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The Shield: Al Margen de la Ley. El precio de una vida segura

Publicado el 16 mayo 2015 por Criticasen8mm @Criticasen8mm

The Shield: Al Margen de la Ley. El precio de una vida segura
No está habitualmente considerada como una de las grandes, como una de las que iniciaron el boom seriéfilo actual. En ese Olimpo formado por un selecto número de títulos, muchas veces se les abre muy rápido la puerta a productos menores que están saliendo ahora mismo pero se olvidan de los que pusieron la primera piedra, los que trajeron algo a donde nada había. Justicia de sobra se le ha hecho series como Los Soprano y The Wire; ya es hora de poner en su lugar a la alabada y olvidada a partes iguales, “The Shield: Al margen de la ley” e intentar expresar en breves palabras porqué es una de las ficciones más grandes que ha tenido la televisión.Aviso que no vamos a hablar de puntos específicos de la trama, por lo que no va a haber spoilers, sin embargo es evidente que leer esto afectará de algún modo u otro la virginidad con la que llegues a la serie. Así que es tu decisión: si necesitas un empujón para ver esta serie, te invito a leer lo que viene; si no te hace falta para darle una oportunidad de aquí en breve, es posible que prefieras no leerla. Queda a tu criterio.
Farmington e Irak, ¿alguna diferencia?La cámara tiembla nerviosamente, pasea entre las caras, los cuerpos y los espacios; corre si es necesario y cuando no lo es, nunca se queda quieta con sus insistentes zoom y sus bruscos enfoques y desenfoques, y se preocupa siempre por registrar cada momento doloroso de esa dura realidad, sin censura ni concesión. Parece un documental de guerra pero no lo es, aunque Farmington lleve tiempo siendo una zona de guerra. Ese es el primer reclamo para ver The Shield, el hecho de estar frente a una serie cuyo estilo es reconocible y necesario para mostrarnos la visión de autor de sus creadores, pues en The Shield la opción estética no es al azar: podría pensarse que se toma prestado del cine callejero de tipos como Spike Lee para expresar con precisión la fragilidad y violencia de la vida en las calles, sin embargo la cámara nerviosa se traslada a todos los aspectos de la vida de los protagonistas, trasladando la ferocidad y la fragilidad a los mismos hogares de los agentes de la ley. Farmington es un infierno y no sólo por lo que ocurre en la calle, ¿por qué, entonces, nuestro documental de guerra apagaría una vez acabada la acción?Los Avatares del Equipo de AsaltoLa Fuerza de Asalto de Farmington es un cuerpo de choque construido por la policía debido a la irremediable sumisión del distrito en el caos. Lugar de convergencia de todo tipo de etnias, Farmington se ha convertido en el escenario de guerra de bandas de corte racial, además de los crímenes de carácter más organizado que vienen de parte armenios y mexicanos. A eso le sumamos la violencia cotidiana de no-criminales sumados a esa espiral de violencia discriminatoria y de género que nos revela el cóctel explosivo en que ha nacido un cuerpo, cuya eficiencia ayuda a tapar sus cuestionables métodos.El cuerpo dirigido por Vic Mackey ha gozado de una omnipotencia ante sus jefes y ante cualquier cuestionamiento legal, sin embargo las pesquisas del Capitán David Aceveda movido por intereses políticos, pondrán la primera piedra en la lenta destrucción de este equipo y de todo lo que representa.

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Alneación tardía de la Fuerza de Asalto


