Me decía que en su pueblo había uno que la gente llamaba tonto y que en un viaje en tren tenía un billete de tercera (por aquel entonces había mucha distinción en los viajes en tren, había mucho clasicismo en todo) y el hombre se metió en el vagón donde debían de ir los viajeros con billetes de primera, cuando llegó el revisor:
Revisor: “caballero su billete es de tercera clase.”
Viajero: “si si, de tercera”
Revisor: “pero es que está en primera, señor!”
Viajero: “si si, en primera”
Revisor: “pero que lleva billete de tercera!!”
Viajero: “si si, de tercera”
Revisor: “Oiga!! ¿Pero usted es tonto o qué?
Viajero: “si si, tonto”
Esta conversación continua, pero el resumen es que al final el revisor le dejó donde estaba y el viajero fue en primera, mi padre a día de hoy sigue diciendo que aquel hombre… no era tan tonto!
La moraleja de toda esta historia, es que cuidado con los tontos que es mejor no ser tonto y parecerlo que creer se inteligente y ser tonto rematado!