Revista Espiritualidad

Tlp

Por José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta

Trastorno Límite de Personalidad

TLP
Quizá descubramos un día que el TLP no es, en esencia, NADA especial.

Que sólo es una forma de ser. Una variante especialmente atormentada -y atormentadora- de los corazones rotos por la familia.

De los corazones desvinculados de sí mismos y de los demás, perdida ya toda confianza en el amor y en la vida.

De los corazones arrojados a las mazmorras del narcisismo, con todas sus defensas derivadas. Y su desesperación. Y sus consecuencias.

Quizá descubramos un día que el TLP es un alma asesinada por una familia impune y unos profesionales obsesionados por "curar" lo que nunca estuvo "enfermo"...

Sino solamente ROTO.
Y ¿cómo reparar algo cuyas grietas no queremos mirar, siempre distraídos con mil "tratamientos expertos"?

Y ¿es reparable un alma rota?

Y ¿puede revivir el corazón partido?

¿O sólo podemos acompañar en el dolor? ¿O suministrar ciertas prótesis y alivios....?
Quizá descubramos un día que ni el TLP,
ni ningún otro "trastorno de personalidad",
ni ninguna otra "patología" neurótica ni psicótica
fueron jamás trastornos o enfermedades.

Sino sólo largas columnas, caravanas, multitudes de damnificados errantes, exiliados, expulsados de la patria del Amor y de la Infancia por sus propias familias abominables.

Las cuales fueron a su vez aniquiladas por sus propias familias, y las familias de sus familias...

En la eterna Guerra Invisible de las generaciones.
Quizá descubramos un día, en fin, que ésta es simplemente la TRAGEDIA del ser humano.

Y que todo lo demás es sueño. (1)

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1. Como parte de las defensas psicológicas contra el dolor y la propia responsabilidad, el ser humano siempre ha atribuido sus sufrimientos emocionales a causas externas a sí mismo. Por ejemplo, demonios, castigo de Dios, genes, bioquímica... Si achaco mis males a algo ajeno a mí y a lo que más me importa (p. ej., mi familia), entonces no tengo que afrontar el dolor aún mayor -para mi corazón y mi narcisismo- de que el verdadero responsable soy yo mismo y, por extensión, las personas que me criaron y educaron. En otras palabras, la fe en las causas "exteriores" del dolor emocional nos protege de la verdad insoportable de que quienes debieron amarnos... en realidad nos traicionaron.

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