Revista Opinión

Todo vigilado por máquinas de amorosa misericordia III

Publicado el 31 agosto 2012 por Ciberpensadores @ciberpensadores
"El mono en la máquina y la máquina en el mono" es la última parte de la serie de la BBC de Adam Curtis "Todo vigilado por máquinas de amorosa misericordia". Esta vez descubriremos como hemos caído en la trampa de creer que los seres humanos somos meras máquinas para justificar las atrocidades que cometemos y el papel crucial que la biología ha jugado en esto.A principios de los años 60, el biólogo William Hamilton, principal impulsor de la teoría del determinismo genético, vivía en Londres estudiando la teoría de Darwin. Su percepción del mundo estaba enteramente condicionada por una perspectiva evolutiva. Para él todo podía explicarse por la lucha desesperada de los seres vivos por sobrevivir y transmitir sus genes a la siguiente generación. El gran inconveniente que debía afrontar para darle un sentido completo a su visión del mundo era el concepto de altruismo, el porqué algunos individuos se sacrifican por los demás. Llegó a la conclusión de que en realidad los seres vivos solo somos portadores de genes y que éstos son los que realmente nos utilizan para poder mantenerse ellos en el tiempo. Así pues, el individuo por sí solo no importa y el altruismo se convierte en una estrategia para ayudar a que los genes de una especie prevalezcan. Para él la supervivencia de los genes era la fuerza que regía toda la actividad humana. Los genes eran como pequeñas máquinas capaces de calcular matemáticamente la mejor opción para  preservar su existencia.
George Price, un químico del Proyecto Manhattan que durante los años 50 ayudó a diseñar en IBM los gráficos de las primeras computadoras centrales, descubrió por casualidad en 1967 un artículo poco conocido de William Hamilton donde explica mediante ecuaciones como el altruismo es nada más que una estrategia de supervivencia utilizada por los genes. Price era un racionalista que en su tiempo libre se dedicaba a desmontar mitos y supersticiones y que si había algo que realmente amaba eran las matemáticas y las computadoras. Los ordenadores para él eran herramientas que servirían al hombre para analizar en profundidad el mundo de forma racional y permitirían salvar la humanidad. Por eso cuando leyó la nueva explicación racional del comportamiento humano formulada por Hamilton quedó fuertemente influenciado. Desarrolló las matemáticas de Hamilton y ofreció una explicación genética para los asesinatos, la guerra y el genocidio. Llegó a la idea de que los humanos estamos programados para odiar a aquellos genéticamente más diferentes a nosotros y al contrario defender a aquellos con un ADN más parecido. Empezó a ver a los humanos como seres cuyo comportamiento está controlado racionalmente por una especie de computadora, los genes. Se puso en contacto con Hamilton y entre ambos desarrollaron la denominada "Teoría del Gen Egoísta". 20 años atrás, el matemático "John von Neumann había soñado con un futuro en que las máquinas serían capaces de replicarse a sí mismas. Había publicado una descripción de lo que sería necesario para inventar lo que denominó autómata auto-reproductor. El extraordinario avance llevado a cabo por Price y Hamilton había consistido en descubrir que el autómata auto-reproductor no tenía que ser inventado. Estaba ya aquí. Eramos nosotros." La idea de la moral religiosa del Bien y el Mal se volvía irrelevante y la idea ilustrada del hombre por encima de la naturaleza quedaba destruida. No eramos muy diferentes al resto de animales.
Mientras tanto en el oeste del la República Democrática del Congo (RDC) la zoóloga Diana Fossey intentaba demostrar que los humanos somos mucho más parecidos a los animales de lo que pensamos. Mediante la observación de los gorilas y el estudio de su comportamiento intentaba descubrir nuevas pruebas que demostraran la teoría evolutiva de Darwin y mostrar al mundo que chimpancés y gorilas son animales complejos como nosotros.
Por aquél entonces las fuerzas del dictador Mobutu Sese Seko (impuesto por EE.UU y los belgas) hacían frente a mercenarios europeos financiados por las corporaciones occidentales que intentaban hacerse con las minas. Diana Fossey fue capturada por soldados congoleños pero logró escapar y continuar con su investigación en Ruanda. Se obsesionó con proteger a los gorilas del ser humano y se dedicó a eliminar las trampas que los nativos colocaban para cazar antílopes. Empezó a aterrorizar a la población local con secuestros y violencia. Se ponía una máscara y maldecía a los nativos con lo que para ellos era magia negra. Como el resto de occidentales en África, Fossey maltrataba y menospreciaba a los africanos para defender sus ideales. Los nativos empezaron a odiarla y como venganza mataron a su gorila favorito, Digit.