El punto fuerte de la historia es sin dudas su negativa a una visión moralista, pues fiel a su estilo documental, los personajes deambulan por un mundo que ha tratado por todos los medios de ser una representación del mundo real. Ningún personaje es realmente malvado y mucho se explora en esta serie acerca de la capacidad humana para justificar los actos más horrendos, de tal forma que al final del día se pueda seguir diciendo que se es un buen hombre.El Equipo en su fuero interno se ha mantenido firme en base a vagas nociones de compañerismo y de moralidad, creyendo siempre que hay una línea entre el bien y el mal que no se puede cruzar, aunque a la larga esa línea es borrosa y móvil a conveniencia. Pequeña y nada convincente ficción que permite a nuestros protagonistas creer que están del lado de los buenos. En el magistral episodio piloto asistimos a como todo esto se va al traste; sí, ya nada más en el piloto. Y a partir de allí, comienza la espiral de autodestrucción que abordará la serie en sus siete temporadas.El pecado original del piloto inicia la primera de las tres partes en que podemos dividir la historia de la serie: tres temporadas que nos hablarán de los avatares de una Fuerza de Asalto que se cree en su mejor momento, mientras el veneno de la manzana prohibida va corroyéndolo todo. Aquí siempre vamos hacia adelante en el tiempo, pero funciona también como una mirada retroactiva a lo que el Equipo había sido y pretende seguir siendo tras los sucesos del piloto.La segunda parte la ocuparía ese pequeño agujero negro que es la temporada 4, casi un pequeño descanso entre una y otra, propiciada por una temporada que parecía pensada para intentar alargar la serie hasta donde diera. Muy mal recibida por la audiencia (basta con mirar IMDB), los creadores retomaron la trama principal después de esto y la cuarta temporada quedó en la memoria como relleno. Sin embargo fue un delicioso relleno pues, si bien es una temporada suelta y con demasiada independencia de todo lo demás, es la temporada en que la detective Claudette Wyms comienza a hacerse enorme, la participación fenomenal de Glenn Close y el fenomenal villano interpretado por Antonhy Anderson. En mi humilde opinión, la temporada más redonda hasta el momento.

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Chiklis y Withaker. Protagonistas exclusivos de la explosión final

Lo que vendría después sería la explosión definitiva y también una forma distinta de llevar la serie hasta el momento. Si antes la serie tenía su parte procedimental, donde el caso del día servía para explorar los distintos tipos de violencia callejera y domestica que podemos encontrar en estos barrios, a partir de la temporada 5 el pecado original volvería para contaminar las almas de los personajes, aparecería el genial personaje de Forest Whitaker y la serie se volvería mucho más íntima, con un manejo de la tensión tan bueno que el maravilloso último capítulo se siente como la primera bocanada de aire del que estuvo a punto a ahogarse. Pero sólo eso, un desahogo final, pues nadie puede alegrarse al final de The Shield, porque al igual que en la realidad el “todos pagan” puede no cumplirse y los ganadores no siempre son los buenos.Los personajesYa seas un policía gay que pretende aferrarse a su catolicismo a toda costa, una agente de policía tratando de sobrevivir en un mundo de hombres, seas el policía obsesionado con la ley, el atormentado por tus propios fantasmas  o el policía obsesionado con la eficiencia; seas uno u otro, The Shield no te pone un camino fácil. Ni tampoco un camino trillado.La forma en que la serie aborda los personajes secundarios es muy particular: se acerca a ellos íntimamente, se compromete en mostrarte su realidad crudamente y sin atisbo de dirigir tu pensamiento hacia un lado u otro; y una vez que el personaje entra en un momento de su vida en que deben tomarse las más importantes decisiones y en la cual no puede tratarse el tema sin recurrir a lo ideológico, la serie abandona su seguimiento y su vida personal se convierte en un misterio. Esto puede ser malinterpretado como una intención por parte de la serie de no mojarse, por no entrar en conflicto, sin embargo forma parte de otro de los recursos de los que The Shield puede hacer gala: los personajes no son marionetas que sirven para expresar la ideología del autor, sino que son personas prácticamente reales cuyas decisiones son impredecibles como la vida misma. Cada quien tendrá su teoría sociológica favorita, The Shield sólo te ha mostrado la realidad particular en la que debe basarse

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Julien intentando encerrar sus instintos más bajos

