“Buena suerte con tu videojuego” Erica Albright.
Para valorar la nueva película de David Fincher es necesario distinguir a tres tipos de generaciones. La primera serían las personas cercanas a los cuarenta años, los que iban al cine sólo en situaciones especiales y creían que los restaurantes eran únicamente para celebrar los aniversarios. En medio estaría la mía, con edades en torno a la veintena y que ha conocido desde los vinilos, las cintas de música y los videoclubs hasta los mp3 y todo tipo de videoconsolas. Y por último está la generación a la que los especialistas llaman “nativos digitales”, niños de ocho años con teléfonos móviles de última generación y que comprueban cada cinco minutos su Tumblr, Facebook y Tuenti, consumidores voraces que se descargan los capítulos de The Big Bang Theory una hora después de ser emitidos en territorio estadounidense y los mismos que ponen caras extrañas cuando les hablas de lo que es un VHS.
Para cada una de ellas, una película como “The Social Network” tiene distintos significados. La tercera de ellas cree que se trata de una peli más, quizá dos horas de Farmville en pantalla grande. La segunda es la que ha conocido el gran salto tecnológico que ha tenido lugar en estos últimos años y la primera, sinceramente, no tiene muy claro de qué va esto del Facebook, para qué sirve, ni qué narices le están contando.
Pero no es mi propósito faltar al respeto a nadie, porque seguro que hay personas de sesenta años jugando al Mafia Wars, y chavales de quince que no saben ni encender un microondas. Sin embargo, todo lo que rodea a “The Social Network” es eminentemente joven, e Internet se estudiará algún día en los colegios como un mundo nuevo descubierto por estudiantes con ideas que cambiaron el mundo. La red es Historia, y en el año 2010 es cuando empezamos a tener conciencia de su importancia en la humanidad.
Para ello, deberíamos librarnos de lo que piensa la primera generación, la de los padres que creen que cuando sus hijos se pasan todo el día delante del ordenador están “matando marcianitos”, y los que denigran el empleo de informático casi a la vulgaridad. Las palabras de Erica, que inician este post, son un claro ejemplo de ello.
Porque desde 2003, fecha en la que se inicia la película, el mundo se ha acercado a nosotros, y cualquier modelo económico que afecte a la industria discográfica o audiovisual se ha visto afectado por los trabajos de dos de los protagonistas del filme: Mark Zuckerberg y Sean Parker.
David Fincher sorprendió a todos cuando anunció adaptar “Facebook” a la gran pantalla, cosa que no dejó a nadie indiferente. ¿De verdad tenía sentido trasladar una red social a una película? ¿De qué iban a hablar? Además, con gente como Ridley Scott proponiendo filmar una película sobre el Monopoly, ese tipo de decisiones parecían más bizarras aún. Pero a la hora de la verdad, lo que nos ha mostrado es una mezcla entre una eficaz biografía del multimillonario más joven de toda la historia y una crónica no sólo de nuestra generación, sino sobre el proceso de creación de uno de los inventos más importantes del mundo.
Al principio, Internet era algo con pocas posibilidades y tremendamente caro, un lujo al alcance sólo de unos pocos y, la mayoría de las veces, cuando el teléfono estuviera colgado y a partir de las seis de la tarde porque era más barato. Pero poco a poco la informática se ha vuelto más simple y manejable para cualquier tipo de usuario, haciendo que controlemos casi todo lo que queremos sólo con un golpe de ratón. Así, la gente empezó a perder el miedo a poner sus verdaderos datos en Internet y a realizar compras a través de él, y la “comunicación” fue el principal lema de este vasto territorio sin explorar. De modo que la gente quiso hacerse escuchar, por lo que surgieron Blogs personales y chats donde conocer a otras personas. En eso apareció Sean Parker (interpretado por un genial Justin Timberlake), el tipo que creó Napster y donde todo el mundo podía intercambiar música en cuestión de minutos (al principio, eran bastantes, claro). La posibilidad de adquirirlas gratis y a una velocidad que jamás se había conocido nos impulsó a todos al ADSL, y eso, sumándolo a la personalización de Internet, dio lugar a lo que se conoce como la Red 2.0.
De aquí a dentro de unos años, Napster aparecerá en los libros de historia como una de las revoluciones más grandes. Puede que haya hundido a la industria discográfica según algunos, pero sólo ha destrozado un modelo de negocio antiguo e inadaptado a la rapidez con la que se demandan los contenidos (mientras escribo esto, la página de Facebook de Tron Legacy regala entradas a los primeros que comenten en su tablón principal). Sin embargo a Sean no le fue muy bien económicamente, así que poco después empezó a dar consejos a Mark Zuckerberg, quien tenía una idea prometedora: una página personal donde pudieras ver y subir tus fotos, tus gustos musicales y agregar a otras personas, basándonos en la idea de la exclusividad y el ego que supone ser aceptado por ciertos conocidos. De repente nadie te pedía tu número de teléfono, sino que te agregaban para saber más de ti: si tenías novia, qué cosas te gustaban… Facebook se convirtió en el primer método mundial para ligar y conseguir “echar un polvo” (como dicen en la película) así que ese invento pasó a valer millones.