En 1973 George Price se encontraba trabajando en un laboratorio de genética de la Universidad de Londres, se había convertido al cristianismo y había empezado a ayudar de forma exagerada a los pobres de Londres. Dejaba su casa a los más necesitados, los cuales le robaban continuamente. Llegó al punto de quedarse prácticamente sin nada. Hamilton, preocupado por su compañero, le aconsejaba que dejara de ayudar a los pobres y se dedicara a sus estudios sobre genética. Seguramente Price se sentía tan afligido por el significado de sus teorías que intentaba a toda costa evidenciar que eran falsas. Intentaba tomar el control de su propio destino genético, dejar de servir a sus genes y demostrar que realmente tenía capacidad de decisión. Finalmente en un drástico acto de puro libre albedrío se suicidó cortándose la arteria carótida con unas tijeras. Sus teorías serían retomadas por Richard Dawkins, quién logró transmitirlas al público.
En los años 30 un belga llamado Armand Denis rodó varios documentales sobre África para mostrarlos en Occidente. En Ruanda calificó a los tutsis como gente inteligente y noble procedente de Egipto y a los hutus como una raza de campesinos ignorantes. Con esta burda mentira creó de golpe una confrontación entre dos grupos que desde siempre habían coexistido sin problemas. Los belgas, dueños de Ruanda, utilizaron a los "científicos" para probar biológicamente que se trataba de dos razas diferentes, una superior a la otra. Cuando a finales de los 50 el país estaba cerca de la independencia, se desencadenó una masacre. Los belgas habían estado alentando a los hutus a rebelarse contra los tutsis y luchar por su libertad y el autogobierno. Los hutus veían a los tutsis como colonizadores extranjeros de los que se debían vengar.
En 1994 el gobierno hutu intentó exterminar a los tutsis. Tras estos actos se encontraban los EE.UU y Alemania, que aplicaban de nuevo la política del "divide y vencerás". Los tutsis se vengaron y se puso en marcha una nueva masacre. Se produjeron enormes migraciones de hutus hacia la RDC, inlcuidas sanguinarias milicias que sirvieron para derrocar a Mobutu y que actualmente mantienen el control sobre las minas de coltán.
En medio de todo este caos en el año 2000 Bill Hamilton viajó a la RDC para investigar el origen del VIH/SIDA tras oír a un periodista que sugería que el virus había sido creado allí 50 años atrás por científicos de EE.UU. Según el periodista el VIH de los monos había sido introducido a los humanos accidentalmente a través de la vacuna de la polio. En esos momentos Hamilton ya se había convertido en un famoso científico reconocido mundialmente. Había llevado su perspectiva evolucionista del mundo hasta tal extremo que estimó que la ciencia y la política no debían ser utilizadas para prolongar la vida de las personas (para curarlas) porque de esa manera se aumentaba la carga genética poblacional y disminuían las posibilidades de supervivencia del ser humano ya que la selección natural dejaba de actuar. En otras palabras, se debía dejar morir a las personas genéticamente inferiores (menos adaptadas) y evitar que se reprodujeran para que la especie humana no degenerase. Para reforzar sus tesis ahora quería demostrar la teoría de este periodista y evidenciar que la ciencia occidental, en su intento de salvar la vida de las personas, era la causante de la muerte de 20 millones de ellas. Mientras investigaba contrajo la malaria y murió de una úlcera gástrica provocada por un exceso de aspirinas. La teoría del periodista era infundada y resultó ser totalmente falsa.
Hoy en día las teorías de Hamilton continúan fuertemente arraigadas en la sociedad occidental. Y la pregunta es: ¿Es la teoría del determinismo genético la manera con la que los occidentales justificamos nuestras atrocidades y genocidios atribuyéndolos a la fatalidad y a la inherente naturaleza del ser humano? ¿Es la función del determinismo genético la misma para la que los imperios europeos crearon el racismo? He aquí la respuesta a "¿Somos una simple herramienta del ADN?"

Calbert
Ir a la Primera ParteIr al siguiente documental de Adam Curtis: "El poder de las pesadillas"
Vea también: "La República Democrática del Congo", "Sangre en nuestros móviles", "La historia del racismo", "Paul Kagamé: Our Kind of Guy", "Teoría de la evolución"

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