Esto se hace muy patente en la persona de Julien, el agente de policía gay cuyo sincero abandono a Dios y a la Iglesia Católica lo lleva a un camino de autonegación y destrucción de la propia personalidad. Por muy malo que pueda sonar, la serie presenta esto de manera muy neutral, enfocándose íntimamente en la mirada de Julien sobre el asunto y haciendo difícil juzgar el tema desde una perspectiva moral debido a la inexistencia de una figura villanesca en la ecuación (no, no hay curas pedófilos haciendo un triple subrayado sobre el mensaje, afortunadamente). Cuando sea imposible hablar sobre Julien sin dirigir el pensamiento del espectador, la serie simplemente lo dejará andar solo. Fuera de nuestra vista imaginaremos el periplo de Julien como si fuera una persona real, pues como todo personaje bien escrito parece tener vida propia en aquél mundo de The Shield.Muy parecido es el trato al personaje del detective Wagenbach, Dutchman para los amigos, quien en su obsesión por entender la mente criminal y por dejar huella acabará en la cuerda floja, a las puertas de convertirse en un psicopáta. El típico personaje que se convierte en villano en serie de corte más efectista, pero The Shield no tiene nada que ver con eso y sólo te dejará mirar ese comportamiento patológico sin dejarte ir más allá.

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La voz de la justicia y la conciencia

En el elenco de secundarios de lujo, no quiero irme sin mencionar la maravillosa actuación de CCH Pounder en el papel de la detective Claudette Wyms, que siendo un personaje muy celebrado por los seguidores de la serie, puede ser quizá el más calculado. La detective arranca su periplo en la misma posición de todos, es decir mirando hacia un costado en un momento en que la eficiencia del Equipo de Asalto era necesaria, sin embargo sufrirá un viraje rotundo en su forma de ver las cosas hasta el punto de convertirse en el principal escollo de Vic Mackey. Su lucha contra la enfermedad, su derrotado semblante cuando todo parece estar perdido, su andar desinteresado de súper-heroína, la han convertido en favorita del público a pesar de parecer el único personaje que está ahí con la función de suavizar la serie para el espectador más moralista.Salgamos de secundarios, pues son los personajes principales quienes nos interesan al fin y al cabo. ¿Qué sería esta serie sin Michael Chiklis y Walton Goggins? ¿Sin la dupla Vic Mackey-Shane Vendrell? Difícilmente habríamos llegado a algo si esta dupla no hubiese desarrollado tan abismal trabajo en presentarnos a ese Equipo de Asalto con todas sus contradicciones y formas de evadirse de las responsabilidades. Chiklis en particular, aunque está muy bien en su papel, resalta menos que el odiable personaje de Goggins, sobre todo porque es a éste a quien veremos en más facetas a lo largo de la serie, siendo un completo idiota al principio y encontrando una gran forma de redimirse ante el público en la última temporada. Sin embargo el alma de la función es Mackey y hay mucho que decir de él.

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Vic Mackey: "El policía bueno y el malo se acabó.
Soy otro tipo de policía,"