Pero, ¿De quién es la idea? ¿De los estudiantes de Harvard que querían desarrollarla, de Mark, de Eduardo Saverin (un estupendo futuro Spiderman)? La película se basa en los litigios que acosan a Mark por la creación de Facebook y los problemas surgidos entre sus propios amigos, lo que hace verdad la frase promocional de “No consigues quinientos millones de amigos sin hacerte unos cuantos enemigos”.
En ese contexto, “The Social Network” se erige no sólo como la película del año sino, posiblemente, de la década. No hay grandes alardes visuales, aunque la firma de Fincher se deja ver en algunas tomas, como esa carrera de remeros, una muestra de que Cameron y Tyler siempre están llegando tarde a todo. Los actores están genial y la película no se hace para nada pesada. Y, lo más importante, NO ES UNA CRÍTICA HACIA FACEBOOK.
No entiendo este revuelo que se está montando acerca de “rechazar Facebook” y abandonar todo tipo de redes sociales después de ver la película. A mi parecer, y puedo estar completamente equivocado, quien defiende eso está completamente perdido y no se ha enterado de nada de la película. ¿Dónde se dice que sea un invento del demonio, o algo inútil, o algo para perder el tiempo? Es posible que así podamos saber cuántas personas estarían dispuestas a enrollarse contigo un sábado por la noche, pero también gracias a cosas como esas estás tú leyendo esto y yo puedo escribirlo sabiendo que alguien le hará caso. Existe un nivel de crítica, sí, pero hacia las relaciones sociales, a lo que ocurre entre las personas. Está muy bien crear un negocio así, pero en un mundo donde cada vez es más fácil contactar con alguien de Japón o Australia desde tu habitación en el norte de Cáceres es sorprendente la distancia que hay entre las personas físicas.
Os lo dice un chico que ha perdido a todos sus amigos por otro de estos grandes inventos: el juego de Rol Masivo en Línea World Of Warcraft. Para el que no lo conozca, es un paso más allá de Facebook, donde cada uno de los usuarios se crea un personaje de fantasía y entra en un completo mundo lleno de misiones y criaturas para pasarse horas y horas subiendo de nivel, solo o en compañía de otros jugadores de cualquier parte del planeta. No estoy diciendo que Warcraft sea malo, sino que al igual que el Facebook todo depende de cómo se utilice. Estoy harto de intentar quedar con mis amigos los fines de semana y ver que están demasiado ocupados subiendo de nivel o haciendo una misión en el valle de los muertos, y he visto cómo algunos que están fuera estudiando vienen para encerrarse entre cuatro o cinco en una habitación, conectar cuatro ordenadores en línea y jugar durante todo el fin de semana. Y luego, cuando te quieres dar cuenta, estás fuera del grupo por no ser un hechicero a nivel 80, olvidado y apartado a un lado.
“The Social Network” es la historia de nuestra vida. Gente que lo primero que hace al llegar a casa es encender un ordenador y sentarse frente a él, pasando horas y horas haciendo cualquier cosa. Agregando amigos, usando la cultura como moneda de cambio, ayudando a un colega a acabar con aquel enemigo final tan complicado de matar. Vemos si esa chica que nos gusta escucha el mismo tipo de música que yo, cuántas personas ven las mismas películas, a quién más le gustan mis series favoritas, mientras, desde el sillón de nuestra casa y en pijama, ligamos a través del Chat porque hay cosas que en persona no nos atreveríamos a decir. Buscando la individualidad, el reconocimiento y la conexión con los demás mientras, la mayoría de las veces, descuidamos a los que tenemos a menos de un metro de nosotros, quizá porque no están en Facebook, o porque no tienen una cuenta oficial en un servidor de Blizzard. La película de Fincher usa al personaje de Erica para hacernos ver a nosotros mismos con ese final. Quizá Zuckerberg no es más que un empresario que no pudo evitar perder a sus más cercanos amigos por una empresa para, precisamente, fomentar la amistad, pero que al final busca lo mismo que todos. Porque él, al igual que yo y al igual que muchos, seguro que hemos tenido a alguna chica que pasó de nosotros y a la que le caímos fatal, y cuando apareció por Facebook la enviamos una petición de amistad, pensando que, bueno, que si ponía que IP Anónima y **** ***** eran ahora amigos significaría algo para nosotros. Así que esperamos. Y le damos al botón de “Actualizar”. Y actualizar, y actualizar, y actualizar…
Para leer la ficha de la película pulsa aquí.