Cada noche, mis pequeños se duermen junto a mí. Casato en su cama junto a la nuestra, la pequeña entre ambos, siempre junto a su hermano....y con su teta. A mi otro lado Papaito Wawi.
Ambos me piden una mano para dormir así que una para cada uno. A veces es un poco cansado pero es una satisfacción, porque ves cómo todos sus miedos y nervios desaparecen.Y qué queréis que os diga...en momentos tan maravillosos como este recuerdo la paz que sentía cuando dormía bien pegadita a mi madre, espalda contra espalda...o cuánto me tranquilizada la mano de mi padre en las noches que estaba nerviosa y no podía dormir.
Porque sí, dormí con ellos durante años y se lo agradeceré siempre porque me dieron la seguridad que necesité aquellos años, me dieron lo mejor a la hora de dormir: su presencia y su calor.
Y yo ahora no pienso privar a mis hijos ni una sola noche mientras ellos quieran y lo necesiten de sentirme cerca para dormir, de su teta, de la mano que protege, de los besitos en la frente, de tenerme a su lado...es un gozo verlos dormir tranquilos y felices por saber que papá y mamá están ahí para ellos.
Todos o casi todos dormimos acompañados y nos encanta. Ellos, además, lo necesitan.