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Todo saldrá bien. Ser pretencioso y morir en el intento.

Publicado el 20 julio 2015 por Criticasen8mm @Criticasen8mm
Todo saldrá bien. Ser pretencioso y morir en el intento.Título original:
Every Thing Will Be Fine
Año:
2015
Fecha de estreno:
24 de julio de 2015
Duración:
118 min
País:
Alemania / Canadá
Director:
Wim Wenders
Reparto:
James Franco, Rachel McAdams, Charlotte Gainsbourg, Marie-Josée Croze
Distribuidora:
Avalon
Inmerso como está en el mundo del documental, rara vez vemos a Wim Wenders trabajando en una ficción. Tras su loadas La sal de la Tierra (nominada al Óscar a Mejor Documental este año) y Pina, el director germano aparca el género documental para imbuirse en un fallido drama intimista. Con Todo saldrá bien, Wenders aproxima su mirada a las heridas internas, a la exploración de la culpa y las consecuencias de un acto fatal, aunque involuntario, en la vida de un hombre que digiere los frutos del accidente plasmándolos en lo que mejor sabe hacer, la escritura, al mismo tiempo que se resquebrajan sus relaciones sentimentales.
La intención de Wenders es la de dotar de profundidad emocional, a toda costa, a su anodina película de manera que toda ella rezuma ese aroma de pretenciosidad dramática autoimpuesta desde el cuasi imperceptible accidente de coche y sus consecuencias a largo plazo (durante doce años). Porque la estructura de la película está segmentada en varios periodos temporales muy marcados en el discurso narrativo con el consecuente descenso del ritmo, con tendencia a caer en el tedio. 

Wim Wenders, además de la emocional, busca la profundidad de campo y, por ello, emplea el uso del 3D en Todo saldrá bien. El propósito, está claro. Por momentos, la tridimensionalidad magnifica el sentimiento de soledad, de tristeza infinita de nuestros personajes pero es algo transitorio. Abundan los planos cortos así como la remarcada banda sonora de Alexandre Desplat en cada sensación que se quiere transmitir.

Todo saldrá bien. Ser pretencioso y morir en el intento.
Centrándonos en los actores, James Franco se encuentra en un momento profesional de viraje hacia un cine serio, alejado de sus trabajos más pedantes y de sus colaboraciones más cachondas de puro colegueo. Cuando se lo propone, es un actor solvente en el drama, fuera de sus histrionismos. Lástima que el guión no le haya acompañado en esta ocasión. Su partenaire en esta película es la enigmática Charlotte Gainsbourg, quien con su sempiterna expresión facial de tristeza absoluta, se ve engullida en su propio personaje. 

Todo saldrá bien supone un pequeño bache en la carrera de todos los participantes en ella. La forma en que Wenders plasma tanto la culpa como la búsqueda de expiación y curación es de una inusitada insustancialidad. La pesadumbre se apodera de la proyección tan pronto como la intencionada fotografía en tonos azulados hace su aparición para transmitir toda la aflicción con la que cargan los personajes, hasta transmutarse en una sensación de desgana en la cual caemos como si se tratase de un pozo sin fondo.

4/10

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