Hace pocas semanas, y gracias a mi hermano Borja, pude disfrutar de una experiencia distinta, de una hipnótica danza de sabores, colores y formas, fluyendo de tal manera que el tiempo se detuvo a participar como un protagonista más.
Y el tiempo se ralentizó, en efecto, absorto como estaba, acunado por los muchos sentidos que tenemos desentrenados a la belleza. El arte, la indudable magia del chef David Muñoz, trasciende lo inmediato, te eleva en un vuelo acrobático por países, alimentos y combinaciones insospechadas. Todo planificado en una coreografía riquísima en matices, de tal manera que, por una vez, uno se siente víctima de un embrujo.
Y esta experiencia perdura. La vida se entreteje comiendo de un mismo plato.
Lo llaman familia.
Son sabores que no has probado jamás y que, sin embargo, no te son desconocidos.
Y como ejemplo de maestría, observen esta imagen:
Bonito ¿Cierto?
Lo que ven es royal de pato a las 5 especias chinas y gochuganj, con emulsión de mostaza verde, cebollino y vinagre de arroz, con pato asado al carbón y sus “lenguas bravas”. Una vez tienes todos los ingredientes en la boca y los saboreas, resulta que…
¡Sabe a una hamburguesa whopper del Burguer King! Ellos mismos lo avisan en la carta: “¿A qué sabe un “güoper” en DiverXo?”
No soy un conocedor del arte de la gastronomía ni un experto culinario. Sólo puedo atestiguar que cuando me levanté de la mesa me llevé una enorme sorpresa; habían transcurrido 4 horas.
Hay que intentar desentrañar lo bello y alegre que nos aporta el existir. Las fatalidades son inevitables. Por ello resulta saludable e inteligente ejercitar la pausa para mirarse al espejo con expresión socarrona; aquí seguimos. Mañana comeremos, posiblemente en casa, e intentaremos disfrutarlo; aprenderemos de una lectura o el periódico nos sorprenderá con un descubrimiento científico fascinante. Nuestros hijos nos apabullarán con una pregunta o un amigo dará señales de vida.
Llegará un día en el que exhalaremos un último aliento en la cama de un hospital. Y estaremos solos, porque nadie nos puede acompañar en este viaje a ninguna parte. Pero mañana….. mañana me miraré al espejo. “Aquí sigo”, me diré. Con más arrugas, cierto. Y con algo de sobrepeso. Pero rememorando con una sonrisa lo que me sucedió hace unas semanas en DiverXo.
Y en otros muchos momentos. Sólo hace falta que haya un amanecer más. Importante: que no estemos solos. Y que tengamos los ojos abiertos.
Un beso, mamá.
Y gracias, Borja.
Me encantó compartirlo con vosotros.
Antonio Carrillo