El sentido de la justicia de Vic Mackey se resume a apaliar y encarcelar al criminal, hacerlo pagar porque es una persona individual que ha tomado una decisión libre. No parece haber consideraciones más profundas en su filosofía, ya que nuestro hombre es hombre de acción. Un sentido de justicia limitado pero sincero hace muchas veces de él un personaje desesperado al ver que no importa cuando actúe y cuanto se llenen las cárceles, las cosas no mejoran, y no es difícil sentir cierta empatía para con su búsqueda de soluciones que protejan a su familia. Sin embargo, Mackey ha ido descubriendo en su andar como policía que si no rompe las leyes, no puede ser eficiente y si las mantiene puede acabar muerto. De esta manera es que nuestro personaje ha tejido a lo largo de su carrera una red en las calles que le permite tener el asunto controlado y que le permite hacer ascender sus cifras de arrestos, claro que en el medio no ha atentado sólo contra los derechos de sus arrestados, y los beneficios que ha acarreado no son sólo el de mantener a su familia segura. La dualidad entre el anti-héroe de ficción que hace lo necesario por la sociedad y el ambicioso de poder que toma una importante tajada de todo, estará constantemente en la serie.En ese punto, conocemos a Mackey en el episodio piloto. Ya es una institución en el departamento de policía y se cree lo suficientemente fuerte para evitar convertirse en el malo. El mismo piloto dejará patente hasta que punto esto último es cierto y cuestionará seriamente el título de anti-héroe que el propio Mackey se ha ate-impuesto.La seguridad sobre el bien y el malSi bien no estamos ante una serie de corte moralista, ya que inteligentemente no juzga a Mackey ni a ningún otro personaje por las cosas particulares que hace (o al menos no las presenta con un prisma viciado por una posición ética), sí es una serie muy crítica hacia la necesidad que la sociedad tiene de estos monstruos y el silencio indignante de la clase burguesa ante ella.Resulta muy significativo el discurso del Capitán Aceveda en el piloto, cuando lanza su campaña política. Se muestra al político enumerar el crecimiento de la seguridad y la calidad de vida de las familias de clase media en el distrito de Farmington a través de un montaje paralelo que muestra a Mackey ejercer su habitual brutalidad sobre un traficante menor. Las primeras imágenes dejan claro cuál es el precio de la seguridad y Aceveda y la policía son plenamente conscientes de esto y han aprendido a vivir con ello. La seguridad como mercancía de valor político es la primera imagen que se desprende de la serie y eso sin haber una sola línea de diálogo que lo marque a lo largo de las siete temporadas.Sin embargo, no sólo de políticos va la cosa, pues el personaje de Corrine, esposa de Mackey, es el fiel de reflejo de una sociedad dedicada a mirar hacia otro lado. Mucho se puede decir al respecto, desde lo más obvio como el hecho de que Corrine nunca parece interesada en el origen del dinero extra que su marido trae para sus hijos, hasta otros más escondidos, como esa sensación de realidad virtual que parece ser el Hogar, en diferenciación a todo lo demás que vemos en la serie. Podemos escandalizarnos y juzgar a esta mujer y tildar de hipócrita (sobre todo al final cuando la relación con su esposo se quiebra), pero no podríamos decir exactamente si haríamos lo mismo en su lugar, ya que los guionistas llevan la vida familiar de Corrine tan al límite y la imposibilidad de mantener a sus hijos es tan patente, que juzgarla resulta demasiado altivo para quien la ve. La serie, entonces, cuestiona a la clase burguesa, pero no se olvida que la visión moralista de afuera no proporciona un panorama completo, ni un paradigma de acción válido.

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Shane Vendrell se lleva los más macabros giros de la trama


El tercer detalle que quiero resaltar se relaciona con el segundo. La serie no pretende ser la queja de una anciana derrotada rememorando tiempos mejores, no pretende bajar un mensaje sensacionalista. Busca constantemente ser un espejo para quien la ve: Shane y Vic, eternos cómplices que siempre experimentarán cortocircuitos, tienen un cara a cara desde sus autos en aquél inolvidable episodio dirigido por Frank Darabont: “¿Crees que me ves a través de una ventana?”, le dice Shane a Vic; “lo que ves es un espejo”.The Shield no pretende ser la conversación de un almuerzo familiar de domingo, va mucho más allá. Si la sociedad al final de sus siete temporadas, ha visto Farmington como si viera Irak, es posible que el objetivo no se haya cumplido.ConclusiónThe Shield es un drama potente con un manejo de la tensión exquisita, y aderezado por grandes momentos de acción policial y con algunos mafiosos que serán recordados por la eternidad. Todo ello en un ambiente realista que la separa de propuestas igual de buenas pero más efectistas como Breaking Bad, la cual sin embargo ha tomado de ésta su concepto de la “olla a presión”.Si al final de cuentas no te he convencido que The Shield es una de las grandes series de la historia de la televisión, es bueno que lo compruebes por ti mismo. No seré yo el único que la esté defendiendo en la web. A lo mejor, al final del día acabas uniéndote al grupo de los que pretenden a toda costa que esta maravillosa serie no quede en el recuerdo como una obra menor.

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