mueven los hilos también son víctimas de sus propias presas y deseos. Una de indios y vaqueros en un juzgado, sin armas pero con palabras que matan como si fueran balas. ¡Ah! Y se me olvidaba, también es una de abogados.

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